Jorge B.M.
La reactivación de la guerra en Ucrania parece inminente.
La Federación Rusa ha trasladado a fecha de este artículo a cientos de miles de soldados, incluyendo fuerzas que indican los preparativos de una gran ofensiva, como la Rosgvardiya (equivalente a nuestra Guardia Civil), imprescindible para el control del territorio, así como unidades significativas de ingenieros y de tipo logístico. En el lado ucraniano, la cancillería rusa denunciaba la presencia en el Dombás de aproximadamente la mitad del ejercito ucraniano. Todo parece indicar que el ejercito ruso puede lanzar una ofensiva de manera inminente este invierno, en cuanto la temporada de barro deje paso a una situación de firmeza del terreno.
Si no se revierte esta situación y la OTAN cesa en sus anhelos expansionistas, se producirá una ofensiva de invierno a gran escala que implicará el colapso del estado ucraniano en cuestión de semanas. El ejército ruso tiene capacidad para avanzar sobre Ucrania en múltiples frentes con una superioridad numérica, tecnológica y de recursos abrumadora. Rusia no va a esperar a un futurible, ya sea en 2022 o 2024 en el que Ucrania se una a la OTAN y desaparezca el colchón protector, convirtiéndose en un riesgo directo para su seguridad. Y si desde los gobiernos occidentales se continúa haciendo oídos sordos que a nadie le quepa duda de que los rusos irán a la guerra. Rusia no va a ceder Ucrania sin pelear. Nadie puede pensar que esto sería similar a 2014, cuando se produjo la ocupación de Crimea y del Dombás aupada por una población afín, como si de un paseo militar se tratara, sino que veríamos un conflicto de gran intensidad, precedido por ingentes salvas de misiles, aviación, artillería, y drones; que acabarían con todo el entramado defensivo de Ucrania, seguido por cientos de miles de soldados y fuerzas de ocupación.
El margen para las negociaciones permanece. Sin embargo, Occidente, dirigido por los EE. UU. no parece dar marcha atrás en su ansia de avanzar hacia el este y unir Ucrania a la OTAN(1) Rusia, por su parte, no puede permitirse retroceder más, siendo fundamental para su seguridad la neutralidad de Ucrania (Desde el Dombás la distancia al Caspio es apenas de 500 km). Estas exigencias rusas se llevan desoyendo décadas y la ventana de oportunidad para el gigante ruso se está cerrando.

Si no se revierte esta situación y la OTAN cesa en sus anhelos expansionistas, se producirá una ofensiva de invierno a gran escala que implicará el colapso del estado ucraniano en cuestión de semanas. El ejército ruso tiene capacidad para avanzar sobre Ucrania en múltiples frentes con una superioridad numérica, tecnológica y de recursos abrumadora.
Rusia no va a esperar a un futurible, ya sea en 2022 o 2024 en el que Ucrania se una a la OTAN y desaparezca el colchón protector, convirtiéndose en un riesgo directo para su seguridad. Y si desde los gobiernos occidentales se continúa haciendo oídos sordos que a nadie le quepa duda de que los rusos irán a la guerra. Rusia no va a ceder Ucrania sin pelear.
Nadie puede pensar que esto sería similar a 2014, cuando se produjo la ocupación de Crimea y del Dombás aupada por una población afín, como si de un paseo militar se tratara, sino que veríamos un conflicto de gran intensidad, precedido por ingentes salvas de misiles, aviación, artillería, y drones; que acabarían con todo el entramado defensivo de Ucrania, seguido por cientos de miles de soldados y fuerzas de ocupación.

La consecuencia de la ofensiva consistiría en el desmembramiento de este país con múltiples escenarios hipotéticos, pero sin lugar a dudas la reacción de la llamada “comunidad internacional” será la de imponer importantes sanciones contra la economía Rusa, que tendrán como respuesta sanciones inmediatas hacia nosotros, fundamentalmente hacia el ya vulnerable panorama energético europeo, aunque no solo (Rusia puede rescindir los contratos de la Estación Espacial y desconectar los principales módulos de esta, que son suyos, dejando a sus socios occidentales sin participación en el proyecto, entre otras cosas).
Sin embargo, lo que más nos debe de preocupar es la cuestión energética, que nos afecta directamente. Y es que el fantasma del “Gran Apagón” aparecería entonces como una posibilidad más que real, curiosamente España sería de los países menos afectados, ya que el porcentaje de gas ruso que consume es pequeño, aunque es de esperar que el suministro argelino, que ya está prácticamente al límite de su capacidad (recordemos el reciente cierre del gaseoducto Magreb-Europa), se vea totalmente sobrepasado por la demanda, ocasionando fuertes subidas de los precios y posibles parones industriales.
El panorama para el resto de Europa, sin embargo, sería desolador y frío. Nos encontraríamos en un escenario en el que la demanda de gas no se ve cubierta a niveles básicos, afectando de lleno en la producción eléctrica, en la industria y en los sistemas de calefacción de la población en general. La crisis sería generalizada y podría ocasionar problemas de suministro, estallidos sociales etc.

Estaríamos en una situación en la cual Europa y Ucrania son utilizadas como peones por el choque de dos titanes, y en el caso de la UE podría ocasionar dos escenarios:
• En primer lugar, podría darse una cesión frente a Rusia, en la cual, la UE, viendo el impacto a corto y medio plazo de las sanciones, decida desmarcarse de la línea de acción de los Estados Unidos. Países como Francia son susceptibles a empujar esta línea. Recordemos que nos encontramos ante una crisis diplomática sin precedentes y la pérdida de legitimidad norteamericana tras la era Trump, la retirada de Afganistán, y la puñalada industrial al país galo tras el pacto AUKUS. Además, si bien de cara a la galería los franceses lanzan serias amenazas contra Moscú, no hay que olvidar que continúan siendo importantes socios comerciales en muchos aspectos.
• En segundo lugar, nos planteamos un escenario en el que la presión de los EE. UU. y de la OTAN nos convierta realmente en el peón del que hablábamos anteriormente. Estados Unidos aparecería nuevamente como salvador, y el gas licuado americano se dirigiría a tratar de paliar el drama energético europeo. El daño, sin embargo, estaría
hecho, la UE sufriría una crisis a corto plazo sin precedentes en su historia (el gas transportado en grandes metaneros requiere de muchas infraestructuras que no están dimensionadas para el flujo del que estamos hablando, además la flota de metaneros no puede sustituir a una red de gaseoductos por cuestiones obvias, pero sobre todo por una cuestión económica). Y es que el impacto a medio largo plazo, aunque se pudiera prescindir del gas ruso implica la perdida de competitividad de Alemania (y por tanto de la UE). ¿Veríamos entonces un aumento de los flujos migratorios, con el fin de aumentar la productividad a costa de la ya golpeada clase trabajadora europea? ¿Veríamos la aceleración de todo el proceso ya iniciado de desmontaje de los estados sociales?
Una posible consecuencia consistiría en la ruptura de la UE, lastrada por sus contradicciones geopolíticas internas, que se podría dar como consecuencia de ambos casos. Y es que, a la hora de la verdad, pocos intereses comparte el sur de Europa con el norte. Es una hipótesis que en caso de España y bajo la perspectiva soberanista, nos podría brindar una oportunidad.
En cualquier caso, esta situación nos debe hacer recapacitar sobre los inconvenientes de formar parte de un bloque al servicio de los EE. UU., que irremediablemente nos arrastra a escenarios totalmente contrarios a nuestros intereses nacionales. Carecer de soberanía y de un mínimo papel geopolítico impacta sobre el bienestar de los españoles, a nivel económico (véase el caso de la pérdida del mercado ruso para nuestra fruta) o energético, pero también político.
Las próximas semanas y meses nos deberán aclarar muchas de estas cuestiones, a medida que el inverno en el este va haciendo endurecer los campos de Ucrania para los T-72 y el frio ponga cada vez más nerviosas a las cancillerías europeas.
Que nadie pierda de vista que caminamos hacia un mundo, si se quiere, cada vez más multipolar. Debemos darnos cuenta de que estamos siendo utilizados por los EE. UU. como una ficha para garantizar su supremacía. Vamos a ser los europeos los perjudicados por esta situación, no los norteamericanos, que fomentan la confrontación para debilitar tanto a Rusia como a Europa, y poder virar tranquilamente hacia el verdadero conflicto de nuestro tiempo: Su pulso con China.

1 https://www.wsj.com/articles/blinken-warns-russias-lavrov-over-ukraine-buildup-11638451711}