Jose Julio Cuevas Muela
Como introducción a este artículo con toques fatídicos he de decir que lo aquí desarrollado no desvela la totalidad del libro, sino que arroja antorchas de luz a los rincones más oscuros y curiosos para que, en el momento de leerla, siga el lector descubriendo incógnitas y descifrando mensajes que se gestan en un trasfondo que hay que mirar con la lupa y la perspicacia del detective para comprender esta obra magna.
La recomendación que hago a quienes no la hayan leído es que se abstengan de ver tanto la miniserie hecha en 1990 como la película estrenada en 2017 —elaborada en dos partes— ya que ambas versionan de forma tan reducida el libro que le quitan a uno las ganas de leerlo. Contienen muchos agujeros y unos cuantos de ellos solo se pueden comprender a través del mismo, además le extraen toda la singularidad a la historia hasta vaciarla de ese motor que sí tiene la obra novelesca, generador de preguntas a una velocidad sónica: lugares y hechos que no están en el libro, objetos clave que aparecen en la mano de los protagonistas, estados de ánimo colectivo al ver a un personaje, enfrentamientos entre personajes principales y secundarios…todo sin explicar el cuándo, el cómo y el porqué, dando por hecho que el libro se ha leído previamente.
He de decir que la miniserie y la película, si se fusionaran, estarían más cerca de ser fieles a la novela, pues tanto una como la otra albergan escenas que sí ocurren en el libro y son independientes la una de la otra en cuanto a relatar las líneas escritas por su autor. Son dos obras audiovisuales diferentes que se podrían catalogar como sucedáneas del libro sin ser por ello repetitivas. Es decir, la miniserie de los 90 tiene escenas leales la obra original de Stephen King que no tiene la película de 2017 y viceversa.
Ello no quita que la miniserie y la película sean buenas, cada una a su modo. Gajes de la producción cinematográfica que nunca sale a gusto de todos, sobre todo de aquellos, como el que les escribe, que se aferran al formato papel para este caso en particular.
Stephen King, un demiurgo.
Muchos conoceréis el amplio universo literario de géneros diferentes creado por el escritor estadounidense originario de Maine, Stephen King, nacido el 21 de septiembre de 1947, cuya obra brilla por estar basada en vivencias personales que le impactaron emocionalmente de tal forma que las expresó a modo de novelas —El Resplandor fue escrita tras haber tenido problemas con el alcohol y la cocaína— de terror, ciencia ficción, misterio y fantasía que le lanzaron a la fama del Olimpo con más de 350 millones de copias vendidas en todo el mundo. Curiosamente casi todos sus libros han sido adaptados a la esfera cinematográfica con un recibimiento magnífico y un resultado impresionante dando lugar a películas que se han convertido en colosos aún vivos del séptimo arte y que cada cierto tiempo van lanzándose nuevas versiones, como Carrie, Maleficio, Cementerio de animales, Misery, 1408, Cujo, Los chicos del maíz, El cazador de sueños, Cadena Perpetua, La Niebla o La Milla Verde.
Su modo de escribir no es genérico, sino fruto de una obra arquitectónica fríamente pensada que hace de sus relatos un pozo sin fondo donde el lector puede zambullirse de lleno sintiendo que es un espectador de la historia que ha conseguido ser parte de ella con un portal. Cada aspecto, ciudad, ambiente y entorno que Stephen plasma en sus novelas tiene un origen y detalles que explica minuciosamente para que el teletransporte a su maquiavélica mente sea un viaje por el pasaje del terror del que nunca se podrá despertar, sino vivir con soñolienta inquietud en un estado de pesadilla perpetuo donde tienes el cometido de encararte a tus peores miedos.
Tiene un método para introducir a los diferentes personajes propio de una técnica quirúrgica: describiendo su psicología, emociones, experiencias, desarrollo personal, explicación de su entorno familiar y social, aportando unos datos clave para que el lector pueda percatarse de la evolución personal del mismo y la posible adivinación de su próxima acción o decisión siguiendo los detalles antes descritos como guía neurálgica.
Las entrañas de IT (Eso).
La novela que nos incumbe aquí, publicada en 1986 que se compone de más de mil quinientas páginas, fue resultado de varias inspiraciones con un origen que se encuentra en trágicos hechos acontecidos como el asesinato de Charlie Howard, un chico de 23 años brutalmente apaleado y arrojado al río Kenduskeag (Bangor, EEUU) a manos de tres menores de edad en 1984 por ser homosexual y no esconder su condición paseándose con su pareja por el pueblo. Hechos que relata King casi a la perfección con el personaje Adrian Mellon, que ocupa una parte inicial de la novela y utiliza a modo de presentación del ambiente rural de Derry (la ciudad ficticia donde tiene lugar esta historia) y a la vez de homenaje a la víctima sin que falte ese aditivo sobrenatural que caracteriza al autor.
Pero hay una que es la que reluce sobre todas ellas: Pennywise. Pennywise, el famoso payaso (que es la forma en la que Eso se manifiesta más a menudo para atraer a los niños) que revolucionó la esfera del terror en la TV con la miniserie de 1990 basada en la novela —dirigida por Tommy Lee Wallace— interpretado por un genial Tim Curry, que además contagió a los niños esa desconfianza y miedo irracional por los payasos en dicha década, está inspirado criminalmente en el asesino en serie estadounidense John Wayne Gacy, nacido en Chicago en 1942, culpable de violar, asesinar y enterrar en su sótano a 33 niños y adolescentes, entre 1972 y 1978, a los que atraía ejerciendo de “Pogo el payaso” en fiestas y barbacoas que organizaba en el vecindario, como forma de entretener a la sociedad que le rodeaba y ocultar su oscura y verdadera personalidad. Finalmente fue condenado y ejecutado en mayo de 1994, convirtiéndose su caso en uno de los más macabros capítulos acontecidos en Norteamérica.
Físicamente, Pennywise está basado, según la propia novela, en dos personajes: el payaso-símbolo de la cadena de restaurantes de comida rápida, Ronald Mcdonald y el personaje creado por el estadounidense Allan. W. Livingston en 1946, el popular payaso Bozo.
Sin embargo, hay otro detalle que culminó en la creación del terrorífico Pennywise como monstruo para los niños, y es el cuento popular noruego “Las tres cabras macho Gruff” que trata sobre tres cabras macho hermanos que, al quedar su zona sin pasto, deciden pasar por un puente de piedra para atravesar el río y así llegar a una granja en las colinas. Un puente que se haya custodiado por un troll bajo sus cimientos que se alimenta de todo lo que pasa sobre él, no dudará en asaltar al hermano pequeño —pues iba a la cabeza— y acaba por convencer al troll que comerle no le iba a resultar satisfactorio, pues sus hermanos están de camino y contienen más carne en su cuerpo para eliminar su apetito. El hermano mediano, al ver que su hermano pequeño ha cruzado el puente con toda seguridad, se dispone a realizar la misma operación. En ese momento el troll le para y la cabra mediana lo elude con la misma fórmula que la pequeña. Finalmente, cuando la cabra mayor comienza a cruzar el puente para alcanzar la granja, el troll salta para capturarla pero es bruscamente corneado y lanzado al río. Desde ese preciso instante el puente es un medio seguro para llegar a la tierra prometida y las cabras pueden moverse para pastar sin miedo alguno.
Stephen se preguntó, ¿qué pasaría si el puente fuera simbolizado por una ciudad y bajo esa ciudad, llena de alcantarillas, túneles, tuberías y canales, hubiera un troll que pudiera tomar física y emocionalmente diferentes formas, ateniéndose al miedo personal creado por la amígdala del niño que no dejase de serlo nunca hasta que no superara dicho temor? De ahí nació la base de la novela IT (Eso) que estaba por desarrollar y que saltaría a la fama en pocos años hasta llegar a la televisión, la gran pantalla y al Mito dentro del mundo del Terror.
Hay mucho por desglosar dentro de la novela, ya que su contenido va más allá de ser un simple relato de terror, suspense y misterio. Es una lección casi perfecta de cómo un niño tiene la capacidad de crear un Mundo que solo él puede ver, sentir y describir dentro de un Mundo Adulto donde la imaginación es objeto de burla y hasta desprecio por encontrarla un ámbito vacuo del que jamás se podría sacar nada sustancial de lo que poder beneficiarse. La necesidad del niño de compartir sus experiencias con sus amigos con el ansia de comprobar que lo que él ve o escucha lo perciben también los chiquillos de su edad y que esa arrogancia que destilan los adultos se debe a motivos relacionados con la madurez.
¿Qué es ESO?
Principalmente, es lo que un niño percibe, por ejemplo, al entrar en un sótano oscuro, silencioso, aislado y tiene la certeza que está vacío de toda vida en sí. Aunque hay un Algo que transmite alguna anomalía cuyo origen se sospecha que reside en lo sobrenatural que está relacionado con un ser abominable, pero dependiendo de quién
sienta Eso —que es la fase siguiente a Algo— lo abominable tomará una forma u otra, remitiéndose al temor del emisor como si de un torno de alfarero se tratara. Eso es lo que los adultos no pueden ver, aunque se esté manifestando de algún modo delante de ellos. En cambio los niños sí lo visualizan y sienten al tener ese sexto sentido
alimentado por la imaginación ilimitada que hace de ellos visionarios de monstruos o acontecimientos que los adultos son incapaces de ver.
Sobre este principio se basa el libro en torno a un grupo de amigos de la ciudad de Derry El Club de los Perdedores compuesto por Bill Dembrough, Ben Hascom, Beverly Marsh, Mike Hanlon, Eddie Kaspbrak, Richie Tozier y Stan Uris que tienen encuentros, individualmente, con monstruos y anomalías diferentes en función del miedo personal de cada personaje: una momia, un leproso, un hombre lobo, un padre furioso, sangre, voces en tuberías.. siendo todos ellos uno solo: Eso.
Su existencia se debe al miedo del que se alimenta y que posteriormente consuma en asesinatos teniendo siempre como objetivo a niños, más propensos al miedo que los adultos. También se sirve de personas cercanas a los niños (padres, padrastros, hijos..) ejerciendo de manipulador mental para que esa persona acabe asesinando sin tener Eso que hacer uso de su forma. Su aparición a lo largo de la Historia dentro de la novela es cíclica, siguiendo unos puntos en común con el mismo objetivo: provocar una catástrofe que quede en el imaginario colectivo durante años manteniendo una plataforma psicológica de miedo popular que lo alimente hasta su próximo despertar de una larga hibernación donde deberá calmar su apetito con otro suceso de las mismas características.
El llamado Club de los Perdedores, por un asunto personal de uno de sus miembros con Eso, las diferentes calamidades que están sufriendo y los asesinatos misteriosos de niños que están aconteciendo en la ciudad, deciden enfrentarse a Eso con diferentes ataques y defensas —llegamos a otro punto donde el trasfondo de la novela nos transmite otra lección para que adultos aprendan de niños—. Las armas que este grupo de amigos tiene son la hermandad, la confianza, la empatía, la imaginación, el sacrificio, la valentía y la unidad para hacer justicia y hacer frente al miedo colectivo sin importar las pequeñas diferencias que haya entre ellos. Son ingredientes que diluyen el poder de Pennywise que se autodenomina “El comedor de Mundos”, que no se refiere a mundos físicos, sino los relacionados con la imaginación, fantasía y fe que caracterizan a la infancia. Podríamos enlazar a Eso con el fin de la infancia y el comienzo de la madurez y la adultez que desde niños miramos con desconfianza y miedo, teniendo como deseo personal parar el cronómetro de nuestro crecimiento en todos sus ámbitos. Eso en la novela hace que el niño nunca sea adulto, aunque crezca físicamente e intente actuar como tal, pues carcome su núcleo de madurez biológica actuando como un síndrome de Peter Pan del que no es consciente, puesto que intenta llevar una vida adulta pero se da cuenta que no puede hacer esas cosas de adultos como es tener la posibilidad de concebir un hijo o ser capaz de dejar la infancia atrás.
Nuestros valientes protagonistas tras enfrentarse a Eso siendo niños y haberle espantado por las tuberías de Derry, hacen un pacto eterno casi de sangre: si Eso vuelve a la ciudad, sea el año que sea, ellos comenzarán de nuevo su cruzada contra esta criatura, ¿volverá Eso después de 30 años cuando los niños sean adultos y sus superpoderes hayan sido minimizados o desactivados? ¿Eso tiene una forma física definitiva? ¿De dónde procede semejante bestia? A partir de aquí empieza la siguiente fase de la obra maestra de Stephen King, pero Eso lo dejo como preguntas a descubrir y resolver a manos del lector que aún no ha leído esta maravillosa historia donde puede que encuentre al niño de su infancia y sepa comprenderle desde una óptica adulta y madura que despierte entusiasmo por contener para sí lo mágico de ser niño y tener la intención de compatibilizarlo con lo racional de ser adulto en un mundo que infravalora aquello que no puede sentir ni visualizar. El mundo del ahora que quiere sobreponerse a otros mundos que es incapaz de ver y mucho menos de comprender lo que hay más allá de sus fronteras. A ese mundo solo le hace falta flotar y flotar aquí debajo como un globo rojo con la boca atrapada en un cordel que va consumiendo el agua de alcantarilla. Al fin y al cabo todos flotamos en lo profundo de nuestro ser, ¿no es cierto, querido lector?