Jorge B.M.
Joaquín Costa, en su obra “Oligarquía y caciquismo como forma actual de gobierno de España:
urgencia y modo de cambiarla” alumbró la expresión del título con las siguientes palabras: “(…)Esa política quirúrgica, repito, tiene que ser cargo personal de un cirujano de hierro, que conozca bien la anatomía del pueblo español y sienta por el una compasión infinita (…)”.
Eran los años del regeneracionismo, corriente surgida a raíz del desastre del 98, fecha en la que nuestro país había perdido las últimas posesiones en Cuba y Filipinas. Ramón María del Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Baroja o Joaquín Costa formaron parte de una generación brillante de intelectuales que realizaron un profundo análisis de la decadencia española, los motivos que habían llevado a la nación a su desaparición como potencia.
La famosa expresión hace referencia a la necesidad que muchos veían en la aparición de un personaje histórico que mediante poderes especiales enmendara la corrupción, decadencia y degeneración que el régimen de la Restauración había sumido a todas las esferas del país. Como todo el mundo sabe, esta corriente de pensamiento favoreció el surgimiento del Directorio Militar, esa “dictablanda” encabezada por Miguel Primo de Rivera; que con sus
aciertos y sus errores trató de enmendar la situación, contando para ello con amplios consensos sociales (recordemos que aquella dictadura fue apoyada por amplios sectores, incluido el Partido Socialista Obrero Español).
El Directorio Militar consiguió solucionar dos grandes problemas: dar fin a la guerra de Marruecos y acabar con la violencia anarquista en Cataluña. Además, la “dictablanda”, aprovechando el contexto internacional de la Primera Guerra Mundial, llevó a cabo una industrialización importante de España que propició un crecimiento económico considerable.
Partiendo de admitir las innumerables diferencias de nuestro actual momento histórico con los convulsos años 20 del siglo pasado, se puede afirmar que la corriente regeneracionista que teorizó la necesidad de un “cirujano de hierro” estaría hoy plenamente justificada por la situación del país.
¡Ya no tenemos a Emilia Pardo Bazán, Maeztu, o Giner de los Ríos! ¡Y sin embargo tenemos el país en peligro de muerte, con una juventud sin futuro, en desintegración territorial a la yugoslava, con la división social identitaria más acuciante y con una sociedad sin élites intelectuales, dormida y pasiva ante el abismo!
¿Quién habla hoy de regeneracionismo? Aquella idea que influenciara transversalmente de liberales a falangistas o socialistas. Hoy se habla de abolir la carne en nombre de los “derechos humanos de los animales”.
Necesitamos un cirujano de hierro. No entendido como una dictadura, sino como una corriente de pensamiento que se haga hegemónica, que proponga la necesidad de un golpe en la mesa, la finalización del circo político que nos gobierna, que proponga la recuperación de la soberanía española, la paz social y la solución de los problemas del país: desde la demografía a la cuestión nacional.
Nuestro país ha llegado a una situación tal en la que el cambio no es posible de una forma suave, este cambio debe afectar a todos los niveles de la sociedad, de la economía y del estado. Esta es la razón última que nos debe concienciar en que el actual régimen político bipartidista o tretrapartidista, al menos como funciona actualmente, no tiene la capacidad para llevar a cabo la tarea de posibilitar la continuidad histórica de nuestro país.
El problema español es el del “conflicto de identidades”, y para lograr un consenso transversal en cuanto a las identidades, o directamente para combatir aquellas identidades perniciosas, es necesario confiar una vez más al sujeto político revolucionario: la clase obrera española.
Necesitamos un cirujano de hierro que apoyado en esa clase obrera aleje España del abismo y la devuelva a la historia. Enorme tarea tiene este señor, y más vale que llegue rápido.