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AKENATÓN, PEDRO SÁNCHEZ Y LA HISTORIA EN BUCLE

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Luis Carlos Nogués

Quien tolera el desorden para evitar la guerra, primero tiene desorden y después guerra. –Nicolás Maquiavelo–.

A mediados de los años 40 del siglo XX escribió el finlandés Mika Waltari una obra maestra llamada Sinuhé el egipcio en la que se narraban las peripecias de un egipcio del Imperio Nuevo (s. XIV a.C.) bajo el reinado del que se dice que fue el primer rey monoteísta, Akenatón.  A diferencia de sus antecesores, Akenatón abandonó el culto al viejo dios principal Amón y se entregó por completo a la fe del disco solar o Atón, atribuyéndosele unos valores y principios muy diferentes del anterior dios-líder del panteón egipcio durante siglos.

Estos valores, siguiendo a Waltari, vendrían a ser muy similares a los crísticos de bondad, hermandad, dar la mano al enemigo, etc., por lo que se podría decir que Akenatón fue un adelantado a su tiempo, un  cachito de pan en una sociedad guerrera, brutal y despiadada. Un ejemplo de su talante dialogante y pacifista: cuando tuvo noticia de que los hititas estaban organizando la invasión de Egipto –con sus poderosas armas de hierro frente a las de bronce de los egipcios- envió un regalo al rey hitita como muestra de buena fe y solo recibió de éste la burla, el desprecio y –por supuesto- la invasión. La corte de Akenatón no pudo soportar tamaña humillación y comenzarían las operaciones para destronarlo y restaurar el culto a Amón. Sin embargo, el país tuvo que enfrentar primero la amenaza hitita que ponía en peligro la supervivencia de un imperio milenario como el egipcio.

Sirva esta breve sinopsis del libro ya referido como analogía de la postura negociadora, dialogante y pacificadora del gobierno de Pedro Sánchez con los separatistas catalanes. 

Por supuesto, ni a Sánchez le mueve la fraternidad como a Akenatón, ni es bienintencionado como éste. Muy al contrario: el presidente del gobierno persigue –en tanto que frío agente del capitalismo financiero global– los objetivos de una agenda que busca la disolución de los Estados-nación europeos en una entidad supranacional como es la Unión Europea. Sin embargo, no me cabe duda de que en España hay miles de idiotas que apoyan esta estrategia de contemporización y cesiones a los independentistas como única manera de evitar la emancipación catalana. Para ellos, las soluciones autoritarias son “una fábrica de independentistas”, que diría el ‘patriota’ y camisa negra, Roberto Vaquero, adalid del derecho de autodeterminación.

Sean cuales sean las motivaciones del presidente o del faraón, lo cierto es que esta estrategia de concesiones al enemigo declarado ni es efectiva, ni nueva. Uno de los errores de la II República fue la de reconocer la existencia de naciones históricas con derecho a autonomía y Estatuto. A la concesión del Estatut catalán de 1932, los nacionalistas respondieron con la proclamación del Estado catalán. A la concesión de la competencia en Educación perpetrada por José María Aznar, los nacionalistas respondieron con el arrinconamiento del español en las aulas. A la ampliación de competencias en la reforma del Estatut bajo Zapatero, los nacionalistas respondieron postreramente con la DUI del 1 de octubre de 2017. A la concesión de los indultos a los políticos presos bajo Pedro Sánchez, los nacionalistas responderán con…

No podemos predecir el futuro. No sabemos si a los indultos los nacionalistas catalanes responderán con otra DUI o urdiendo el plan Tardá: “primero, el Estado federal; después, la independencia”. Lo que sí debería estar claro es que, para evitar que la Historia se siga repitiendo en bucle, España debe responder –sí o sí– con puño de hierro.

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