Nacho G.C.
Introducción.
El agua dulce es un recurso natural fundamental para la supervivencia y el bienestar humanos, además es un bien relativamente escaso y repartido desigualmente a nivel geográfico, por lo que es susceptible de convertirse en un recurso geopolítico cuya gestión es determinante en la dialéctica entre los Estados o las regiones. En este sentido, en 1995 el vicepresidente del Banco Mundial, Ismael Serageldin, declaró que, si bien las guerras durante el siglo XX fueron en buena parte por el control de recursos como el petróleo, en el siglo XXI tomaría gran relevancia en este aspecto el control del agua, puesto que quienes tengan este recurso pueden ser blanco de saqueos forzados. Como señala Jiménez Díaz, J. (2016) “el agua, al contrario que otros recursos como el petróleo, no suele encontrarse dentro de las fronteras establecidas; las cuencas hidrográficas tienden a englobar a varios países, como ocurre en el caso del conflicto árabe-israelí, dependiendo el abastecimiento de la población de la buena cooperación transfronteriza.” Además, el agua, a diferencia del petróleo, no tiene sustitutos. Por este motivo, un análisis de conflictos geopolíticos como el de Israel y Palestina debe tener en consideración la importancia de los recursos hídricos como factor clave en el desarrollo de los mismos.
La hidropolítica y el conflicto de Palestina.
Waterbury (1979), define la hidropolítica como la capacidad asociada a las instituciones con carácter geopolítico para manejar y gestionar los recursos hídricos compartidos de una manera sostenible, esto es administrándolos de tal manera que todos los involucrados reciban el recurso, se disminuya su despilfarro y se eviten conflictos relacionados a su acceso. A su vez, Patricia Ávila (2002) define la hidropolítica como “la manifestación de las tensiones que surgen por el control y manejo de un recurso cada vez más escaso y estratégico”, considerando el agua como un recurso político, económico y ecológico y una fuente de poder local (Michel, E. K. F., 2010). Según los autores Vásquez Méndez, M. y Ramírez Montañez, J. (2018) el agua no puede ser vista como un mero recurso natural, sino que debe ser estudiada como un factor de la geopolítica, cuyo control es sinónimo de riqueza y poder.
En el caso concreto de Oriente Próximo, el segundo informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo (2009), estima que en las zonas más secas de la región la cantidad media disponible de agua dulce por persona sería en torno a 50 m³ al año. Además, según la ONG BTselem, el 90% del agua al que tienen acceso los habitantes de la Franja de Gaza no es potable ni apta para el consumo o la higiene al ser demasiado salada y sucia y al contener un alto porcentaje de nitratos cancerígenos (Palestina Libre, 2016a). En este sentido, siendo el agua un recurso esencial y escaso en la zona, y aunque no puede decirse que esta haya sido la principal variable explicativa del conflicto palestino-israelí, una de las estrategias israelíes para exterminar a la Nación palestina ha sido el control del agua y la violación del tratado de Oslo, el cual concedía a Palestina la participación sobre acuíferos de la zona, hoy en día controlados por Israel a través de una empresa estatal (Vásquez Méndez, M., & Ramírez Montañez, J., 2018). Según estos autores, al declarar Israel que los recursos hídricos de ambas regiones pertenecen al Estado de Israel, el conflicto Palestino puede ser abordado desde una perspectiva de lucha por los recursos hídricos.
Estas políticas llevadas a cabo por el Estado de Israel incapacitan a Palestina para tener el control sobre sus propios recursos hídricos y para la creación de las infraestructuras necesarias que garanticen su acceso a agua potable, lo que causa un subdesarrollo en el alcantarillado y saneamiento de la región, obstaculizando el desarrollo de una vida digna para los palestinos (Palestina Libre, 2016b). Además, la Ley de Aguas israelí, que establece la no compartición de los recursos hídricos, tiene como objetivo la explotación de recursos naturales para su comercialización, pasando por alto los derechos humanitarios y la repartición equitativa de agua en la zona. Esta subordinación de las cuestiones morales a las económicas en la política de Israel, llegando incluso a venderles a los palestinos el agua que en parte también les pertenece a un precio favorable para los israelíes, unidas al control político que este Estado ejerce sobre gran parte de Cisjordania, son causantes de la imposibilidad de crear acueductos que proporcionen agua a las dos naciones, perjudicando especialmente a los palestinos (Vásquez Méndez, M., & Ramírez Montañez, J., 2018). Esta situación respecto a los recursos hídricos es una violación flagrante del Acuerdo de Oslo, el cual trataré más adelante, que establecía una división más proporcional del agua de la zona, y de derechos humanos fundamentales.
Según Vásquez Méndez, M. y Ramírez Montañez, J. (2018) el origen del sionismo es el origen de un proceso de invasión del territorio palestino por parte de los judíos mediante asentamientos en la región, con el fin último de poseer Jerusalén, ciudad Sagrada para ambos pueblos. Una forma de conseguir esto es mediante la debilitación de los palestinos a través del control de recursos como el agua, siendo esta estrategia de Israel un juego de suma cero puesto que nada quedará para los palestinos. Además, según Jiménez Díaz, J. (2016) desde la creación del Estado de Israel, su propia concepción estaba vinculada al control del agua, puesto que desde el punto de vista ideológico del sionismo el control de este recurso está íntimamente relacionado con la conquista de la tierra y con el desarrollo de la agricultura. En este sentido, cobra vital importancia la situación geográfica de recursos hídricos tales como el río Jordán, de donde proceden la mayor parte de las aguas superficiales de la región y cuyo nacimiento recae fuera de las fronteras de Israel, el río Litaní al sur del Líbano, el río Yarmuk, el lago Hula, el lago Tiberíades etc. El autor Jiménez Díaz, J. (2016) afirma que “si bien el agua para algunos autores no fue la chispa detonante de la que se conoció como la Guerra de los Seis Días, sí fue utilizada por el Estado de Israel como oportunidad para hacerse con los objetivos cardinales para el control de los recursos hídricos en su beneficio.” Hay que considerar que ha habido procesos de negociación para un reparto más equitativo de los recursos, pero ninguno ha sido exitoso debido a la disconformidad de las partes en el conflicto, derivando usualmente en conflictos armados.
Uno de los acercamientos más importantes entre ambas naciones fueron los Acuerdos de Oslo, fruto de la Conferencia de Madrid. En esta última se trataron entre otras cuestiones el desarme nuclear y la dejación de armas, construyendo así un camino hacia un acuerdo de paz. Finalmente, esta conferencia fracasó cuando la Unión Soviética y Estados Unidos decidieron no tener en cuenta a Naciones Unidas durante la resolución del conflicto, lo que conllevó una negociación de intereses personales de los países mediadores (Vásquez Méndez, M. y Ramírez Montañez, J., 2018). Posteriormente, en el Acuerdo de Oslo, entre otras cosas se acordó el derecho al agua de los palestinos, se otorga su control a la Autoridad Nacional Palestina y se autoriza la creación de una Autoridad Palestina del Agua que regule este recurso. Sin embargo, la realidad fue distinta, puesto que no hubo una ratificación de los acuerdos, perdiendo estas instituciones legitimidad y la oportunidad de desarrollarse (Jiménez Díaz, J., 2016). Por estas razones según los autores Vásquez Méndez, M. y Ramírez Montañez, J., (2018) “el Tratado de Oslo es una gran referencia geográfica que permitió un alcance: ceder más territorio a Israel y cercar la nación palestina con recortes y fraccionamientos de tierra.” Según Jiménez Díaz, J. (2016) la cuestión del agua en los acuerdos fue silenciada, siendo causa de esto características del conflicto tales como la propia naturaleza del acuerdo que pretendía pacificar la zona y negociar la resolución de la contienda pero que tuvo muchas limitaciones, como que el acuerdo solo afectaba a los palestinos de Cisjordania y Gaza y que no entraba en cuestiones fundamentales como la de los refugiados, o como que el acuerdo era desigual en su base, puesto que Israel gozaba de una posición de fuerza al ocupar ya territorios palestinos. Por todo esto, el acuerdo pretendía ser ambiguo y no establecía objetivos específicos. Además, los acuerdos estuvieron corrompidos por los intereses personales de la Unión Soviética y los Estados Unidos, quienes únicamente tuvieron en cuenta las resoluciones 338 y 42 del Consejo de Seguridad, y usaron como pretexto el artículo 2 de la carta de las Naciones Unidas: el respeto al derecho de soberanía. En definitiva, el acuerdo de Oslo se convirtió en un elemento que favoreció el hundimiento de Palestina, dejándola en manos del gobierno de Israel (Vásquez Méndez y Ramírez Montañez, 2018).
La situación hídrica en Cisjordania.
Uno de los aspectos principales del acuerdo de Oslo fue la división de Cisjordania, altamente relacionado con el acceso al agua. Se acordó dividir Cisjordania en tres zonas, zona A, B y C, siendo las zonas A y B habitadas en su mayoría por palestinos, pero siendo rodeadas de asentamientos israelíes, y la zona C controlada por el ejército israelí, siendo esta última la más prolífera en reservas de agua subterránea. Además, para que los palestinos puedan llevar a cabo cualquier proyecto, reparación o intento de explotación en la zona C deben solicitar previamente una licencia al Joint Water Commitee (JWC), la principal autoridad hídrica de Israel, siendo estas el único ente legitimado para extraer agua del acuífero (Palestina Libre, 2016b). El Banco Mundial estima que, en 2009, de los 202 pozos proyectados solo aprobó 65 y apenas 38 fueron desarrollados.
Cisjordania es una región de aproximadamente 5860 km² de extensión y de 20 a 40 kilómetros de ancho delimitada por el río Jordán y el mar Muerto al este y por la demarcación establecida en el armisticio árabe-israelí de 1949 llamada Línea Verde al oeste, norte y sur (Wikipedia, 2022, 11 de marzo). La principal fuente de agua en Cisjordania es el acuífero de la montaña, bajo el control de Israel. La división en las distintas zonas mencionadas anteriormente dificulta la provisión de agua a su población siendo el acceso a la misma más fácil para los asentamientos israelíes que para los territorios palestinos. Además, Israel consume en torno al 90% de los recursos hídricos del acuífero de la montaña, asignando el 10% restante a la población palestina en Cisjordania, ocasionando que el consumo medio de agua por habitante de los palestinos oscile entre los 70 y los 20 litros por día, mientras que el consumo medio de agua por habitante en la zona israelí es de 300 litros (Jiménez Díaz, J., 2016). Si consideramos el aumento demográfico en Cisjordania y el impacto del cambio climático podemos valorar que la situación actual es prácticamente insostenible, sin tener en cuenta el impacto que estos datos pueden tener en la agroindustria, siendo esta de vital importancia para el desarrollo económico y social de la región.
La situación hídrica en Gaza.
Gaza tiene es una estrecha banda de tierra con una superficie de 385 km² y una población estimada de 2 047 969 habitantes cuyos países colindantes son Israel y Egipto (Wikipedia, 2022, 5 de enero).
La región de la franja de Gaza es la más castigada por la escasez de recursos hídricos. El agua suministrada proviene en su mayoría del acuífero costero, que atraviesa el territorio israelí. Del agua que Israel autoriza para su uso a los palestinos aproximadamente el 90% es para el riego, aunque apenas logran regar el 45% de las tierras cultivables (Jiménez Díaz, J., 2016). Debido a la sobreexplotación del acuífero por parte de Israel, que impide su recargo natural, la calidad del agua está por debajo de los niveles recomendados, por lo que el Banco Mundial desaconseja su uso y consumo. Según Vásquez Méndez, M. y Ramírez Montañez, J., (2018) para obtener acceso a agua embotellada los palestinos solo pueden comprársela a Israel por lo que, en promedio, un palestino debe destinar un tercio de sus ingresos para la obtención de agua, violando leyes palestinas que establecían que el agua no puede ser utilizada con un fin comercial.
Según Jiménez Díaz, J. (2016) esta situación también tiene su origen en los conflictos armados y políticos entre Israel y HAMAS, organización que triunfó electoralmente en la región y que ha ejercido un papel detonante en el conflicto, favoreciendo una división entre la Autoridad Nacional Palestina y la Franja de Gaza. A pesar de que en los tratados de Oslo se acordó que Cisjordania y la Franja de Gaza serían una unidad territorial, este distanciamiento político impide el trasvase de agua entre ambas regiones. Además, el ejército israelí ha atacado elementos hídricos estratégicos tales como infraestructuras de saneamiento, suministro y almacenamiento, y el bloqueo que ejerce sobre la región impide la entrada de materiales para reconstruirlas.
En general, las estimaciones demográficas y de futura necesidad de agua apuntan hacia una situación crítica, denunciada en repetidas ocasiones por organizaciones como UNICEF, que alerta de las consecuencias que esto puede tener en los niños y demás población (Jiménez Díaz, J., 2016). Gaza se enfrenta así a una crisis medioambiental y humanitaria provocada por décadas de explotación excesiva, contaminación a raíz de aguas residuales, agroquímicos y aguas salobres, por la escasez de recursos, la falta de infraestructuras y los ataques militares.
Conclusión.
El agua, un derecho humanitario fundamental, puede ser un elemento geopolítico clave en el desarrollo de los conflictos internacionales y que ha tomado protagonismo en el conflicto de Palestina. La inequidad en la repartición de los recursos hídricos y la limitación del acceso a la población es causante de violencia y de guerras en las naciones y, en el caso específico de Oriente Próximo, beneficia completamente a Israel mientras deteriora progresivamente a la nación palestina, siendo utilizado por aquellos para eliminar a Palestina de la zona que habitan y comparten y, a su vez, lucrarse con la comercialización del agua en los asentamientos palestinos. (Vásquez Méndez, M. y Ramírez Montañez, J. (2018).
El acuerdo de Oslo, debido a la no presencia de las Naciones Unidas y a la intromisión de los intereses de Estados Unidos y la Unión Soviética, fue un elemento que fracasó y en última instancia sirvió para agudizar el conflicto y para acelerar la caída de Palestina.
La situación en Gaza y Cisjordania es especialmente crítica. Los elementos que inciden en la precariedad hídrica de estos territorios han sido tradicionalmente silenciados, argumentando que no hay agua para todos, cuando las cifras hídricas apuntan hacia otro sentido: existe la posibilidad de un reparto equitativo que permita satisfacer a ambas partes (Jiménez Díaz, J., 2016) Esta modificación pasa por una reformulación de las políticas hídricas en la región en la que la parte dominante cediera parte de sus privilegios, sin embargo, sin el apoyo de la comunidad internacional y sin la denuncia objetiva de las políticas israelíes por parte de la misma, la posibilidad de que la parte dominadora haga concesiones y de que palestinos e israelíes acepten mutuamente sus identidades históricas, llevando a cabo leyes que favorezcan la cooperación y planifiquen los recursos hídricos de forma que se consiga el beneficio mutuo no deja de ser una utopía.
Bibliografía.
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Organización de las Naciones Unidas. (2009). Informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo. (N.o 2).
Ávila García, P. (2002). Cambio global y recursos hídricos en México: hidropolítica y conflictos contemporáneos por el agua. Instituto Nacional de Ecología.
Michel, E. K. F. (2010). Hidropolítica del Candelaria: del análisis de la cuenca al
estudio de las interacciones entre el río y la sociedad Ribereña. Relaciones. Estudios de
historia y sociedad.
Palestina Libre. (2016a). Agua para Israel pero no para los palestinos.
Palestina Libre. (2016b). No hay agua para Palestina.
Vásquez Méndez, M., & Ramírez Montañez, J. (2018). Conflicto palestino-israelí a la luz de la hidropolítica y la trasgresión del derecho al agua. Estudios Internacionales.
Jiménez Díaz, J. (2016). El agua como elemento de conflicto: el caso palestino-israelí. El Genio Maligno: revista de humanidades y ciencias sociales, 18 (Marzo).
Colaboradores de Wikipedia. (2022, 11 marzo). Cisjordania. Wikipedia, la enciclopedia libre.
Colaboradores de Wikipedia. (2022, 5 enero). Franja de Gaza. Wikipedia, la enciclopedia libre.