por Nacho G.C
La España Invertebrada. José Ortega y Gasset.
La España Invertebrada es un ensayo del escritor y filósofo José Ortega y Gasset publicado en 1921 en el que se realiza un análisis de los problemas que a juicio del autor acucian a España, así como sus orígenes y sus posibles soluciones. Esta obra, que analiza la crisis histórica y política del momento, y que junto con otros escritos de Ortega y Gasset como La Rebelión de las Masas influyó en cierta medida en el pensamiento de la élite y la sociedad española, sigue teniendo vigencia hoy en día en tanto que gran parte de los problemas que trata siguen siendo relevantes en la España del siglo XXI.
Los argumentos centrales del ensayo giran en torno al análisis de una serie de problemas, unos efecto, otros causa de la situación de decadencia en la que se ve sumida España, especialmente dos:
▪ El particularismo tanto regional como de clase y social y la acción directa.
▪ La aristofobia o el odio a los mejores.
Primera parte: El particularismo y la acción directa.
Ortega y Gasset comienza a analizar los particularismos haciendo primero un análisis de precisamente lo contrario, a saber, como se formaron las grandes naciones como Roma mediante la incorporación o el synoiquismo (convivencia, ayuntamiento de moradas). A diferencia de otros autores, para Ortega la formación de un pueblo o un Estado no implica la expansión de un núcleo inicial sino la unión de realidades sociales e históricas anteriores al mismo. Según sus propias palabras “la incorporación histórica no es la dilatación de un núcleo inicial, sino más bien la organización de muchas unidades sociales preexistentes en una nueva estructura”. De esta manera, el núcleo inicial es parte de una entidad orgánica heterogénea, pero que goza de una situación de privilegio por ser el articulador de ese proceso de incorporación al que Ortega llama totalización. Este mismo proceso se da en España con la unificación de los distintos reinos orquestada por Castilla, que, si bien no se integran en un todo homogéneo, forman parte de una realidad mayor, de un sistema dinámico. El elemento fundamental que mantendría este sistema unido no sería la mera fuerza, que, si bien es un elemento importante e imprescindible para preservar la unidad ante intereses particulares solo puede conseguirlo durante un tiempo limitado, sino un proyecto de futuro común.
Según Ortega “los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer algo juntos”.
Analizando ya concretamente el caso español, Ortega califica los regionalismos, nacionalismos y separatismos como fenómenos característicos de la vida política española. Para él los nacionalismos periféricos no son movimientos surgidos espontáneamente o artificiales dirigidos por una minoría que persiguen intereses puramente personales, puesto que, como señalaba anteriormente, sostiene que Cataluña, País Vasco, Andalucía, etc. ya eran unidades sociales distintas de Castilla antes de la unificación. No era por tanto España una masa homogénea sin diferencias sustantivas. Estos movimientos de secesión étnica y territorial serían por tanto una consecuencia lógica del devenir de ese proyecto de vida en común realizado por Castilla que, en principio, supo superar las tendencias particularistas, oteando un horizonte más amplio tanto nacional como internacionalmente pero que, a partir de 1580, llega a su agotamiento, comenzando un proceso inverso de desintegración territorial que culmina de forma extrapeninsular en 1900 con la perdida de las provincias ultramarinas, pero que continua intrapeninsularmente en la forma de particularismos. En este punto Ortega señala que “La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. No le importan las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidarizará con ellos para
auxiliarlos en su afán. […] En cambio, es característica de este estado social la hipersensibilidad para los propios males. Enojos o dificultades que en tiempos de cohesión son fácilmente soportados, parecen intolerables cuando el alma del grupo se ha desintegrado de la convivencia nacional”.
Ortega también critica a los movimientos unionistas dentro de Cataluña y País Vasco ya que a su entender también son una manifestación de particularismo, queriendo dejar fuera del proyecto de España a los secesionistas y no comprendiendo bien la historia de España. En este sentido Ortega afirma que “España es una cosa hecha por Castilla, y hay razones para ir sospechando que, en general, sólo cabezas castellanas tienen órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral”. Ortega sostiene que, cuando una sociedad comienza a sufrir el fenómeno del particularismo, suele ocurrir que el primero en mostrarse particularista es el Poder Central. Esto es precisamente lo que afirma que ocurrió en España. En concordancia con este pensamiento expresa que “Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho”.
En esta primera parte del ensayo ortega no solo trata el particularismo desde una perspectiva regional o étnica, sino también desde una perspectiva de clase. Las clases sociales y los grupos profesionales son miembros fundamentales del cuerpo público ya que articulan las diferentes funciones sociales que se dan en el mismo. Habrá salud nacional por tanto si cada una de estas clases y grupos profesionales asume su función dentro del cuerpo público y son conscientes de que deben cooperar y ser solidarias entre
sí. Es lógico que estas clases y gremios no compartan las mismas ideas o anhelos, sin embargo, según Ortega, lo importante es que cada una de ellas tenga presente los deseos y las ideas de las otras. Para él este es el problema de la sociedad española: el particularismo también ha germinado en las distintas clases y gremios de la sociedad, siendo España no tanto una nación sino una serie de compartimentos estancos. Especial mención hace el autor al particularismo dentro de los grupos militares, que desde la
derrota ante los Estados Unidos a finales del siglo XX no tiene en su horizonte la posibilidad de una guerra. Esta situación provocó que las demás clases sociales se desentendieran del ejército, provocando que éste se aislara y comenzara a sumirse en su propio particularismo que, inevitablemente, acabará conduciendo a la acción directa, en el caso de los grupos militares en la forma de pronunciamientos.
La acción directa, que en principio designa una forma específica de actuar de la clase obrera para conseguir sus objetivos políticos, es entendida por Ortega como la imposición inmediata de la voluntad de una parte concreta del cuerpo social que entiende que tiene derecho a una legítima existencia política sin tener que recurrir a los mecanismos representativos democráticos tales como el parlamentarismo. Los
pronunciamientos militares serían un ejemplo de este fenómeno pero no el único. Para Ortega la revolución que pretende llevar a cabo la clase obrera siguiendo las teorías marxistas también sería un caso de acción directa puesto que la considera particularista.
Por eso señala que “Las revoluciones y cambios victoriosos han solido hacerse con ideas de amplísimo seno, al paso que la revolución obrera va en derrota, por su absurda pretensión de triunfar a fuerza de exclusiones”.
En conclusión, los elementos que caracterizan la realidad social de España según Ortega
serían el imperio del particularismo y la táctica de la acción directa que es consecuente
con aquel.
Segunda parte: La ausencia de los mejores.
Uno de los rasgos más importantes para una sociedad política según Ortega es la relación que existe entre la minoría directora (la élite, la aristocracia) y el resto de la sociedad o la masa. Precisamente, lo que dota a los hombres excelentes de eficacia sería no ya sus cualidades personales o su talento, sino la energía social, la confianza, la legitimidad que la masa les proporciona. Es por esto que Ortega señala que “en las horas de historia ascendente, de apasionada instauración nacional, las masas se sienten masas,
colectividad anónima que, amando su propia unidad, la simboliza y concreta en ciertas personas elegidas, sobre las cuales decanta el tesoro de su entusiasmo vital.” En las épocas decadentes sucedería lo contrario: las masas no asumen su papel, sino que intentan destacar y convertirse en minoría directora. Basándose en terminología de las puranas indias, a los periodos ascendentes, de formación de aristocracia y de sociedad, Ortega las llama épocas Kali, a las decadentes, de desintegración de la aristocracia y con ellas de la sociedad, las llama épocas Kitra.
Para Ortega una nación es una masa social articulada por una minoría directora selecta. Este hecho es innegable para el autor, una especie de ley natural de la biología de las sociedades. Si la masa se niega a ser masa la nación se deshace y se da la invertebración histórica. Este sería el caso concreto de España, sobre el que el autor llega a afirmar que “la enfermedad española es, por malaventura, más grave que la susodicha «inmoralidad pública». Peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad. Que una sociedad sea inmoral, tenga o contenga inmoralidad, es grave; pero que una sociedad no sea una
sociedad, es mucho más grave. Pues bien: este es nuestro caso”.
Según Ortega, el hecho de la organización jerárquica de las naciones políticas en aristocracia y masa no debe ser analizado desde una perspectiva jurídica o moral. Este hecho es innegable y constituye el propio ser de las sociedades. Por tanto, no se trata de analizar si las constituciones políticas deben ser o no aristocráticas, sino de analizarlas tal y como son. Precisamente, este fenómeno de dictaminar como deben ser las cosas en lugar de analizar como son realmente es lo que caracteriza según Ortega a las ideologías progresistas, radicales, liberales y democráticas. La suplantación de lo real por lo deseable constituye un pensamiento mágico y un síntoma de puerilidad para el autor. En este sentido afirma que “Sólo debe ser lo que puede ser, y sólo puede ser lo que se mueve dentro de las condiciones de lo que es. Fuera deseable que el cuerpo humano tuviese alas como el pájaro; pero como no puede tenerlas, porque su estructura zoológica se lo impide, sería falso decir que debe tener alas. […] antes que ser justa una
sociedad tiene que ser sana, es decir, tiene que ser una sociedad. Por tanto, antes que la ética y el derecho, con sus esquemas de lo que debe ser, tiene que hablar el buen sentido, con su intuición de lo que es. Resulta completamente ocioso discutir si una sociedad debe ser o no debe ser constituida con la intervención de la aristocracia. La cuestión está resuelta desde el primer día de la historia humana: una sociedad sin aristocracia, sin minoría egregia, no es una sociedad.”
La interacción entre aristocracia y masa se basa en los conceptos de ejemplaridad y docilidad. La aristocracia debe ser ejemplar y, a su vez, la masa debe ser dócil e integrar los rasgos ejemplares de los hombres excelentes en su propia forma de actuar. De esta forma, la élite orientaría al resto de la sociedad hacia el perfeccionamiento, hacia el mejoramiento. Por tanto, cuando una sociedad es decadente, es o porque faltan hombres ejemplares o por la indocilidad de las masas. El caso más grave supondría la
concurrencia de ambas situaciones. Esta última coyuntura es la que se da en España según Ortega, siendo la aristofobia y la ausencia de una minoría suficiente el rasgo característico de la misma.
Para Ortega, la causa principal de estos males fue el débil feudalismo que hubo en España, rasgo que nos diferencia de otras naciones como Francia, Inglaterra o Italia. A su vez, el ingrediente decisivo que provocó ese feudalismo débil fue, según el autor, las diferentes cualidades de los pueblos germanos que se asentaron en el este de Europa, siendo en el caso francés los francos y en el caso español los visigodos. Los visigodos tendrían unas características inferiores a los francos debido al influjo civilizatorio del
decadente Imperio romano, siendo los francos para Ortega un pueblo con una “vitalidad indómita”, definiendo vitalidad como “el poder de creación orgánica en que la vida consiste, cualquiera que sea su misterioso origen”. El rasgo característico de los germanos fue el feudalismo, que entendía el pueblo como unos hombres enérgicos que se imponían a los demás a través de su vigor y su ánimo, mientras que la forma de organización de los pueblos que ejercían los romanos era la creación de Estados, que no
reconoce a los individuos sino como miembros del mismo. Los romanos eran agricultores, mientras que los germanos eran un pueblo guerrero. Ambos tenían una concepción distinta del derecho, una distinta sensibilidad jurídica. Al germano le interesaba el derecho de autoridad, al romano el derecho de propiedad, siendo este último más cercano al espíritu capitalista. Mientras que el romano nacía con derechos el germano debía ganárselos y posteriormente defenderlos. Esta serie de diferenciaciones
marcan el carácter de las razas y civilizaciones posteriores. Mientras que en las naciones con un feudalismo fuerte existían grandes fuerzas preexistentes que más tarde fueron unificadas por un rey, en naciones como España esa unificación resulta más débil debido a la falta de fuerza en los elementos que son unificados. La unificación en este caso fue más rápida pero menos resistente y vigorosa. En relación a esto Ortega señala que “algo parejo a lo que en la sociedad actual representa la minoría de superior
intelecto fue en la hora germinal de nuestras naciones la minoría de los feudales. En Francia hubo muchos y poderosos; lograron plasmar históricamente, saturar de nacionalización hasta el último átomo de masa popular. Para esto fue preciso que viviese largos siglos dislocado el cuerpo francés en moléculas innumerables, las cuales, conforme llegaban a madurez de cohesión interior, se trababan en texturas más
complejas y amplias hasta formar las provincias, los condados, los ducados. El poder de los «señores» defendió ese necesario pluralismo territorial contra una prematura unificación en reinos. Pero los visigodos, que arriban ya extenuados, degenerados, no poseen esa minoría selecta.”. Por lo tanto, según Ortega, puesto que España partía ya de una situación casi patogénica en el momento de su pronta unificación, toda la historia de España con algunas excepciones, desde la Edad Media, es una historia de decadencia. Si bien una excepción a esta decadencia podría ser la colonización de América, para
Ortega el error que marca esta etapa fue la excesiva participación del “pueblo” de la masa, mientras que en la colonización inglesa tuvo mucho más protagonismo la minoría, la aristocracia. Ortega señala que en España “lo que no ha hecho el pueblo se ha quedado sin hacer”.
Para el autor, los fenómenos de disgregación que sufre España no son sino síntomas de un mal mayor, este es la aristofobia, el odio a los mejores. Si España quiere alcanzar de nuevo una época de ascensión debe primero curar este mal y, para hacerlo, las masas deben asumir que su misión no es otra que seguir a los mejores, no suplantarlos. En este sentido y concluyendo esta parte del ensayo señala Ortega que “si España quiere resucitar es preciso que se apodere de ella un formidable apetito de todas las perfecciones. La gran desdicha de la historia española ha sido la carencia de minorías egregias y el imperio imperturbado de las masas. Por lo mismo, de hoy en adelante, un imperativo debiera gobernar los espíritus y orientar las voluntades: el imperativo de selección. Porque no existe otro medio de purificación y mejoramiento étnico que ese eterno instrumento de una voluntad operando selectivamente. Usando de ella como de un cincel, hay que ponerse a forjar un nuevo tipo de hombre español. No basta con
mejoras políticas: es imprescindible una labor mucho más profunda que produzca el
afinamiento de la raza”.
Comentarios y conclusiones.
En España Invertebrada Ortega y Gasset realiza un diagnóstico sobre los problemas o las “enfermedades” que sufre España desde una perspectiva histórica y organicista, tratando a las diferentes partes de la sociedad como un todo vivo. En primer lugar, un realismo filosófico en gran parte idealista y, en segundo lugar, un pensamiento eminentemente aristocrático con influencia de Nietzsche y su vitalismo, vertebran las ideas principales del ensayo. Estos rasgos en sus ideas pueden encontrarse, por ejemplo, en sus afirmaciones sobre la diferencia en la “vitalidad” o en el “espíritu” de los pueblos debido a la distinta calidad de los pueblos germánicos que los habitaron, o en su concepción de la nación como una masa que debe ser dócil y una minoría directora que debe ser ejemplar. El análisis que realiza sobre la progresiva desintegración de los imperios y las naciones causa de los particularismos y del agotamiento de un proyecto de vida en común me parece interesante y creo que puede reflejar, aún hoy día, características de los movimientos secesionistas que afloran en España y en otras partes del mundo. También me parece certero el análisis que realiza en cuanto a la cuestión nacional de España, ya que como señala Jaume, A. (2021), España se constituye antes como unidad política, con los Reyes Católicos, que como nación política, con la guerra napoleónica y sin una verdadera revolución burguesa que siente las bases de un Estado moderno y laico.
El pensamiento de Ortega también es antimarxista, puesto que considera las aspiraciones de la clase obrera y la revolución como un fenómeno más de particularismo. Esto, junto a su escasa confianza hacia las consecuencias de una democracia de masas solo deja, según Laso Prieto (2008), espacio para procesos
reaccionarios dictatoriales y para un pensamiento conservador. A mi parecer, este pensamiento conservador también se puede extraer de la confrontación que Ortega hace entre la idea del ser y del deber ser, anteponiendo aquel a este y dejando nada o poco espacio para la búsqueda del cambio, del progreso. Siguiendo con esta idea y considerando el prólogo que escribió Ortega para este ensayo en 1934, podemos ver cómo, a pesar de estar Ortega en contra del fascismo, llega a considerarlo como una solución temporal debido al recrudecimiento de la lucha de clases (Laso Prieto, 2008). Esta idea se puede extraer de los siguientes fragmentos del mencionado prólogo: “Ya a estas horas están haciendo las masas –las masas de toda clase– la experiencia inmediata de su propia inanidad. La angustia, el dolor, el hambre, la sensación de vital vacío la curarán de la atropellada petulancia que ha sido en estos años su único principio animador. […] Y entonces se verá, con gran sorpresa, que la exaltación de las masas nacionales y de las masas obreras, llevada al paroxismo en los últimos treinta años, era la vuelta que ineludiblemente tenía que tomar la realidad histórica para hacer posible el auténtico futuro, que es, en una u otra forma, la unidad de Europa. […] Cuando hace diez años anuncié que en todas partes se pasaría por situaciones dictatoriales, que éstas era una irremediable enfermedad de la época y el castigo condigno de sus vicios, los lectores sintieron gran conmiseración por el estado de mi caletre.”
En conclusión, creo que este ensayo, si bien tiene errores objetivos en ciertos análisis históricos que lleva a cabo, ya rebatidos por historiadores posteriores, como las afirmaciones que realiza sobre la influencia de los pueblos germánicos, o sobre ciertos aspectos en relación a la unificación de España, y si bien algunas de las ideas centrales del mismo, como la exaltación de la aristocracia, el desprecio a las masas, el antimarxismo, etc., han sido elementos que han causado gran controversia, ha tenido y tiene un enorme valor en tanto a realizar un análisis lejos de dogmatismo y de ideas preconcebidas sobre la situación histórica y social de España se refiere. Como señala van Ree, H. (1994): “[…] lo extraordinario del libro proviene de que gracias al formalismo de su método logró abrir la historia de España a un discurso plural. España invertebrada supone una piedra de toque a todo el pensamiento posterior referente a España […] puesto que inaugura la discursividad sobre el tema. Ortega es el primero que presenta un análisis de un aspecto cultural español y lo acompaña con sus justificaciones metodológicas. Seleccionó unos aspectos de la historia de España y les dio una determinada perspectiva, consiguiendo así un discurso, que no una lección […] con el que se puede debatir, dialogar, en fin, se puede discursivizar.
Bibliografía:
Ortega Y Gasset, J. (2014). España invertebrada. Alianza Editorial.
http://juango.es/files/Ortega-Y-Gasset—Espana-Invertebrada.pdf
Jaume, A. (13 de noviembre de 2021). 100 años de «España invertebrada» de Ortega y
Gasset. [Tercera sesión del cuarto seminario “Siglo XX y Pensamiento Político”]. Club
Tocqueville, Universitat de Barcelona. https://youtu.be/XhpGjV4CgE0
Laso Prieto, J. M. (2008). Hacia una crítica marxista del pensamiento de Ortega. El
Catoblepas, 76. https://www.nodulo.org/ec/2008/n076p06.htm
van Ree, H. (1994). El análisis cultural moderno: España invertebrada, de Ortega y
Gasset. Dialnet. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=13619