por Luis Miguel A.
VIVA LA CLASE MEDIA
“Me da igual si llueve o nieva
Porque aquí…
Pican las prensas, que más de un dedo se han llevao
Que piensan que no haces piezas, me despierta el encargao
Que hoy viene acelerao, se ha levantao con el pie izquierdo
Porque se le ha olvidao tomarse las
Pastillas del freno, a toda pastilla
Salpicadero
Comienza mi pesadilla
Muy pocos ceros en mi nomina ilegal
Yo como he firmao un contrato no puedo parar parar”[*]
El objeto de este breve articulo es, mediante la valoración ponderada de las aportaciones teóricas del filosofo Byung-Chul Han, dar inicio a una serie de breves artículos que pasen a evaluar la actual situación de la clase obrera. Los profundos y cuantiosos cambios acaecidos en las ultimas décadas exigen por nuestra parte una profunda reflexión que nos permita trazar mejor nuestras propias metas y estrategias.
Byung-Chul Han se trata de un reconocido y mediático filosofo, cuyas aportaciones se retomarían con mayor vigor durante y tras la pandemia. Este autor ha disputado enconados debates con Zizek, con quien comparte la influencia hegeliana como eje fundamental de su pensamiento. La critica a las particulares posiciones de este autor resultan fundamentales, cuestión que se abordaran mas adelante, sin negar con ello que tenga aciertos parciales, especialmente en los diagnósticos.
La revalorización de este autor durante la pandemia y en la fase postpandemica resulta natural si se tiene presente el tsunami informativo de difícil filtrado que se padeció entonces. El agotamiento, la incertidumbre y la disposición de tiempo para reflexionar sobre la propia situación llevaron a muchos a replantearse el propio ortograma ideológico. En este caso, sin necesidad de disponer de todo un andamiaje filosófico muchas personas pueden acudir a reflexiones puntuales como las que se hayan en los libros de este autor. Un ejemplo claro se halla en “Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder” libro que se puede describir como un compendio de artículos sobre el concepto Psicopolítica, concepto que Foucault dejo pendiente de desarrollo. La sencillez, brevedad y la actualidad de los temas abordados por este autor son motivos suficientes para conferir a este autor de cierta notoriedad.
En su libro “La sociedad del cansancio” el autor también reflexiona sobre cuestiones que mas adelante profundizaría en Psicopolítca, principalmente sobre la forma de ejercer el poder en las sociedades modernas. Frente a las sociedades pre-industriales, Byung-Chul Han; siguiendo a Foulcault, considera que la sociedad actual ha prescindido del dominio físico caracterizado por la disposición misma de la vida del súbdito por parte del soberano. En su lugar, nos encontramos en sociedades donde la represión se ha convertido en algo autoimpuesto. Los individuos, soberanos de si mismos, son los encargados de reprimirse para garantizar la reproducción del capital.[1]
El autor afirma, consideramos que de forma errada, que las sociedad actual ha convertido a todos en emprendedores encargados de su propio futuro. Negamos la mayor.[2] El capital en su enorme capacidad de revolucionar el proceso de producción confiere al proletario las labores de control, antaño propias del capitalista o capataz, con tal éxito que ello no supone una modificación del papel del mismo dentro de la producción. Metafóricamente lo ha convertido en el perro que vigila la casa pero que duerme fuera. La existencia del capitalista se encuentra dialecticamente ligada a la del proletariado.
El metabolismo social del capitalismo supone la incesante producción y circulación del valor. La metamorfosis del valor extrapola sus contradicciones a los trabajadores, en tanto que la cosificación cada día es más evidente. La dialéctica interna, en tanto que capital variable, se salda con la creciente depauperización. Todos los espacios de la vida se están subsumiendo bajo la lógica de la acumulación del capital. El mejor ejemplo, criticado duramente por el mencionado autor, se encuentra en las redes sociales. Modernos escaparates en los que los me gusta sirven como impulsores para colocar tu “marca personal”. Han conseguido que las fotos dejen atrás los viejos álbumes familiares; para convertirse en la imagen que vendemos públicamente procurando mayor aprobación.
De este modo, reconoceremos parte de razón al autor, en tanto que es cierto que el obrero se ha convertido en empresario sin abandonar su propia condición de clase. Cada individuo[3] pasa a ser el único responsable de su destino lejos de cualquier determinación social. Todos somos nuestros propios empresarios, obligados a que cada segundo de nuestras vidas revalorice o evite el deterioro del capital humano que representamos. Por todo ello, las situaciones de necesidad o pobreza no se interpretan como fallas del sistema, en su lugar, se achacan a una mala gestión de quien la padece.
En una economía mercantil completa, la actividad del hombre se le objetiva a el mismo, se le convierte en mercancía que, sometida a la objetividad no humana de unas leyes naturales de la sociedad, tiene que ejecutar sus movimiento con la misma independencia respecto del hombre que presenta cualquier bien para la satisfacción de las necesidades convertido en cosa mercancía. “Así, pues lo que caracteriza la época capitalista” escribe Marx “Es que la fuerza de trabajo toma para el trabajador mismo la forma de una mercancía que le pertenece”[4]
En un contexto de continuo deterioro de las condiciones laborales y depauperización de las familias, los sindicatos son incapaces de representar un papel relevante en la sociedad. Los asalariados de la moderna sociedad autoexplotadora, cual alopécicos compradores de crecepelos, acudimos en masa a los videos de coaches que nos expliquen los motivos por los cuales no somos capaces de prosperar. En el plano religioso; no resulta extraño que las ramas protestantes tenga su auge en el territorio nacional o que encontremos figuras tan extravagantes como el pastor evangélico Cash Luna. Cuestiones como la predestinación y el carácter mas individualista de las mismas se adapta mejor a la nueva realidad neoliberal.
Llegados a este punto, concedemos al autor que su análisis del andamiaje erigido para sustentar un elevado grado de explotación y deterioro de las condiciones laborales resulta acertado. Como critica, señalar que el excesivo peso que concede a la estructuración de los mecanismos represivos como elementos definitorios del tipo de sociedad, pese a ser un complemento interesante para analizar la sociedad, peca de superficial y obvia la reproducción material de las sociedades mismas. La modificación de los sistemas represivos no implica un cambio en la esencia misma del modo de producción, la sociedad capitalista continua erigiéndose sobre la reproducción del capital y sus contradicciones.[5]
El cambio en el sistema represivo, supone una respuesta necesaria, una nueva etapa evolutiva del mecanismo de acumulación. La creciente competencia y la TDG obligan a desplegar todos los recursos posibles para posponer las crisis periódicas del sistema, aunque estas ya forman parte del paisaje. El hecho de que las nuevas generaciones consideren ser autónomos e inversores (sus propios jefes) la mejor salida y que esto los volverá ricos, supone asumir la forma jurídica como el determinante, el definidor mismo de las relaciones sociales que se establecen.[6]
La cuestión de los mecanismos que posibilitan la reproducción del capital ya fue analizada por otros autores marxistas como Althusser. En este caso, pese al detenimiento que presento el autor en dos obras de su etapa mas madura, se le acuso de determinista. No es nuestro objetivo detenernos en dicho debate, el objeto del apunte es manifestar que las especificidades y particularidades que presentan las distintas formas en que se presenta el capitalismo no alteran su esencia.
El modo de producción capitalista se erige sobre la explotación de los trabajadores. Esta afirmación no parte de una posición moral, el capitalismo es un sistema amoral; su reproducción es independiente de las ideas que se tengan del bien y del mal[7] Es más, criterios como moral, justicia, bien o mal se construyen históricamente, encontrándose subsumidos a la lógica del valor mercantil. En el vigente modo de producción, parafraseando a Marx, “todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones reciprocas con desilusión”[8]
RÉQUIEM FOR A DREAM
La interesante lectura de los libros de Byung-Chul Han termina dejando un sabor agridulce. A nuestro parecer la lectura superficial, consiguiendo señalar acertadamente los síntomas, se ve superada a la hora de ofrecer un correcto diagnostico y, por lo tanto, le resulta imposible ofrecer una solución mínimamente satisfactoria quedándose en los meros consejos personales. Ante problemas sociales la búsqueda de salidas individuales es la reproducción de la ideología dominante con algún tinte de bohemio melenudo.[9]
La insatisfacción experimentada nos obliga a seguir la senda de George Romero para traer de entre los muertos a Marx. A pesar de la humanidad del gigante prusiano, se ha tratado de sepultarlo en centenar de ocasiones, todas ellas con escaso éxito. El potencial interpretativo de la teoría marxiana y el carácter abierto y totalizador de la misma ha conducido continuamente a sus sepultureros al fracaso.
Por sus propios méritos, Karl Marx se ha convertido en un compañero indispensable para todo aquel que quiera llevar a cabo un critica fundamentada del vigente sistema y, siguiendo la senda de autores como Robert Kurz, reivindicamos recuperar el Marx del fetichismo de la mercancía y la TVT, denominado humoristicamente por el mencionado autor como el “esotérico”.[10]
El potencial radical del fetichismo de la mercancía se extiende a categorías que se naturalizan bajo el mismo capitalismo. El trabajo abstracto en si mismo como una justificación al uso del ser humano para la perpetuación del sistema capitalista. Este posicionamiento choca radicalmente con las posturas individualistas incapaces de concebir las causas estructurales mismas de la denominada “Sociedad del cansancio”.
“Un cadáver domina la sociedad, el cadáver del trabajo. Todos los poderes del planeta se han unido para la defensa de este dominio: el Papa y el Banco Mundial, Tony Blair y Jörg Haider, los sindicatos y los empresarios, los ecologistas alemanes y los socialistas franceses. Todos conocen una única consigna: ¡trabajo, trabajo, trabajo!”[11]
Con este párrafo presentaba su manifiesto fundacional la revista Krisis, conscientes de la burda interpretación y criticas infantiloides, decididos a retomar los aportes mas ácidos de Marx.
Frente a las pretensión de llevar a cabo salidas individuales que no pasen por la negación misma de la mercancía, incluida la fuerza de trabajo, son meras soflamas cargadas de buenas intenciones pero carentes de efectividad en la practica. La mercancía, punto de partida de la obra magna de Marx, es un producto cuyo fin, desde el mismo comienzo, es la venta en el mercado (con independencia de las regulaciones que pueda presentar el mismo). Ello implica que el valor de uso sea indiferente, lo único que importa es su capacidad de realizarse. Por todo ello, lo relevante en la producción de mercancías; lo determinante no es el trabajo concreto, es el trabajo abstracto; la verdadera sustancia de las mercancías.
Como bien identificó Luckas, fue la generalización de la producción de mercancías lo que propicio el fetichismo de la mercancía. Se podría afirmar que el fetichismo es la religión hegemonía que permite enmascarar la explotación de la clase obrera. Atribuyendo a las cosas propiedades de los hombres o de las relaciones, este fenómeno ha servido de acicate a diversos economistas para enmascarar la realidad misma del capitalismo.
“En el caso particular de las mercancías, el fetichismo pasa por tomar a las mercancías “como lo que son a primera vista”, como si tuvieran propiedades que les son propias, y no sociales. Ezequiel agrega que el fetichismo comienza cuando el valor de cambio es visto como una cualidad del valor de uso al que está unido”
La atomización de la producción individualizada, aislada y alienada explica mucho mejor la denominada sociedad del cansancio. La producción capitalista supone el funcionamiento de un metabolismo alimentado por la producción de valor pero independiente de la voluntad y necesidades de sus componentes. Del mismo modo que ocurre en la película Matrix, los obreros nos hemos convertido en pilas humanas de un sistema que somos incapaces de controlar, En el capitalismo el sujeto no es el hombre, sino la mercancía. [12]
Bajo el capitalismo, cuando vendemos el fruto de nuestro trabajo es la mercancía la que determina lo que valemos y si todavía formamos parte de la sociedad. El objeto esta determinando a su productor. La relación se invierte por completo, del mismo modo que ocurre en las religiones estamos otorgando vida y poderes a los objetos.[13]
Convertidos en objetos que requieren su continua validación en el mercado, las propias necesidades del sistema conducen a la medición continua de todos los fenómenos procurando “optimizar” la producción. Los tiempos dedicados a cada proceso, los minutos de descanso, los resultados obtenido, etc. De esta manera, el resultado del trabajo del obrero se erige ante el mismo para dominarlo. El capital, producto de la explotación del proletariado, se enfrenta a los mismos para imponerles sus sus propias leyes. De la siguiente manera describe Luckas este fenómeno:
“Lo que hay que retener, ante todo, de este fenómeno estructural fundamental, es que opone al hombre su propia actividad, su propio trabajo como algo objetivo, independientemente de el y que lo domina en virtud de leyes propias, ajenas al hombre. Y esto se produce tanto en el plano objetivo como en el subjetivo. Objetivamente, surge un mundo de cosas acabadas y de relaciones entre las cosas (el mundo de las mercancías y de su movimiento en el mercado), cuyas leyes son conocidas poco a poco por los hombre, pero que, aun en este caso, se oponen a ellos como potencias insuperables que producen por si mismas todo su efecto.”
A modo de conclusión de este primer breve texto, podemos conceder como gran éxito de la economía política burguesa la dotación de un aura sacralizada a lo que no deja de ser un resultado social. Nuestros queridos Gonzalos Bernardos y demás ralea no dejan de ser modernas pitias y el BCE el actual Oráculo de Delfos.
[*]“Pastillas de freno” Estopa 2004.
[1] Han, B. (2022). La sociedad del cansancio. Herder & Herder.Pp 17-22
[2]Siempre que se emplee como símil de capitalista. Obviamente emprendedor y capitalista no son lo mismo. La ambigüedad terminológica del autor y problemas de traducción nos conducen a matizar afirmación tan rotunda que puede llevarnos conclusiones profundamente erradas a nuestro parecer.
[3]Empleo este concepto ya que las vertientes mas radicales del liberalismo defienden la soberanía personal lejos de cualquier sujeción política y/o social, en otro caso usaría sujeto.
[4]“Historia y conciencia de clase” Gyorgi Luckas P. 7
[5]“Los economistas nos explican como se produce en esas relaciones dadas, pero lo que no nos explican es como se producen esas relaciones, es decir, el movimiento histórico que las ha engendrado” (Marx, Miseria de la filosofía)
[6] Llevando esta idea al extremo, podríamos afirmar que proclamándose en el BOE que España es comunista, automáticamente se abolirían las clases sociales y dejaría de operar la ley del valor en nuestro país.
[7]Los criterios de justicia y moral son construcciones históricas y, en la sociedad capitalista están sometidos a la lógica del valor mercantil. Lo justo es que las mercancías se compren y vendan por sus valores mercantiles (“Dependencia superexplotación del trabajo y crisis. Una interpretación desde Marx”, P. 72) Como dijo Michael Corleone: “No es nada personal, solo negocios” (El Padrino 1, Francis Ford Coppola, 1972)
[8] Marcelo Carcanholo (“Dependencia superexplotación del trabajo y crisis. Una interpretación desde Marx”, P. 72). La cita de Marx se extrae de: Manifiesto comunista (Editorial Alehop P. 31) En la traducción realizada por la editorial Akal (pagina 54) la rotundidad es menor: “ Todo lo estamental y establecido se esfuma, todo lo sagrado es profanado, mientras los hombres se ven, al fin, obligados a considerar sobriamente su situación y sus relaciones reciprocas”
[9] Acerca de los melenudos recomiendo lo escrito por Pasolini y que se recoge en “Escritos corsarios”: “El ciclo se había cumplido. La subcultura del poder ha absorbido la subcultura de la oposición y se la ha apropiado: con diabólica habilidad la ha convertido pacientemente en una moda que, si no puede ser llamada fascista en el sentido clásico de la palabra es, sin embargo, de una «extrema derecha» real. Concluyo amargamente. Las máscaras repugnantes que los jóvenes se colocan sobre el rostro, tornándose obscenos como las viejas prostitutas de una iconografía absurda, recrean objetivamente sobre sus fisonomías lo que solamente ellos han condenado siempre”
[10]Diversos autores, como es el caso de Althusser y en menor medida Hugo Azcurra, han criticado el peso conferido a la teoría del fetichismo de la mercancía. Frente a dicha posición, somos participe de la afirmación de Marcelo Diaz Carcanholo, según la cual dicha teoría no es un pecado de la juventud hegeliana de Marx, de ser así no se encontraría en el Tomo I del Capital, obra que fue revisada minuciosamente por el prusiano.
[11]Manifiesto contra el trabajo. (2008, 1 noviembre). Krisis. https://www.krisis.org/1999/manifiesto-contra-el-trabajo/
[12]Mercancía, fetichismo y socialismo (1). (2014, 17 noviembre). Rolando Astarita [Blog]. https://rolandoastarita.blog/2014/11/07/mercancia-fetichismo-y-socialismo-1/#:~:text=En%20el%20caso%20particular%20de,uso%20al%20que%20est%C3%A1%20unido.
[13]Visto el elevado desempleo juvenil y los pobres resultados de las distintas políticas para solventarlos, mejores resultados nos hubiese ofrecido realizar ofrendas a San Pancracio.