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República o la coronación de una revolución

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por Yolanda

El periodo que comprende lo que conocemos como transición democrática coincide con el desarrollo de la fase final de la Guerra Fría por lo que fue una pieza clave para esos juegos de poder que acontecían, motivo por el cual existía un gran interés por parte de los Estados Unidos y en parte también por la socialdemocracia alemana en que España no se convirtiese en una república, temiendo el viraje ideológico hacia el Bloque Soviétivo, manteniendo y reforzando así las relaciones iniciadas en 1953 en materia de defensa, relativas al establecimiento de bases estadounidenses en suelo español. Destacando la figura de Henry Kissinger como director en la sombra del rumbo que tomaría nuestro país, pues en aquellos tiempos, mientras Francisco Franco tenía la mano de Santa Teresa en su mesita de noche, la mano de Kissinger dirigía los movimientos de Juan Carlos I cual muñeco ventrílocuo –ya que el futuro Rey de España trabajó como confidente de EEUU dentro del gobierno de Franco, sirviendo a intereses extranjeros en detrimento de España, tal y como escribió Pilar Urbano en “El precio del trono” (2011).

No olvidemos la confirmación por parte del propio Suárez a la periodista Victoria Prego en TVE, en la que pensando que los micrófonos estaban apagados, declaró la manipulación realizada a través de la Ley para la Reforma Política (1977), en la que incluyó la palabra Rey y tiempo después afirmó que la monarquía ya había sido sometida a sufragio en estos términos. Para más inri, los sucesos que tuvieron lugar aquel 23F, contribuyeron enormemente a la limpieza de imagen de Juan Carlos I, convirtiéndose ante la opinión popular en un elemento clave y aparentemente necesario para el establecimiento de un sistema democrático a través de la paz y la concordia. El mismo Adolfo Suárez se encargó de ello, como deja ver en una de sus apariciones televisivas en la que afirmaba que: “cualquier intento de movimientos en cualquiera de los regimientos en cualquier región española, potencialmente que hubiera un Capitán General que estuviera más o menos dudoso de incorporarse o no al golpe de estado y creo que transmitió tranquilidad al pueblo español”.

Hecha así la Restauración Borbónica en nombre del Padre estadounidense y del Espíritu de Franco. Por su parte, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no realiza aquellas conocidas encuestas en torno a la opinión popular y el debate República versus Monarquía, desde el año 2015, afirmando el propio Tezanos, director de esta institución que “es una cuestión que no interesa a los españoles”. Sin embargo, algunos creemos que se debe a la devaluación de la imagen de la monarquía española y al descontento y deslegitimación que ha ido sufriendo a lo largo de estos últimos años. Desde el Gobierno de Mariano Rajoy, hasta el más progresista de la Historia, ni los que rinden pleitesía, ni quienes hablaban del Ciudadano Borbón, han pretendido preguntar a los españoles nada relativo a esta cuestión. El abandono de la propuesta republicana se hizo con el beneplácito, la complicidad y el silencio de los partidos que años atrás defendían esta causa y que a día de hoy afirman seguir abanderando una lucha que cuando tuvieron la oportunidad acabaron abandonando, porque como ya sabemos, “principios tengo, principios vendo”. La memoria nos lleva a esa imagen de Carrillo junto a los símbolos del nuevo régimen, en la que declaraba: “Hemos decidido colocar en la sala del Comité Central, al lado de la bandera de nuestro partido que sigue y seguirá siendo roja, la bandera con los colores oficiales del Estado”. Primera vez que ocurría en el Partido Comunista de España, pero claro, tras años de tempestades, a algunos les llegaba la calma, y sí para ello era necesario renunciar, se hacía. Actitud que continúa hoy día vigente en el seno de estos organismos.

En el caso de España. al observar las dinámicas, propuestas y acciones de los movimientos sociales y organizaciones políticas de tinte republicano, cuya actividad gira en torno a la imagen de una II República derrotada, perpetuando la imagen de los vencidos, sin ápice de crítica con lo que fue y supuso esta etapa, discursos que se mueven entre la pena y el revanchismo –que conducen a la resignación y no hacia la creación y reforzamiento de nuevos frentes. El ideal republicano no debe construirse en base al antimonarquismo –provocado por el anti juancarlismo o anti borbonismo–, ni en base a la imagen de una II República fragmentada y derrotada, sino que la cuestión republicana ha de tener un marcado carácter obrero y nacional, y ha de construirse no en base a la horizontalidad que otorga la oposición a algo –otorgando así un carácter negativo, sino en base a la ascendencia de lo que pretendemos alcanzar como sociedad y las aspiraciones del modelo político. Asistimos al desmembramiento de nuestra nación política y la traición a nuestra clase, por lo que se torna cada vez más necesario la transformación de las relaciones de poder y la desmercantilización de la política.

Necesitamos construir una base que garantice la materialidad de nuestros derechos y adecúen las condiciones, ante esto, la instauración de una república no traerá por sí sola la prosperidad –como se hizo creer con la entrada del Régimen del 78– ésta sólo se podrá alcanzar si el nuevo marco jurídico establece unas bases sólidas y reales que garanticen la efectividad y el alcance material real de unas normas y procesos transformadores del sistema y que no se conviertan en un conjunto de leyes de carácter meramente formal y residual. Ha de llegar como coronación a un proceso revolucionario, patriótico y socialista, siendo la materialización del mismo, y no como una simple reforma o política de parche. Sin Revolución, no habrá República.

El republicanismo, se comienza a identificar con el socialismo por esa herencia de la Constitución Francesa de 1793 (Constitución del Año I), que establecía que sin justicia social no podría haber República. Posee además un elemento igualitarista –la República Socialista– al elevar a la clase obrera a la condición de clase nacional al dotar a las normas, no sólo de eficacia formal, sino material. Tradicionalmente, el republicanismo ha bebido de textos legales de gran trascendencia, que en ocasiones han sido simplemente ejemplos de que las leyes per se, carecen de capacidad transformadora si no se adecuan las condiciones para su materialización. La III República ha de ser un punto de inflexión, una forma de repensar un modelo de país socialista, no socialdemócrata, y centralizado; donde la solidaridad de todos los españoles lleve la prosperidad a cada rincón de España. No se trata de una mera cuestión de gobernanza, ha de ser el momento de construir y aplicar una cosmovisión geopolítica de España en el mundo y que sirva de apoyo y desarrollo de un nuevo modelo social, político y económico. No es lo mismo hacer la política de los medios disponibles, que disponer de los medios para nuestra política.

Transformar las relaciones de poder y la desmercantilización de los derechos sociales, pues no existen derechos si no existen bases que lo garanticen y adecúen las condiciones materiales en función de las circunstancias concretas de un país concreto, en nuestro caso, buscando una vía española hacia el socialismo.

– De la transición a la traición – Re-Generación. (s. f.). https://regeneracionsocialista.es/articulos-premium/de-la-transicion-a-la-traicion/

– PERIFERiA. (2017, 19 septiembre). Suárez reconoció la manipulación del Referéndum Constitucional para consolidar la Monarquía. [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=mVscBHy9piI

– Antonio Hernández. (2017, 22 marzo). Santiago Carrillo asume la bandera rojigualda (1977) [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=zZkaW-3K698 – Tolosa, L., Tolosa, L., & Tolosa, L. (2020, 18 septiembre).

Tezanos rechaza preguntar por la Monarquía en el CIS: ‘’Es una cuestión que no interesa a los españoles’’. El País. https://elpais.com/espana/2020-09-18/tezanos-rechaza-preguntar-por-la-monarquia-en -el-cis-es-una-cuestion-que-no-interesa-a-los-espanoles.html

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