Un análisis de las elecciones a la Comunidad de Madrid.
Por Manuel Planas García.
Las elecciones de la Comunidad de Madrid han sido un tsunami que ha barrido a la izquierda política y que ha consolidado al PP de Díaz Ayuso, siendo el partido más votado en 177 de los 179 municipios que hay en la Comunidad, además de ser el partido más votado en todos los distritos de la capital, incluido en Villa-Vallecas, un hecho histórico. Estas elecciones han roto con dos mitos que se pregonaban como verdades. El primero de ellos, es que a mayor participación mejor resultado para la izquierda. Tradicionalmente se pensaba que el electorado de izquierdas era un electorado poco movilizado, un electorado al que le costaba encontrar la motivación y las ganas suficientes para ir a votar. Es por eso que, durante la campaña, partidos como Unidas Podemos apelaban constantemente a la participación y a la movilización ciudadana.
“Que hable la mayoría” fue el lema usado por Podemos, y así ha ocurrido, pero no como ellos esperaban. La participación ha sido histórica, la más alta en unas elecciones autonómicas en Madrid. La participación se sitúa por encima del 76 %, mientras que tan solo dos años antes, en las elecciones autonómicas del año 2019, la participación fue del 64 %, unos doce puntos menos que las elecciones celebradas dos años después. La mayoría ha hablado, otorgando a la derecha la mayoría en la Asamblea de Madrid. Otro mito que ha caído es el famoso cinturón rojo de Madrid, que ahora es azul con un ligero toque verde. Las zonas más humildes y las ciudades periféricas de la capital, sobre todo las que se sitúan al sur (Fuenlabrada, Parla, Pinto…), han sido históricamente un caladero de votos para la izquierda. Podemos observar cómo ha sido la evolución del voto en Parla, uno de los municipios del famoso cinturón rojo. Parla es una ciudad obrera a 30 minutos al sur de Madrid, de unos 130.000 habitantes. La izquierda siempre ha obtenido más del 50% de los sufragios, hasta hoy.
En las elecciones autonómicas del 2015, el bloque de izquierdas sumaba el 58,5 % de los votos, en el año 2019 las izquierdas sumaban el 57,5 % de los sufragios, mientras que en estas últimas elecciones el bloque de derechas ha superado por unas décimas al de izquierdas, situándose la derecha en el 48,87 % de los votos y la izquierda en el 48,81% de los votos. Parece que la derecha está consiguiendo penetrar en los barrios obreros que históricamente han votado a la izquierda. El resultado del PP ha sido bastante trasversal, obteniendo unos buenos resultados prácticamente en todos los municipios de Madrid. Sin embargo, Vox, que ha obtenido el 9 % de los votos en la Comunidad, en barrios de tradición obrera ha obtenido su mejor resultado. Mientras que en el barrio Salamanca Vox obtenía el 10,3 % de los sufragios, en Parla Vox adelantaba a Podemos, obteniendo un 12 % de los votos.
Durante la campaña se escuchaba cómo Rocío Monasterio, presidente de Vox Madrid, tildaba a la izquierda de ser una “izquierda caviar” y, nos guste más o menos Rocío, razón no le falta. Ha surgido una nueva izquierda pija malasañera cuyas preocupaciones son las energías verdes y la autodeterminación del género. La gente de la calle ve que las ayudas prometidas por “el gobierno más progresista de la historia” no están llegando. El gobierno está más preocupado por subir el IVA a las bebidas azucaradas y por prohibir el diésel que por los problemas reales de la gente. La ciudadanía quiere llevar una vida normal, la gente quiere trabajar, tener una casa y que le llegue para pagar el alquiler y que sus hijos tengan como mínimo tres comidas diarias.
Los trabajadores quieren ir al bar con los colegas después del curro sin que la izquierda posmoderna le criminalice. El PSOE ha vendido la «E» de España para luego vender la «O» de obrero. Solo los ricos se pueden permitir el lujo de no tener patria, y el PSOE ha vendido España para, en un segundo lugar, vender a los obreros. Mientras en estos días se debate la “ley trans”, miles de familias no llegan a fin de mes.