por Antonio R.M.
La sociedad posmoderna occidental se basa en la falsificación de la realidad. A modo de distopía, utilizando sus medios de comunicación maquinan un relato.
Ahora vemos como en esta catástrofe de la DANA ni siquiera los medios convencionales, sus instituciones siquiera saben estar a la altura para dar una ayuda que sirva al menos para proteger al compatriota-ni que decir tiene todo lo que ha perdido-. Ante todo, como españoles y mínima decencia humana: Nuestro homenaje a todas esas víctimas. Otra vez como en cada catástrofe solo el pueblo salva al pueblo. Un problema que da la vuelta al mundo, pero nuestros políticos desde sus poltronas ven como todo cae. Solo nos queda confiar en el buen hacer de voluntarios, de la UME, de gente sacrificada dispuesta a dar la vida por sus semejantes. ¿Pero ante quien pedimos responsabilidades?
Todo cae y ellos no hacen nada, la apatía y la dejadez como la tónica cotidiana. Su silencio es cómplice.
Esta sociedad enferma da miedo. Todo colapsa: caza de brujas, ajustes de cuentas en la clase política, desmembración de una alternativa que sea realmente socialista (o ya ni eso, un mínimo ápice de búsqueda de justicia social) en donde la moral brilla precisamente por su ausencia, no cuidan de su pueblo nuestros responsables, más bien se preocupan de gestionar un cortijo que cada vez es menos suyo sino del amo que vive lejos de España. Los medios de comunicación son ese cuarto poder perfecto para manejar la opinión. Pero gracias a Dios parece que les está dando rabia perder esa hegemonía frente a otros medios y creadores de contenido alternativos. A los que obviamente tacharan de constructores de bulos sin miramientos de ningún tipo, sin pruebas sin medir los daños colaterales. Como pudimos ver recientemente en el programa de la Sexta titulado «Conspiranoicos».
Se dedican a hacer una acusación pública sin pruebas al más puro estilo dictatorial, a personas todas ellas casi sin vínculos personales e ideológicos entre sí. De las más diversas sensibilidades políticas ¿Su gran pecado? Contradecir con artículos, videos en redes sociales, investigaciones autónomas, valiéndose de datos de primera mano para destruir el relato del occidente liberal y globalista. Este justifica una guerra imperialista utilizando como títere a un país débil y corrupto como Ucrania para batir a un rival geopolítico como Rusia. Su táctica es la demonización del rival con el pretexto de acabar con un «enemigo de la democracia, el mundo libre y el orden global basado en reglas” … las reglas impuestas por EEUU, básicamente.
El núcleo de esta cuestión es que, de forma indirecta, instigaron prácticamente al crimen al acusar sin pruebas a una serie de personas de ser “propagandistas de Putin”. Curiosamente estas personas destacan por ser gente normal y sin cota de poder alguno, pero muy escuchadas y seguidas por miles de personas de todo el mundo en sus canales de Youtube, redes sociales y otros rincones del ciberespacio. Una muestra más de que las furcias mediáticas y la ideología dominante ha perdido la batalla en la opinión pública que ahora se nutre de información en otros lugares que no son los periódicos o la telebasura. Para muestra está la patética audiencia que recogió dicho programa, que le salió el tiro por la culata y que sus redes sociales han sido inundadas de malos comentarios.
El resumen es que se está alentando al odio contra el disidente político de este sistema occidental-liberal que presume de todo lo que carece. Señalando como criminales a quienes ni siquiera han intentado desmontar a base de argumentos y documentos. Nada nuevo en el circo mediático de las alimañas occidentales, que estas sí viven del dinero de la OTAN y los fondos de inversión extranjeros.
Sin duda alguna vivimos en un neo puritanismo al más puro estilo de corriente protestante, ¡De las más rancias, eh! Época de fundamentalismo religioso, dónde quienes eran más papistas que el papa, ahora son pasados por la hoguera, como le pasó al señor Errejón. ¿Y de verdad os creéis los cínicos discursos de las Maestres y demás “grupis” (o geishas) -expertas en el arte de callar como putas y encubrir- de este pseudo-feminismo? Que no es feminismo ni es nada que se le parezca, son peores que esa Iglesia rancia y reaccionaria que para salvar su imagen y “estatus quo” encubre violaciones y a auténticos impresentables.
Es un trampantojo de esta parodia de mal gusto llamada posmodernidad que, sirviéndose de la patológica obsesión por protestar, encubren la gran realidad del malestar de la clase trabajadora, su falta de organización, su debilitamiento, su empobrecimiento y pérdida de derechos. Al mal tiempo buena cara-dicen- y por eso celebran algunos la víspera del día de todos los santos disfrazados de Millhouse (“All hallows eve”, lo que desde hace unas décadas de colonización cultural lo asociamos a pedir chuches, vestirse de “monstruo”… ese grotesco carnaval de Octubre llamado “Halloween”). O quizá el mal de muchos es consuelo de tontos. Sea lo que fuere se está viendo lo que tantos ya nos olíamos y otros desde sus canales de difusión han advertido. La vuelta del señor Iglesias a la política es inminente, no es algo que deba darle miedo a quien temía la revolución bolchevique; no obstante, con qué nos va a venir ahora ¿Con que esta vez sí? ¿de verdad de verdad que la vas a liar? Cuéntaselo a Pedro. Desde luego nos muestra su capacidad para mover a sus contactos más cercanos, que su mafia sigue operativa para hacerse cazas de brujas entre ellos y esta vez fue el idiota de Iñigo Errejón quien cayó. Pena ninguna, ¿Y cuántos están por caer?
Más caerán, pero señores ¿De verdad nos sorprende? después de casi 50 años de régimen del 78 con una clase política putera y vende patrias… Ah espera… es que estos que eran más puritanos que nadie con su discurso lo cambiarían todo. Inocentes, dice el refrán que el infierno está lleno de buenos predicadores y dime de qué presumes y te diré de qué careces. Se suceden desastres y lo que te pido lector, es que seas consciente de ello. Que observes a tu alrededor y tomes partido, porque todo colapsa y tú formas parte de esta realidad decadente de la que todos nos vemos salpicados.