Revista de ideas para gente con ideas

REVISTA DE IDEAS PARA GENTE CON IDEAS

Entre el Quiero y No Puedo: “La Satírica Historia de los Sucesos de la Facultad de Derecho”

¡Comparte este post!

«Bienaventurados los desengañados, porque ellos serán compatibles con la realidad», dice con un tono sarcástico Jesús G. Maestro en uno de sus vídeos. No precisamente los sacados de contexto. Esta frase, como tantas otras del profesor, es una crítica ácida y satírica de una sociedad enclenque, precaria y, sobre todo ideologizada bajo parámetros posmodernos, idealistas y liberales (como si no se tratase de elementos conexos). Tal y como nos quieren mantener las élites dominantes, de las que algunos, aunque digan lo contrario, forman parte.

Este breve artículo no es más que una ocurrente crítica a la estupidez humana que prefiere seguir tropezando mil veces con la misma piedra antes que bajarse del burro, o al menos dejar de ser ese burro que carga sin saber ni a quién ni a dónde.
Esta es la historia de “los sucesos de la facultad de Derecho”, donde intervienen personajes tan peculiares como los de una epopeya, aunque inspirados en hechos reales. Un relato que tuvo lugar en el corazón del pueblo español, experto en hazañas universales así también en las formas más intestinas y rencorosas de autoboicot.

A modo de flashback, la historia comienza con un grupo de chavales tan variado como la Comunidad del Anillo: diferentes edades, ideales, orígenes… pero con un objetivo común, destruir el anillo de la cancelación y el sectarismo ideológico. Romper la cámara de eco en la que se había convertido la Universidad. La historia transcurre en el clima de una ciudad histórica, Granada, faro cultural por su prestigiosa alma máter, la Universidad de Granada. Al igual que Salamanca y otras tantas de España y el Nuevo Mundo que descubrimos, Granada se ha erigido siempre como símbolo del saber, sin embargo, encontramos seres desarraigados que reniegan de su raíz avergonzados del ser español, deseosos – incluso con cierto morbo – de recibir lecciones de identidad ajena, siempre importada.
Esta ciudad, que un día fue cuna de una Nación histórica, vive hoy en una lenta pero constante decadencia. La pérdida de rumbo y de identidad ha convertido a Granada en un escaparate para el ocio superficial y el turismo masivo y la gentrificación de sus barrios, donde su cultura y su historia se han convertido en meras postales. Todo ello devorado por la modernidad líquida – o mejor dicho, posmoderna e incluso endófoba – , en tiempos donde lo propio se desprecia y lo ajeno se idealiza. En este escenario contradictorio, se desenvuelven nuestros protagonistas: entre ruinas simbólicas, luchas ideológicas y el deseo de reconectar con una verdad olvidada.
Cómo no, esta decadencia también afecta al ámbito político, donde, antaño, existía más beligerancia o al menos una mayor combatividad ideológica. Hoy las ideologías revolucionarias auténticas, aparecen como representaciones grotescas y «performáticas» (neologismo, claro), que evocan la torpeza de tiempos pasados. En este panorama, algún iluso trasnochado se empeña en recrear épocas glorificadas, rellenando el vacío de los tiempos contemporáneos con discursos vacíos y mal construidos además. Es cierto que, a veces, la historia se repite como el chorizo, y parece que nos tocó la parte graciosa, la de la farsa. Estos revolucionarios de café – en clara referencia a lo que tomaba alguno de sus líderes mientras sus milicias intentaban combatir el fascismo – , limitados a la revolución de las pancartas y los eslóganes twitteros se quedan atrapados entre el «quiero» y «no puedo».


En este contexto de desconexión, precariedad y desafección política, es cuando este grupo de personajes dispares, pero decididos, agitó las aguas estancadas de la universidad. La idea de debatir sobre el feminismo llevaba tiempo gestándose y como es lógico, los temas tratados eran desde posturas antagónicas, y ahí es donde radica la esencia y necesidad del asunto. De lo contrario, lo que presenciamos sería una constante masturbación política e intelectual, donde cada uno se da placer a sí mismo basándose solo en su propio ombligo. Recordar además, como una de las organizaciones abandonó la financiación y el montaje del acto de la manera más rastrera, pretendiendo aparecer en los créditos finales, pero haciendo un feo al resto de los organizadores, que sí pusieron su tiempo, dinero y disposición, porque recordemos también, no se contaba con financiación pública como sí otras “asociaciones” que luchan contra el sistema.
Por una parte, estaban las llamadas “terfas” – nombre que suena más a criatura mitológica del Hades que a activistas feministas – , seres supuestamente repletos de odio por no conceder la categoría de mujer a ciertos hombres muy seguros de lo que no son… o de lo que intentan parecer. Poco importa si son heterosexuales, lesbianas o bisexuales; al fin y al cabo, ser hombre o mujer es hoy – según nos repiten – una cuestión de sentimiento, y ni ellas, ni la biología, deberían entrometerse en ese camino sagrado que une percepción subjetiva y realidad objetiva. ¡Faltaría más! Ponentes como Tasia Aránguez estaban dispuestas a debatir con quien hiciera falta, aunque no prestó la misma disposición algún pro queer que en su momento se negó. No diremos su nombre, ¿qué más da? Tampoco es necesario mencionar a esos cobardes que se autodenominan de «izquierdas» y luego son los primeros en joder a sus compañeros en el trabajo.

Uno de los más polémicos, el Rey de los Reaccionarios para algunos, acusado de blasfemia por juntar rojigualdas con hoces y martillos. Un «maldito» a los ojos de los más puristas del Sanedrín de la izquierda institucional española, que, cuando quiere, se muestra internacionalista y, cuando le conviene, no duda en coquetear con los nacionalismos étnicos más excluyentes y racistas que aún sobreviven dentro de España. En fin, todo con el pretexto de que, en realidad, lo que hay que destruir es el Estado… aunque esto parece únicamente aplicable al Estado español. En realidad, no nos engañemos, lo suyo es el cantonalismo emocional. Y claro, ¿cómo no iban a coronarlo como “reaccionario”, si su rechazo al feminismo como un movimiento distractor y divisor de la clase obrera era frontal, sin matices y absolutamente provocador?
Los demás se sumaron casi por inercia – o, como apunta el Evangelio de San Mateo, “por añadidura”. Y ya se sabe: quien busca, encuentra. Ellos encontraron… y vaya si encontraron.

Entre todos, destacaba una figura aún más singular: el ser más enigmático del grupo. Algunos aseguran que es reptiliana; otros, que comparte ancestros con criaturas de sangre fría. Ha estado en formaciones políticas como Vox… sin ser del todo conservadora, organiza actos junto a prostitutas (aunque pensándolo bien, eso tampoco resulta tan contradictorio). Antifeminista, su quinta esencia, aunque categorizable en un feminismo liberal-conservador. Tenía claro que este debate de una forma u otra iba a ser su momento y no por las ideas, sino por el espectáculo, por el morbo, que parece ser lo único relevante hoy día. Y vaya si lo fue, como esos viejos rockeros que se lanzan al público desde el escenario, buscando una última ovación, como dijo algunos de los asistentes, “se hizo un Kurt Cobain” o más bien “estaba en un concierto de los Siniestro Total”.


No tardaron en encenderse las alarmas de grupúsculos de la ¿extrema izquierda? Llamarlos así sería hacerles un favor a las cucarachas de la derecha neoliberal, antiobrera y antiespañola, que no defenderán la soberanía de su pueblo ni en sus mejores sueños. Podemos llamarlos como lo que son, “la extrema necesidad de querer llamar la atención”. Ni siquiera son el movimiento «antifa» que dicen encarnar, no hablo de aquellas tribus urbanas de hace 20 años – que por cierto, poco tenían que ver con el fenómeno histórico de los años 40– . Estos por el contrario son… difíciles de definir. Una vorágine de siglas, que curiosamente son escisiones de escisiones, cual parodia de La vida de Brian, convencidos de estar destruyendo al Imperio Romano. Efectivamente, están esperando que lleguen los soldados romanos de la UIP. Exacto, viven en su propia película. Y cuando la realidad no alcanza para justificarse, se esconden bajo el relato. Un relato tan simplón que solo cabe en panfletos o en algún artículo de un pseudocomunista trasnochado que utiliza palabras que ni ellos mismos entienden y citan a autores que la mayoría ni han leído.


Así, poco a poco, no se dan cuenta de que, aunque aún se hacen llamar “la izquierda”, han dejado fuera tantas causas y personas que ya no representan ni a su sombra. Incluso personas que estuvieron en sus filas empiezan a ganarse el descrédito. Al final, en su estúpida huida hacia adelante, han dejado fuera del tablero a mujeres abolicionistas y, lo que es peor, a la misma lucha de clases – la lucha de la clase trabajadora contra los capitalistas, por si quedaban dudas – .
Estos «estudiantes» hicieron lo mejor que podían hacer: dar publicidad. Lo que iba a ser un debate más entre tantos que han tenido lugar en la Universidad – como los organizados por y para discrepantes, con invitados como Javier Villamor, Laureano Luna o los policías Samuel Vázquez y Josema Vallejo – terminó convertido en un acto mediático. Claro que no sin manipular, tergiversar y dramatizar el discurso, claro, porque ellos viven por y para ello, como la canción de Andrea Bocelli. Ya no se trataba, según ellos, de un debate: era la antesala del apocalipsis. Una cumbre del “eje del mal” donde – palabra de panfleto – querían destruir la Navidad y secuestrar al Niño Jesús.


El espectáculo estaba servido. Los idiotas empezaron a llenar de carteles la ciudad – plot twist: solo la Facultad de Ciencias Políticas, centro neurálgico de su extensa galaxia mononeuronal – con carteles que pretendían incendiar las redes sociales con su amenaza: “¡Fuera reaccionarios de la Universidad!”, como si ellos no lo fueran. Los mismos que pretenden luchar con acciones para ellos revolucionarias contra el sistema, son los mismos que después piden perdón a papá Estado sin asumir las represalias como parte de la entrega a la causa revolucionaria – no olvidemos a Gramsci o a Miguel Hernández – , es lo que tiene andar como pollo sin cabeza, te deja al mismo nivel lírico de alguna canción de cierto rapero que dice ser de izquierdas y que piensa que drogarse es revolucionario, esos que van de rojos y luego tienen denuncias de mujeres a las que no respetaron.
Todo esto, por supuesto, salpicado de insultos y descalificaciones, confiando en que la policía no los pillara (spoiler: sí lo hizo). Y, como era de esperar, los primeros en aparecer fueron los agentes de la UIP. Justo lo que querían. Estos “antisistema” de escaparate, formados por un elenco de organizaciones que sumaron como mucho 50 personas en la puerta de la facultad, mientras algún que otro jerarca de esos grupos, no olvidemos, se tomaba un café en la placita de Derecho, dejando que los militantes base asuman la carga policial y las posibles multas. Nada nuevo bajo el techo: todos son iguales, pero algunos más que otros.

La política astuta se lanzó al redil para ver si podía pasar, hubo ajetreo, y comenzó la intervención policial. Al final, solo detuvieron a dos personas que se pelearon con los agentes. Mientras uno de ellos se quitaba la capucha – y el pasamontañas, no olvidemos que esta gente va siempre de frente y esas cosas – de la forma más ridícula, se podía ver que el estudiante detenido tenía más canas que un padre con hijos, juventud, divino tesoro. Sacado de un mitin de La Falange, el partido residual de frikis liderado por Manuel Andrino. Una vez que se sacaron a los más grandes, que podrían haber ofrecido resistencia, el resto fueron sacados sin necesidad de porras. Todos los videos están en las redes. Y el acto se terminó celebrando. Los detenidos fueron liberados como Barrabás, papá les dio permiso para volver a salir.
Este esperpento muestra la degeneración de cierto sector de la izquierda en este país. Por falta de discurso y legitimidad, se suben al carro del sensacionalismo más cutre, jugando a ser víctimas de manera fallida y quedando ante el gran público como unos ridículos absolutos, siendo el hazmerreir, buscando como locos a un abogado y vendiendo al público que tuvieron dos detenidos, que no tardaron en liberar, y a quienes la gracieta les ha salido cara. Desde luego más que el precio de un café. Grupúsculos que cada vez están más inactivos en las reivindicaciones sociales del pueblo español. Y nos preguntamos muchos: ¿Dónde coño queda el “no a la guerra”? ¿Dónde quedó el escrache a la cumbre europea que se celebró en Granada? Todo se queda en una manifestación pactada cómo no, donde le convenía a la Subdelegación del Gobierno: en las afueras. El ruido está bien lejos de la ciudad. Estos “ingenuos» critican a la socialdemocracia sin darse cuenta de que son sus aliados, o peor aún, sus tontos útiles. Son un subproducto cultural de una izquierda desnortada que ha dejado el control en manos de la socialdemocracia, esa pata izquierda del capitalismo en esta última fase, aborto de Occidente, el realmente existente. No dejan de ser podemitas disfrazados con hoz y martillo. Y aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Como pequeño paréntesis es curioso que se ataque a Santiago Armesilla desde supuestos espacios comunistas, pero ninguno se atreve a desmontar sus tesis. ¿Será el miedo a la confrontación real? Tal vez la ausencia de capacidad argumentativa, les vale más colgarse la medallita revolucionaria, que cualquier tipo de batalla ideológica. O peor aún, ¿no será que a algunos les jode reconocer que ya no van reconociendo derechos de autodeterminación para Cataluña y País Vasco por algo o alguna influencia…? En definitiva, por todas sus contradicciones expuestas viven entre el quiero y no puedo.
Desde luego que este pequeño suceso levantó ampollas, y contradicciones en lo que se refiere a la izquierda en este país, a cómo está el patio político en general: siendo por desgracia un puñetero meme. Lo cierto es que todavía queda mucho por recorrer; no obstante, poco a poco se van dando pequeños pasos que no pasan desapercibidos y que están despertando molestias.

Si el río suena es porque agua lleva.

¡Comparte este post!