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Crítica a la idea de individuo en la vida política.

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Por Iván Calleja Galisteo.

En este ensayo abordaré una crítica a la concepción individualista en la vida política,
planteando que dicha concepción es un imposible ontológico, ya que el «individuo ni existe,
ni puede existir» en este ámbito. El «individuo», tal como lo entienden muchas corrientes
modernas —particularmente liberales incluyendo a las izquierdas indefinidas, también
anarcocapitalistas y minarquistas—, es un sofisma que encubre las verdaderas estructuras de
dependencia e interrelación que subyacen a toda organización social. Este concepto, utilizado
habitualmente por quienes defienden visiones reduccionistas de la libertad individual, ignora
que el sujeto que toma conciencia en la vida política se desenvuelve en un mundo
históricamente condicionado y socialmente interdependiente. Dicho de otro modo, el
individuo está «sujeto» a su entorno y no existe de manera aislada ni en términos históricos,
ni ontológicos, ni políticos.
Aristóteles, ya en La Política, definía al hombre como un «zoonpolitikón», es decir, un
animal político o cívico, cuya naturaleza se realiza únicamente en comunidad. El filósofo
griego afirmó que «el hombre que no vive en sociedad es un dios o una bestia», dejando claro
que la vida fuera del marco social no es factible para el ser humano ordinario. Esta afirmación
es más que una observación filosófica: es una base fundamental para comprender la
naturaleza política del ser humano. Al interpretar al hombre como un ser esencialmente
comunitario, Aristóteles rechaza de raíz cualquier idea que proponga al individuo como un
ente aislado y autosuficiente. El concepto de individuo que subyace en el liberalismo
moderno, por tanto, es incompatible con la naturaleza social del ser humano.
La idea moderna de «individuo», entonces, debería trasladarse al ámbito de las ciencias
biológicas, ya que en el campo político carece de sentido. En la biología, el individuo es una
unidad fisiológica, pero en la política, las personas no son simples entes autónomos, sino
agentes insertos en una red compleja de relaciones sociales, económicas, jurídicas, culturales
y políticas. La política implica necesariamente la existencia de derechos, deberes y
convivencia en sociedad. Por lo tanto, el término individuo aplicado a la vida política se
vuelve inoperante; no existe un «individuo» en política, sino personas inmersas en un
entramado de relaciones comunitarias cuyo origen de la palabra se remonta al teatro romano,
donde los actores ocupaban máscaras del latín «Persona».
En resumen, el individualismo, tal como lo conciben las doctrinas liberales, no puede
sostenerse en el ámbito político sin caer en contradicciones fundamentales. Sin embargo, esta
noción individualista tiene una base histórica y sociológica, al menos en los términos en lo
que respecta a fenómenos de alienación. En este sentido, podemos entender al «individuo»
como un fenómeno cultural y social derivado de la alienación descrita por Karl Marx.
Gustavo Bueno por otra parte introduce el concepto de «individuo flotante», desarrollado
más tarde por el psicólogo Marino Pérez Álvarez en su obra cuyo título es precisamente ese.
Este concepto hace referencia a la condición del sujeto alienado en las sociedades
contemporáneas, donde el obrero produce bienes cuyo valor no le pertenece, generando una
desconexión profunda entre el trabajador y su trabajo. Este proceso de alienación es central
para entender la naturaleza del «individuo» en el contexto de la economía del modo de
producción capitalista.
Este «individuo flotante», desarraigado de su entorno y alienado de la comunidad, representa
una manifestación concreta del fenómeno más amplio del fetichismo de la mercancía, como
lo expuso Marx en su crítica de la economía política El Capital. En este proceso, el producto
del trabajo humano se convierte en algo ajeno, en una mercancía que parece existir de manera
independiente de las relaciones sociales que la produjeron. Es la diferencia existente entre el
valor de la fuerza de trabajo que vale el obrero y el valor que esa fuerza de trabajo produce
para esa estructura económica de la modernidad, no solo para el capitalista sino para toda la
estructura económica del modo de producción. El trabajador, por lo tanto, se ve separado de
los frutos de su propio esfuerzo y queda atrapado en una dinámica que refuerza su alienación.
Este fenómeno tiene profundas implicaciones no solo para la economía, sino también para la
vida política, ya que el sujeto alienado es incapaz de participar plenamente en la comunidad
política.
En este punto, es útil introducir la idea del «individuo hidropónico» propuesto por Alicia
Melchor Herrera. A diferencia del «individuo flotante», el hidropónico carece de cualquier
enraizamiento en la comunidad, la moral o la ética. Este concepto refleja una forma de
alienación más profunda y sutil, que se manifiesta en las sociedades contemporáneas,
caracterizadas por un mercado saturado de mercancías. El sujeto hidropónico no tiene
conexión con su tierra, nación, religión o clase, lo que lo convierte en un ser «líquido», tal
como lo describió Zygmunt Bauman en su análisis de la modernidad líquida publicado en

Éste sujeto a la deriva acumula empleos precarios y transitorios, produciendo plusvalor para
el capital, pero sin integrarse en una comunidad estable o ejercer solidaridad con otros. El
individuo hidropónico, al no tener raíces, tampoco puede construir una identidad coherente.
Es un sujeto sin pertenencia, incapaz de ejercer la solidaridad y desprovisto de una identidad
definida incluyendo en retiradas ocasiones al propio sexo. Es, en definitiva, el prototipo del
individuo liberal, una «deconstrucción del ser humano por usar el término postmoderno de
Derrida», defendido por las doctrinas económicas actuales. Como señala Paloma Hernández
en su obra El fin de la izquierda (2024), este individuo se asemeja a la mónada leibniana, una
sustancia simple e indivisible que existe en aislamiento absoluto. Las mónadas, según el autor
de la Monadología Gottfried Leibniz, no tienen partes ni pueden interactuar entre sí, pero
están sujetas a un cambio interno constante. Esta imagen filosófica es útil para entender cómo
el individuo hidropónico es, en última instancia, una construcción vacía, sin vínculos reales
con su entorno social o político.
Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904-1905), ya había
identificado el papel crucial del calvinismo en la consolidación del capitalismo moderno.
Weber sostiene que la ética protestante, con su énfasis en la predestinación y el éxito
individual como signo de favor divino, fue un factor determinante en el desarrollo del ethos
capitalista. La racionalización del trabajo y la acumulación de riqueza promovidas por el
calvinismo contribuyeron directamente al desarrollo de un sistema en el que el individuo, tal
como lo entiende el liberalismo, se percibe como un sujeto autosuficiente y responsable de
su propio destino. Este ethos capitalista, sin embargo, oculta las estructuras sociales que
condicionan y limitan la acción personal, reforzando la alienación del sujeto. Spinoza por
otro lado en su Ética demostrada según el orden geométrico, rechaza de manera tajante la
noción de que somos «dueños» de nuestro cuerpo. Para Spinoza, no somos más que
manifestaciones de la naturaleza y, por tanto, no existe una división entre mente y cuerpo,
como sugería el dualismo cartesiano. En definitiva, no podemos ser «dueños» de nuestro
cuerpo porque somos nuestro cuerpo, y nuestras acciones están determinadas por nuestra
relación con el mundo-entorno, no por una autonomía individualista. En términos políticos,
esto significa que el individuo no puede separarse de las relaciones sociales que lo
determinan, y que la libertad no es una cuestión de independencia, sino de comprender
nuestra interconexión con el mundo que nos rodea. «Conciencia de la necesidad» diría de
nuevo el filósofo neerlandés. Este argumento por otra parte tritura las declaraciones que con
frecuencia el «sujeto hidropónico» declara al pronunciar su cuerpo, este quedaría en este
sentido como otra mera mercancía más, aparte de él mismo y aquí el dualismo en el que están
insertos.
Para Karl Marx, la alienación es un fenómeno esencialmente económico, pero con profundas
implicaciones sociales y políticas. El trabajador, al estar separado de los productos de su
labor, pierde su conexión con el proceso productivo y, por extensión, con la comunidad. Esta
desconexión genera un estado de enajenación que afecta todas las esferas de la vida,
incluyendo el ocio, que en el capitalismo se convierte en una mercancía más. El trabajo, en
lugar de ser una actividad creativa y realizadora, se reduce a un medio para ganar dinero,
reforzando así la dependencia del sujeto respecto al patrón, el empresario y del modo de
producción capitalista. El individuo, lejos de liberarse a través del trabajo, queda atrapado en
una dinámica de explotación y alienación. Pero como dice José Miguel Villarroya: «¡el ocio
es un derecho revolucionario!» Recordando que, aunque este sea completamente
mercantilizado no debe de perder su esencia. En este contexto, es relevante considerar cómo
las doctrinas económicas liberales, especialmente las de la escuela austriaca a través de la
teoría marginal del valor o teoría del valor subjetivo, promueven una visión idealista de la
«persona» la cual bajo una concepción materialista no tiene ningún tipo de sentido en la vida
política.
Economistas liberales como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Murray Rothbard o
Milton Friedman entre otros, desarrollan una concepción de libertad individual que ignora
las realidades sociales y colectivas. Este enfoque, heredado tanto de la tradición británica
clásica de Adam Smith y David Ricardo, como también de los autores de la escuela
neoclásica, desarraiga la economía de la política, transformándola en una herramienta al
servicio del capital. Esta separación entre economía y política fue consolidada por primera
vez en el año 1890 por el economista neoclásico Alfred Marshall, quien no en etic, pero sí en
emic trató de «desideologizar la disciplina» Pero la disciplina se ideologizó mucho más que
antes incluso. Permitiendo que ejerciera una influencia ideológica dominante sobre la
política, favoreciendo por supuesto al Gran Capital.
El resultado de esta secularización es una «catástasis» o bien un «lisologismo» de la
economía política, por decirlo bajo el término de desenlace dialéctico de Gustavo Bueno, en
la que la economía se convierte en una ideología que justifica y perpetúa el modo de
producción capitalista. En este sentido, el concepto de «individuo» es una construcción
ideológica liberal, al servicio del capital, que oculta las verdaderas estructuras de poder y
explotación que subyacen en la vida política y económica en el mercado pletórico de
mercancías.
Para concluir, la concepción individualista de la vida política es un sofisma más que no puede
sostenerse desde una perspectiva materialista de la vida política. Aristóteles y el propio
Platón antes que él y tal vez de una forma socialista en su República, subrayaba la necesidad
de la vida en comunidad, mientras que autores contemporáneos como Karl Marx, Max Weber
o Zygmunt Bauman demuestran cómo la alienación del individuo moderno es una
consecuencia directa del desarrollo del capitalismo. La idea del individuo como entidad
aislada es, en última instancia, un imposible ontológico en el ámbito de la vida política. La
política, por definición, requiere de la interacción y cooperación entre personas; un sujeto
aislado no puede participar en ella de manera coherente. Así, la crítica al individualismo no
solo es una cuestión filosófica abstracta, sino una urgencia política concreta en la actualidad.
Bibliografía


Aristóteles. (2023). Política. Gredos.
Bauman, Z. (2022). La modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Fusaro, D. (2023). Karl Marx y la esclavitud. SND Editores.
Hernández, P. (2024). El fin de la izquierda. Sekotia.
Spinoza, B. (2023). Ética demostrada según el orden geométrico. Gredos.
Weber, M. (2021). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Alianza.
Armesilla, S. (2018). La economía en 100 preguntas. Nowtilus.
Armesilla, S. (2019). Breve historia de la economía (2ª ed.). Nowtilus.
Armesilla, S. (2020). La política en 100 preguntas (2ª ed.). Nowtilus.
Armesilla, S. (2024). Lenin. El gran error que hizo caer la URSS. Almuzara.

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