Revista de ideas para gente con ideas

REVISTA DE IDEAS PARA GENTE CON IDEAS

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Por David de Quevedo


El propósito de este artículo es la reflexión por parte del lector sobre el sistema democrático y sobre su incidencia en la igualación política y sociológica de las personas que, nominalmente, viven en uno.

Desde la Atenas de Pericles con los aportes de Solón o de Clístenes, la democracia ha sido un sistema completamente heterogéneo y desigual a lo largo de su historia. En Grecia, uno de los propósitos principales del sistema democrático era el mantenimiento de la soberanía de la polis y la impedancia de la ley local, pues cada polis emitía su propia legalidad y sus propias relaciones sociales, militares y políticas. La democracia ateniense sería hoy vista con muy malos ojos por los demócratas contemporáneos por ser limitada y restrictiva, pues sólo los ciudadanos hombres adultos que hubiesen finalizado su educación militar podían acceder a ella. Esclavos, mujeres y metecos no entraban en esa categoría. La democracia de Atenas, si bien contaba con fallas y desajustes políticos que muchos criticaron ─como prácticamente cualquier sistema de Estado en un tiempo concreto─, sí garantizaba el predominio de la ley y el proseguimiento de la civilización griega; su eutaxia, en palabras de Aristóteles. Y eso que, curiosamente, unos años antes pero en especial tras la muerte de Platón (427a.C..-347a.C.) en Atenas aumentó el número de extranjeros con Dioses, tradiciones y herencias distintas no sólo a la de Atenas, sino a la de toda Grecia; lo que acentuó la actitud de rechazo en un buen número de griegos.

Cuando la democracia traspasa fronteras y está por encima de los Estados
No obstante el ideal democrático contemporáneo nada tiene que ver con el ateniense, y hoy nos encontramos en un proceso político harto distante. El ideal democrático ha sido especialmente recuperado en 1948, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y firmada la Declaración Universal de los Derechos Humanos a través de la Organización de Naciones Unidas, por parte de un conglomerado de países de corte liberal. No así la URSS, Arabia Saudí o Sudáfrica, entre otros, que se abstuvieron.

El ideal democrático fue por vez primera relacionado con la visión liberal de los Estados que, valiéndose del derecho a voto político, se contrapusieron a regímenes autoritarios políticamente competidores. Esta visión de la nueva democracia liberal supuso, y hoy día sigue suponiendo, el arma propagandística más grande, mejor pensada y mayormente desarrollada de toda la historia de la geopolítica. El ideal democrático liberal no cuenta con un precedente en la historia humana. Pero la democracia liberal no es un sistema de funcionamiento político que se haya aceptado libremente, sino que ha sido implantado en Europa aprovechando su debilidad postguerra para que el sistema americano quede implantado en toda la esfera de este continente. El Plan Marshall es la semilla que se hizo germinar para la expansión de la democracia liberal y para lograr una Europa subordinada a los Estados Unidos; para la implantación de la pax americana. Pero por pax no entendemos necesariamente orden ─menos todavía orden soberano─, sino sumisión a quien ha logrado establecer su pax. Pero el ideal democrático liberal efectúa su impregnación también en las mentes de las personas que viven en él ─y de él─. Casi todas las naciones europeas de hoy, por ser democráticas, han dejado de saber lo que la soberanía es. La Unión Europea es una estructura de alianzas supranacional que impone un ideal conjunto que más vale aceptar si no se quiere como poco una penalización. Por ello cada miembro tiene que aceptar el reglamento europeo. Es la idea liberal de democracia la que queda por encima de la voluntad de los Estados y de las medidas que a estos les harían llevar a cabo un rumbo que verdaderamente les beneficie en igualdad de condiciones, pues en la Unión Europea se efectúan países de primera como Alemania o Bélgica, países de segunda como España o Polonia, y países de tercera como Grecia, Portugal o Rumanía. Encontramos entonces que la Unión Europea nos lleva por unos derroteros que perjudican a la nación y la alejan de su propia soberanía, de sus acciones internas y de su política exterior. Un tutelaje claro por parte de las naciones de primera y por parte de quien sembró la semilla: Estados Unidos.

Además, si hablamos de población, un número más que sustancial de los ciudadanos de los Estados democráticos son acríticos. Su conducta social es pasiva, llena de ignorancia política y de una nula capacidad valorativa con respecto a lo que sucede en su suelo y en su entorno. El ciudadano de la democracia contemporánea no mide, no expresa, no se contraria, no critica y no analiza; pero en cambio sí defiende la democracia si esta es cuestionada o atacada. El liberalismo ha conseguido la altísima meta de que sujetos adormecidos solo actúan para defender lo que se les ha enseñado que está relacionado con su libertad social. Democracia = libertad social es lo único que merecería la pena defender. Pero estos sujetos son incapaces de contemplar los fallos naturales de la democracia, y cuando algún aspecto político de esta fracasa, no relacionan dichos fallos con el sistema, con la propia democracia, sino con las acciones concretas de la persona o del grupo en cuestión que gestiona el asunto donde se ha cometido el fallo. El triunfo de la democracia impregnada en la población de las sociedades liberales es rotundo y palpable, pues ha conseguido eximirse de sus propios fracasos sistémicos.

Cuando la democracia iguala lo inigualable y valida lo invalidable
En la democracia liberal se ha conseguido que las opiniones de las personas no documentadas valgan lo mismo que las de las personas especializadas. La palabra derecho llena las bocas de todos a todas horas y en todo momento para dejar claro que todos lo tenemos para efectuar nuestro ser en la sociedad democrática. Todo y todos quedamos igualados por el mero hecho de ser, por el mero hecho de existir. Pero esta democracia liberal, en contraposición a la ateniense, tiene por cometido llevar a cabo un proceso de deshecho de las sociedades nacionales y de las estructuras patrias. El actual presidente de España Pedro Sánchez Pérez-Castejón, en su último libro Manual de Resistencia, afirma que en la plataforma europea la soberanía de las naciones quedará atrás para dar paso a una plataforma amplia de visión cosmopolita, humana. Es la paz perpetua kantiana hecha realidad que nos borrará como sujetos enclasados, con acervo cultural y con arraigo nacional. La democracia liberal tiene como cometido igualar a los seres humanos sin tener en cuenta, por ejemplo, que la inmgración musulmana no se rige por el Derecho Romano ni por los DDHH, sino por la sharía, lo que les hace incompatibles con el modelo de sociedad externo al Islam. U opera un régimen legal u opera otro; nunca ambos a la vez. ¿Y qué planes tiene la democracia para permanecer si ocurre lo que ya está sucediendo en Reino Unido, estando los musulmanes formando organizaciones políticas y exigiendo que se aplique la sharía en la isla? ¿Cómo casa la sharía con el Derecho Romano o con el Derecho Anglosajón? ¿Cómo se defiende la democracia ante una religión que se encuentra en expansión mientras nosotros no estamos teniendo hijos?

Por su parte, moral y éticamente la democracia llena de derechos mentales las acciones de los sujetos por estrafalarias o decadentes que sean. El validar algo no provechoso tiende a la relativización de las acciones del sujeto de la sociedad democrática, lo que a su vez le aleja de la esencia lógica en el pensar y en el hacer. La democracia también valida los nuevos actos de transformación corporal en base a nuevas teorías que poco o nada han sido discutidas en el seno de la profesionalidad y ante los que nadie puede contraponerse por atentar contra los derechos de la democracia. El mundo en el que hoy vivimos es confuso, precisamente, por la validación de todo, por la igualación de todo, y por el proceso de deshecho en nuestra historia, acervo y arraigo. La democracia liberal está relacionada con la irracionalidad y con lo que en el Materialismo Político llamamos sujeto hidropónico, y nuestro deber es combatirlo todo con el estudio, la militancia, la reflexión y con su contrapartida: la racionalidad.

Fuentes:
– Bueno, Gustavo (2022) El Fundamentalismo Democrático, Editorial Pentalfa.
– Bueno, Gustavo (2020) Panfleto contra la Democracia realmente existente, Editorial Pentalfa
– Hernández, Paloma (2025) Islam y Feminismo, Editorial Sekotia
– Armesilla, Santiago (2025) Escritos de Juventud, SND Editores
– Esparza, José Javier (2023) Te voy a contar tu historia, La Esfera de los Libros
– Lilti, Antoine (2023) La Herencia de la Ilustración, Editorial Gedisa

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