Por J. Julio Cuevas Muela
“Es más importante ser español que europeo” (Gustavo Bueno en “La Nueva España”, 12 de marzo de 2000).
1.- La herencia de la “Transición” es la raíz de nuestro problema.
Para comenzar por casa, el sistema político de la Transición democrática (1) nos ha dejado un marco jurídico con respecto a la articulación territorial que ha sido el caldo de cultivo del nacionalismo fraccionario. El sistema autonómico nutre el secesionismo desde los propios párrafos de la Constitución donde se reconoce que en la nación española existen otras nacionalidades, además de la propiamente española, que parecen ajenas al propio proceso histórico de España. Cuentan con el aditivo constitucional de que cada comunidad autónoma tiene la capacidad de ampliar competencias que, a nuestro juicio, deberían ser solo competencia de un Estado central, quedando las regiones supeditadas al mismo; sin posibilidad de ningunear la decisión del Estado incidiendo en una “autonomía” que solo obstaculizaba la posibilidad de unificar fuerzas para superar una crisis sanitaria, como ejemplo reciente, que estaba liquidando a la sociedad española en su conjunto.
La aspiración del nacionalismo fraccionario, afincado en los gobiernos autonómicos, en conjunción con la Izquierda Fundamentalista (2) es disolver España en Europa a través de la idea metafísica (respaldada por el art. 2 de la CE) de la “nación de naciones” que tiene su origen en el Congreso por la Libertad de la Cultura (3), fundado en 1950 y financiado por la CIA, Fundación Rockefeller, Ford, Farfield y otras entidades privadas. Un think tank anticomunista que actuó en el viejo continente e Iberoamérica –también desde España con la permisividad de la Iglesia Católica– para la configuración de unos Estados Unidos de Europa que frenaran una supuesta invasión soviética que iba a tener lugar en Occidente y, en la nación española, poner en marcha la organización de una oposición liberal al franquismo (4). Introdujeron, a través del reconocimiento del “derecho de autodeterminación” para las regiones españolas, los debates en torno a la supuesta plurinacionalidad de España –sentaron de este modo las bases del actual Estado de las Autonomías– que encaja con la organización de Europa –que desean los eurócratas de Bruselas, como demostró Andréi Kononov o Pierre Hillard– como Estado federal de regiones cuya articulación descanse en la etnia como eje. Como dato extra, fue en el CLC donde se fermentó e impulsó la actual izquierda abertzale, que es una derecha disuelta en la izquierda, para frenar o anular cualquier atisbo de surgimiento de una izquierda que defendiera la idea de España conjugada con el socialismo realmente existente.
Por otro lado, tenemos la cuestión de la jefatura del Estado, que no está sometida a la decisión democrática, sino a la mera herencia sanguínea de una familia que sigue usurpando buena parte de la soberanía al pueblo. Los defensores de la monarquía parlamentaria inciden en que el Rey sí fue elegido democráticamente al haber sometido a voto la Constitución Española el 6 de diciembre de 1978, pero no hubo alternativa de modelo de Estado republicano, sino una monarquía metida con calzador en la Ley de Reforma Política. Es de sobra conocido el papel servil que tiene nuestro Rey, sirviendo a intereses extranjeros en detrimento de la nación española.
El propio Adolfo Suárez en una entrevista que le hizo Antena 3 en 1995 confesó —tras taparse intencionadamente el micrófono— que un referéndum sobre monarquía o república durante la transición hubiera ganado el modelo republicano, ya que en las encuestas así se reflejaba. En aquel débil contexto, por cierto, poner en duda o criticar públicamente a la monarquía borbónica estaba bien perseguido. Fue un episodio histórico que dejó unos 700 muertos entre los años 1975 y 1982; no fue un proceso político pacífico como reza el relato que tanto nos repiten. Huelga decir que estuvo tutelado por Estados Unidos para asegurar que emanara una España raquítica que no fuera un problema para los objetivos de Washington.
Con esto queremos hacer constar que, a pesar de los casos de corrupción, escándalo y situaciones bochornosas de la Casa Real, el pueblo español no tiene la posibilidad de optar por un verdadero estadista que sepa dirigir —con su equipo de gobierno— los destinos de España y velar por sus intereses políticos interiores y exteriores. Además, se le niega la oportunidad de que alguno de sus hijos tenga posibilidades de acceder a la jefatura del Estado democráticamente, sin que primen medievales “privilegios de sangre”, que en el caso borbónico también prima esa designación a dedo por Franco después de más de 40 años. Es hora de una república presidencialista donde el soberano sea el pueblo español hacia la construcción del socialismo.
2.- “Ser europeos” nos perjudicó.
Para entrar en Europa nos pusieron como condición vender todo nuestro tejido industrial, propiedad del Estado, al sector privado para basar la economía española en sector servicios, es decir, nos impusieron una terciarización económica que nos cercenaba la posibilidad de ser una fuerte potencia política y económica. Este proyecto fue impulsado por el PSOE de Felipe González en 1983 con su reconversión industrial, tomando como excusa la necesidad de innovar y renovar el proceso productivo para “aumentar su competitividad” al encontrarse el sector minero-industrial, supuestamente, en una situación de gran déficit y ruina económica (5). Concretamente, fueron los ministros de Economía e Industria, Miguel Boyer y Carlos Solchaga, quienes iniciaron este programa de vulnerabilidad económica a través de un informe llamado “El libro blanco de la reindustrialización”.
Por supuesto, eso acarreó la destrucción de casi 200.000 puestos de trabajo, afectando especialmente al sector de la siderurgia en Vascongadas, Valencia o Asturias. La clase obrera —desde las coordenadas de la lucha de clases— respondió con huelgas, protestas e incluso conflictos contra las autoridades que acabaron con muertos y heridos, como fue el caso ejemplar de los trabajadores del pueblo cántabro de Reinosa en la primavera de 1987. Un acontecimiento histórico que mostró la consecuencia del desmontaje de la industria: pauperización y una patada en la escalera de nuestra nación política gracias a la clase dominante española lacaya ejecutando las órdenes de la clase dominante eurócrata y estadounidense.
Asimismo, nuestro ingreso en lo que es hoy la Unión Europea fue un proceso donde se dio la dialéctica de clases, Estados y (post)imperios (6), generando unas condiciones óptimas para que España se doblegara ante los intereses geopolíticos de EEUU y Europa quedando supeditada a intereses que le son ajenos y además convirtiendo a sus presidentes de gobierno en meros administradores de la deuda sin sentido de Estado.
Nuestro problema —como venimos repitiendo desde hace tiempo— es la Europa realmente existente desde nuestra integración en ese club de tiburones donde no se respeta de facto el supuesto principio de trato de igualdad de unos Estados con otros, estando los más débiles —como nosotros— subordinados a los hegemónicos, que casualmente son los que gozan de una infraestructura económica e industrial superior, dictando nuestra política desde Bruselas. España y Europa, en este contexto, son dos conceptos políticos antagónicos.
3.- El denominado “soberanismo euroescéptico” o “populismo de derecha” es una estafa.
El fervor que causó la aparición del Brexit entre los autodenominados “soberanistas españoles” se convirtió casi en una aspiración de copia y pega que pretenden aplicar en España como si ambos países fuesen iguales y su posición internacional fuese similar. Lo mismo podríamos decir del fenómeno Le Pen que ha sacudido la escena francesa con un impacto que aún pervive, y que es una referencia para el europeísta socialdemócrata medio disconforme con el funcionamiento de la Europa realmente existente.
Como es costumbre, parece que algunos españoles tienen que esperar a que otros movimientos políticos del entorno europeo se formen para poder subir a un carro que es completamente ajeno a nuestra nación política. Este es el caso de los autodenominados soberanistas euroescépticos en España, dedicados a mirar con envidia a países como Reino Unido, Polonia, Hungría, Italia o Países Bajos (países alineados con la OTAN) solo porque en sus gobiernos ha subido una socialdemocracia conservadora rebelde (7) que, en algunos casos, contiene hasta hispanofobia, como es el holandés —propio de su idiosincrasia protestante— o el italiano, con un Salvini que ha mostrado su simpatía abierta hacia el nacionalismo fraccionario catalán y vasco o su declaración de afinidad entre su partido, la Liga, y el Partido Popular de Ayuso en la Comunidad de Madrid.
Nos remitiremos, básicamente, a las propias deficiencias y contradicciones de estos ante la situación internacional y su clara conexión con la ideología dominante, que es siempre la de la clase dominante: una mezcla entre la gran burguesía industrial y financiera.
3.1.- Ideas principales.
En líneas generales, no tienen en cuenta que Gran Bretaña tiene su propio espacio geopolítico (la Commonwealth) y moneda (libra esterlina) articulados con una lengua vehicular de extensión internacional y globalmente asentada como la hegemónica actualmente (el inglés) conformando la angloesfera; aspectos a los que no renunció tras su integración en la Unión Europea y que mantuvo después de su salida. Es decir, tenían unos ejes a los que agarrarse a nivel internacional, por lo tanto su salida no ha sido tan traumática. En cambio, España en un hipotético caso de salida, ¿a qué nos atendríamos? Primero vamos a esquematizar su totum revolutum pseudoideológico.
1) Europeísmo: Concepción abstracta de una idílica idea política de Europa —no hay vida al margen del continente europeo, elevado categorialmente desde coordenadas eurocentristas que opacan el resto del mundo— como un «todo» formado por las «partes» que se resume en la fórmula “Europa de las patrias” (naciones políticas) no teniendo en cuenta la Historia de España, su lengua genérica ni las cuatro ideas de Europa, repartidas en dos planos, que clasificaremos taxonómicamente (8).
1.1. Plano A (agrupa a las ideas de Europa que tratan a la Europa referencial como si fuera «parte» de un «todo» envolvente, que concede a Europa una «identidad» característica).
1.1. A. Europa I: Ideas que conciben a Europa como «parte» de un «todo» atributivo como el Género humano, que a su vez se le atribuye el papel de parte distinguida única, como, por ejemplo, única Civilización merecedora de tal categoría en todo el orbe. A esta concepción eurocéntrica se le denomina «Europa sublime».
1.1. a. Europa II: Concepción de Europa como parte de la Humanidad en un sentido distributivo. Aquí se encuentran las ideas que consideran a Europa como «una civilización», en su caso la occidental, reconociendo la existencia de sus homólogas en otros continentes (africana, oriental, etc).
1.2. Plano B (agrupa a las ideas que están relacionadas, sobre todo, con la «unidad» de Europa. Un «todo» con múltiples partes).
1.2. B. Europa III: Ideas que conciben a Europa como «totalidad atributiva» respecto de sus partes formales. La «Europa sin fronteras».
1.2. b. Europa IV: Agrupa las ideas que conciben a Europa como «totalidad distributiva» respecto de sus partes formales. La «Europa política».
2) Antiinmigración: Es el sujeto de su discurso y lo asumen a través del dualismo indefinido soberanía-inmigración como si fueran antitéticas, no marcando las particularidades de ambos conceptos que son oblicuos y que deben ser rectificados. Los inmigrantes son su chivo expiatorio para todo, no atacando a la raíz, que es el modo de producción capitalista, sus relaciones sociales de producción y su metodología vía Derechos Humanos como justificación para invadir países del Tercer Mundo a los que se les impone un modelo político homologable al occidental (9) (democracia liberal de mercado pletórico capitalista) pretendiendo que sean países extractivos de segunda donde los recursos naturales sean explotados por empresas occidentales. El imperialismo depredador (típico de las sociedades angloprotestantes, impulsoras del modo de producción capitalista) como fase superior del capitalismo junto con el efecto llamada –mercantilizado por las mafias de tráfico de personas (10)– a través de los medios de comunicación y la imagen de la opulencia occidental –homologable al american way of life– es lo que produce las inmigraciones masivas, provenientes del tan maltratado continente africano, que después aprovechan las patronales para tirar a la baja los salarios, reducir las condiciones laborales y modelar un nuevo tipo de trabajador. Una mano de obra barata de la que se aprovechan también miles de empresarios y terratenientes españoles. El ejército industrial de reserva del que nos habló Karl Marx en el libro I de su gruesa obra “El Capital”.
3) Neoconservadurismo: Está intrínseca la errónea tesis dominante de Francis Fukuyama y el Occidente capitalista del fin de las clases sociales, su lucha, las ideologías y el enfrentamiento entre Estados tras la caída de la URSS por el establecimiento a escala universal de una utopía liberal unificada basada en las democracias parlamentarias liberales y capitalistas donde ya no hay alternativa a dicho sistema establecido. No escapa tampoco el anticomunismo de rearme moral propio de la Guerra Fría –con hedor de panfleto neoliberal– que en la actualidad es un anacronismo utilizado como espantajo por la clase dominante para que prevalezcan los “valores” del económico Occidente. Es este ingrediente el que hace que asuman el relato estadounidense u occidental sobre países soberanos ejemplares como Bielorrusia, Palestina, Siria, Irán, China, Corea del Norte, Venezuela o Cuba, nutriendo la visión geopolítica de Washington.
4) Identitarismo: Se limita a su ubicación europea, disolviendo las características universalistas de la identidad hispánica y, por tanto, anulando nuestra capacidad de encontrar un eje geopolítico al margen de Bruselas. Lo reivindican negativamente al oponer dicho identitarismo al fenómeno de la inmigración, sin definir exacta y unívocamente cuáles son los componentes de dicha identidad. En la mayoría de casos tienen una concepción estática y tribal, totalmente esencialista, que la disminuye hacia particularismos hispanófobos que son opuestos a la realidad material histórica y nacional de España. Obvian lo que nos conecta con el continente africano, americano y asiático a nivel histórico, cultural y lingüístico. Sienten un profundo rechazo hacia la conexión de España con países subdesarrollados pertenecientes a los continentes arriba mencionados, a los que juzgan a través de criterios centroeuropeos y neoconservadores, llegando a coincidir con el relato geopolítico norteamericano.
5) Reformismo: Aspiran a la simple reconstrucción del Estado del Bienestar, impuesto en Europa Occidental como modelo hegemónico realmente existente; primero de la Derecha Socialista alemana a finales del S. XIX en respuesta al peligro socialdemócrata (comunista) y después como método de reconstrucción europea y muro de contención –defendido por la OTAN– en la parte occidental del continente (pacto fordista-keynessiano) a la hegemonía de la URSS durante la guerra fría. Consecuencia de la dialéctica de los imperios estadounidense y soviético que en aquel contexto se disputaban el dominio del globo. Una vez caído el Coloso de Octubre en el periodo que traza desde 1989 a 1991, el mundo capitalista empezó a implementar en sus Estados las políticas neoliberales, dejando el keynesianismo como chatarra que ya había cumplido su función en cuanto a la defensa de los intereses de la clase dominante liberal frente al polo del socialismo realmente existente. Las políticas aplicadas por Ronald Reagan en Estados Unidos y Margareth Thatcher en Reino Unido son ejemplos de esta transformación del Mundo Occidental por la caída del imperio soviético.
3.3.- Consecuencias de sus contradicciones.
Según los “soberanistas españoles”, o los populistas de derecha en general, habría que optar por la construcción de una Europa de las patrias tomando como punto de partida el propio engendro de la UE, reconfigurándola internamente. Una opción reformista ingenua que lleva anidado ese cáncer que es la ideología socialdemócrata y el europeísmo de corte alemán. Pero aquí surge un problema, ¿qué naciones? Una trampa a medio plazo. Este plan eurosoberanista es ambiguo en cuanto a la cuestión nacional. Si, por motivos que atañan a la dialéctica de Estados –unida a la de clases– reconocen por la vía de la heterodeterminación –a través de organismos como la ONU– a Cataluña o Vascongadas como naciones políticas, esto no rompe con el principio del modelo político de Europa que quieren implantar.
La conexión con la visión estadounidense de las naciones políticas que se enfrentan al tablero neoliberal es totalmente plena. Este último punto es crucial para ubicar su concepción global de países soberanos como Venezuela, Cuba o Corea del Norte (11), a los que juzga con el cuento neoliberal salido de los mass media del imperio depredador norteamericano, portando un anticomunismo de panfleto de guerra fría que no rebasa la línea propagandística y, por supuesto, no es fruto de ningún análisis. Un cuento, por cierto, que llevan utilizando los yanquis desde 1898 para justificar sus invasiones por todo el globo y la aplicación de la Doctrina Monroe, siendo su primera víctima la Cuba española. La contradicción se palpa cuando pretenden configurar un Estado —sin tener en cuenta la dialéctica, a la cual desconocen— que tendrá ciertas características igual de contrarias a los planes y programas atlantistas que los países antes mencionados, por lo que España también sería atacada con los mismos métodos de bloqueo, sanciones, limitaciones y propaganda mediática para deformar nuestra imagen a escala internacional y así justificar toda medida económica para acelerar nuestro colapso, donde tampoco se descarta la injerencia militar.
En lo geopolítico, como hemos visto, estos peleles “populistas de derecha” siempre acabarán por preferir el paraguas del binomio UE-OTAN (12) antes que el de los BRICS, el de los Países No Alineados o el Paniberismo como articulación de un Espacio Multinacional de Países de Lenguas Españolas y Portuguesa de todos los continentes, que es por lo que nosotros apostamos frente a Europa.
Me gustaría recordarles que mientras Merkel mandó en marzo de 2020 —en plena crisis del COVID 19— 125 millones de euros a Idlib (una región de Siria controlada por yihadistas), prohibió exportar mascarillas y otros materiales de protección sanitaria al resto de países europeos. Fueron naciones políticas ajenas a la Unión Europea como Rusia, China, Venezuela o Cuba las que ayudaron a España e Italia en sus puntos más críticos con el envío de personal y material sanitario, víveres, etc. Mientras tanto en la formidable Europa, con sus principios de “ayuda mutua y cooperación” y demás zarandajas, no se hacía nada por remediar la situación de urgencia que vivía su periferia, a la que ven como patio trasero y balneario de salvajes PIGS. Eso somos los perdedores de la UE para ellos. ¿Dónde está Europa? ¿Quiénes son en realidad nuestros aliados? Es evidente que tenemos que salir del engendro europeo y reafirmar nuestra intención de construir la infraestructura necesaria que nos proporcione la soberanía nacional, que debe orientarse contra el atlantismo; empezando por la propia Europa que pretende organizarse federalmente y articularse por Estados-región, donde nuestra nación política sería quirúrgicamente desmembrada. Una España federal o balcanizada en una Europa federal. Por esta razón, España tiene como primer enemigo la Europa realmente existente.
4. España y Portugal son la solución: la alternativa paniberista e iberófona.
Hay una corriente contemporánea llamada Paniberismo o Iberofonía (13), como teoría y tendencia geopolítica, geolingüística y geocultural que propugna la definición y la articulación de un Espacio Multinacional de Países de Lenguas Españolas y Portuguesa de todos los continentes que puede ser una alternativa a la treta europea y que conecta muy bien con la idiosincrasia española, aprovechando sus características lingüísticas y culturales de extensión internacional, su ubicación en contacto con Portugal y su situación geográfico-estratégica que comunica con el Atlántico, Mediterráneo, Cantábrico y Alborán, siendo el puente del continente africano e iberoamericano hacia Europa.
4.1. La lengua española y portuguesa conforman la iberofonía.
Contamos con el segundo idioma materno más hablado en todo el mundo, por detrás del chino, y teniendo la ventaja no explotada de que el mismo, junto con el portugués, son los dos únicos grandes idiomas (cuantitativamente) de alcance internacional comprensibles entre sí, constatando de este modo la afinidad sustancial que existe entre los mismos. Una comunidad de 750 millones de personas (Espacio Panibérico o de la Iberofonía), unos treinta países de todos los continentes que constituye la quinta parte de la superficie del mundo y su décima parte demográficamente. Puede articularse con un Espacio Multinacional Paniberófono y, a su vez, ser la respuesta de entonación ibérica a la globalización neoliberal y a su lengua vehicular inglesa al ser un proyecto geopolítico de alcance universal. Además, puede encajar con los países del llamado Mundo Multipolar a los que vemos como aliados objetivos y no es antagónico a las relaciones comerciales con los países europeos, a los que se les ofrecerá un trato de amistad.
4.2. La Comunidad Iberoamericana de Naciones (CIN) y la Comunidad de Pueblos de Lengua Portuguesa (CPLP) como base del proyecto paniberista e iberófono.
Existen en la actualidad plataformas postestatales que pueden ser objeto de potenciación de este proyecto paniberófono como la Comunidad Iberoamericana de Naciones (CIN), compuesto por 22 países, y la Comunidad de Pueblos de Lengua Portuguesa (CPLP), con una composición de 9 países miembro y 19 observadores. Comunidades multinacionales de base cultural que comparten el mayor porcentaje de afinidad dentro del marco internacional y en el interior del corpus de valores, miembros y objetivos generales y específicos —concertación político-diplomática, el impulso de cualquier proyecto de la lengua portuguesa y española y la cooperación en todo ámbito— como lo demuestran sus cumbres y sus constituciones estatutarias. Para la CPLP y la CIN el portugués se contempla como factor lingüístico común que actúa en las entrañas de ambas organizaciones conformando la posibilidad de una mayor proyección, en tono panibérico y universalista, que potencie el gran espacio internacional e intercontinental iberohablante donde la intercomprensión recíproca de los dos idiomas sea uno de los pilares principales; por lo que su fortalecimiento es una medida necesaria.
El factor cooperativo multilateral en esta articulación panibérica, dentro del escenario internacional, toma dos formas configurativas como método adaptativo geométrico en función de las características del país con el que se tiene la intención de aplicar una política de cooperación de cara al desarrollo.
“Una cooperación que puede ser horizontal, al facilitar el intercambio entre países de semejante grado de desarrollo de diferentes continentes, y triangular, al promover ese intercambio entre estados y sociedades de distinto nivel de desarrollo económico en América, Europa, África y Asia” (14).
Frigdiano, en su ensayo, propone varias fórmulas para la articulación del proyecto panibérico debido a la diversidad de modos que pueden aplicarse, no sin antes cimentar las herramientas para ello como proponer el acercamiento formal entre la Comunidad Iberoamericana de Naciones y la Comunidad de Pueblos de Lengua Portuguesa o, si acaso, la construcción de un espacio donde quepan la reunión de la totalidad de los países de lenguas ibéricas sin perjuicio de su ubicación geográfica. Nosotros exponemos algunas de ellas, soltadas fugazmente, que nos parecen primordiales como primer paso hacia esta construcción geopolítica:
“La materialización de esta concepción geopolítica y cooperativa podría hacerse efectiva a partir de diversos procedimientos (…) la colaboración entre las dos principales Comunidades iberófonas existentes en marcos convencionales y a través del aprovechamiento de la figura del organismo observador; la utilización y la valoración de los estatutos de país observador de la Conferencia Iberoamericana y de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa; la ampliación simple del Sistema Iberoamericano con los países iberófonos de África y Asia, o la fusión de las dos Comunidades / Organizaciones” (15).
Como propuesta para una mejor fermentación —desde nuestras coordenadas españolas— de esta alternativa geopolítica, España, como principal generador del Sistema Iberoamericano que representa la mayor, y más extensa, comunidad multinacional de la iberofonía —la Comunidad Iberoamericana de Naciones— debe finalizar el proceso de formación interna que ponga las columnas básicas para la total consolidación de dicho organismo internacional a efectos prácticos, sobre todo en lo tocante al peso específico de la nación española en cuestiones, por un lado, iberoamericanas —desde donde se nos mira, especialmente países como Venezuela o Bolivia, como un mero súbdito de EEUU y un medio para la expansión de la Doctrina Monroe, con la añadidura de una visión negrolegendaria de la conquista de América que es el soporte de su resistencia antiimperialista— que conlleva una mayor implicación política y económica dentro de las relaciones internacionales y, por otro, referidas al Sáhara Occidental (República Árabe Saharaui Democrática) que sigue en un estado de limbo internacional al no habérsele aplicado el derecho de heterodeterminación para su reconocimiento como nación política soberana de pleno derecho con representación en organismos de corte postestatal y la devolución de gran parte de su territorio. Tenemos una deuda histórica con dicho territorio, agredido continuamente por Marruecos desde 1963 —motivado por las pretensiones de ampliación territorial—, y olvidado por nuestras instituciones, a pesar de haber sido una provincia española que se dejó a merced de las pretensiones expansionistas del régimen dictatorial marroquí.
4.3. Expansión de la idea geopolítica panibérica.
Es de suma importancia la organización social con medios de carácter civil para la promoción de unas determinadas ideas cuya pretensión es influir en cualquier parte del cuerpo de la sociedad política para su materialización en la misma estructura política de un país dado. Aquí toma fuerza el sentido de comunidad de un grupo de personas cuyo objetivo es la transformación política de su nación para la mejora de la misma, desbordando también —en el caso que nos compete— los límites geográficos peninsulares para su interconexión cooperativa en el campo internacional con una Comunidad multinacional destinada al establecimiento de una alternativa geopolítica que refuerce nuestra presencia iberófona en el mundo frente a la actual hegemonía anglosajona.
Existen organizaciones actualmente que promueven las ideas, el reconocimiento y la necesaria articulación de una plataforma internacional que integre la composición sintetizadora de los países de lenguas española y portuguesa para la construcción férrea de un Espacio Multinacional Panibérico. Su orientación está encaminada a remachar, con estas ideas, en la geopolítica existente u oficial de todas y cada uno de las naciones políticas existentes, es decir, lo que Álvarez Prados apunta como “fuerzas transnacionales”. Entre ellas queremos mencionar ISDIBER-Instituto de Estudios Panibéricos, la Confederación Iberoamericana de Fundaciones (CIF), la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas (APAO) o la Sociedad Paniberista Iberófona Española (SPIE). Esta última fue creada para la exposición y difusión de las ideas paniberistas para la construcción de dicho plan geopolítico y consiguió que fructificara el acercamiento a países como la República Árabe Saharaui Democrática, Bolivia o Nicaragua, consiguiendo la creación de entidades similares en dichos países como la Sociedad Ibero-Saharaui (SIS), la Sociedad Paniberista Boliviana (SPB) y la Sociedad Ibero-Africanista Nicaragüense (SIN).
5. A más Europa, menos España.
Europa, en términos políticos, es lo contrario a la existencia no solo de la nación política española tal y como la conocemos, sino de cualquier plan geopolítico basado en las lenguas ibéricas nacionales solapadas con una interconexión geocultural que nos eleve a una posición económico-política similar o superior al mundo anglogermánico. Todo lo que impida el establecimiento de una articulación geopolítica basada en la idiosincrasia española —en conexión con la portuguesa— es el enemigo de nuestra soberanía, ya sea una organización o un conjunto de ideas. Y entre estas dos, por supuesto, se incluye el europeísmo de cualquier tipo de configuración; ya sea liberal-keynessiano o etnicista-regional, siendo ambos fácil de conjugar en un modelo híbrido.
Salir de la Unión Europea es el primer rasgo a conseguir para reconfigurar la soberanía española e incorporarnos en un tablero internacional donde debemos tomar partida. La iberofonía debe escribir de nuevo la Historia con su protagonismo a escala planetaria. Ya estamos hartos de “ser europeos”. Europa es el problema, el paniberismo la solución.
ANOTACIONES.
[1] Un eufemismo para no hablar de ruptura con el régimen franquista, siendo el Régimen de 1978 su metamorfosis.
[2] Tercera acepción de la Izquierda Indefinida (aquella que no se define a través de los planes y programas del Estado como parámetro, sino por lo meramente sociológico y ético. Podemos es el mejor ejemplo de Izquierda Indefinida Fundamentalista. Es una híbrido entre la Divagante (intelectuales y artistas) y la Extravagante (ONG, movimientos antiglobalización, movimientos feministas..) según la categorización de Gustavo Bueno en “El mito de la izquierda”, Ed. B, 2006.
[3] Para más información véase Iván Vélez “Nuestro hombre en la CIA”, Ed. Encuentro, 2020.
[4] Donde se encontraban exfalangistas como Dionisio Ridruejo o Laín Entralgo, nacionalistas catalanes como Mariano Manent Cisa, nacionalistas vascos como Alberto de Onaindía Zuloaga, trotkistas como Julián Gorkin y liberales como Salvador de Madariaga, entre otras muchas personalidades destacadas de las letras y la política mayoritariamente.
[5] Esta excusa es la que están usando actualmente para llevar nuestro sistema de pensiones al modelo chileno: privatización.
[6] Motor de la Historia. Es un proceso único que no puede cogerse por separado como si fuera una totalidad distributiva donde las partes se muestran independientes entre sí en su participación en el todo. Si no hay conflicto no hay dialéctica, y esta es única. La negación de su existencia es la negación misma de la realidad, y por lo tanto propio de sujetos que han asumido el relato de “El fin de la Historia y el último hombre” de Francis Fukuyama, autor de cabecera de la Administración Bush.
[7] A la que un periodista etiquetó de “iliberal”, como si tal categoría tuviese contenido. Es un eufemismo de bajo coste para unos partidos que siguen estando en plena conexión con la ideología dominante.
[8] Tabla desarrollada por Gustavo Bueno en “España no es un mito”, Ed. Temas de Hoy, 2005. Aquí utilizaremos los conceptos de distinción totalidad atributiva (aquella en la cual las «partes» mantienen su relación con el «todo» de forma mediata ) y totalidad distributiva (cuando las «partes» se encuentran independientes entre sí en su participación en el «todo»).
[9] Formado por Europa, EE.UU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. En sentido más amplio podríamos incluir también Israel.
[10] Libia, desde que Gadafi fue derrocado y asesinado en 2011 por el Consejo Nacional de Transición con apoyo militar de la OTAN y grupos yihadistas, se convirtió en el punto desde donde parte en África hacia Europa casi todo el tráfico de personas, incluidas mujeres menores de edad forzadas a la prostitución. Además, Trípoli actualmente es un Estado fallido donde aún operan grupos terroristas. Todo esto con la connivencia del gobierno y el inmaculado “Mundo Libre” representado por EEUU.
[11] Estos países difieren políticamente entre sí, pues hablamos de sociedades políticas diferentes, pero objetivamente representan la defensa de la soberanía frente a la globalización capitalista.
[12] Algo que recuerda a los grupos neofascistas amamantados por la Red Gladio de la OTAN, aprovechando su pulso anticomunista, para perpetrar acciones terroristas contra los partidos de izquierda europeos.
[13] Su pionero es el español Frigdiano Álvaro Durántez Prados, con un colosal ensayo al respecto donde traza todo su armatoste teórico en cuanto a esta articulación geopolítica, llamado “Iberofonía y Paniberismo. Definición y articulación del Mundo Ibérico”, Ed. Última Línea (2018).
[14] Frigdiano Álvaro Durántez Prados, “Iberofonía y Paniberismo. Definición y articulación del Mundo Ibérico”, Ed. Última Línea, 2018, pg. 180.
[15] Ídem, nota al pie de la página 181.