Por Jose Julio Cuevas Muela, director de la revista
A veces los medios de comunicación y los caprichos estrechos de los académicos hacen de los conceptos pertenecientes a las ciencias políticas un área exclusiva o términos tomados desde coordenadas simplonas. Esto es quizá lo que le pasa a la geopolítica que, como les duele a muchos voceros, cacatúas y militares anglófilos, se hizo popular en España gracias al coronel y geopolítico Pedro Baños Bajo (@geoestratego) y su libro “Así se domina el mundo. Desvelando las claves del poder mundial” publicado el 14 de noviembre de 2017. El coronel, precisamente, redactó el libro de una forma divulgativa para que, a su vez, fuese una lectura instructiva que le sirviera a los trabajadores para saber ver y leer las noticias desde el prisma global que supone el análisis geopolítico. Esto es de suma importancia pues no todas las personas de las capas populares de la sociedad política española tienen los conocimientos o el tiempo necesario para zambullirse en las líneas —a veces redundantes, simplonas, superficiales o vacuas, llenas de contradicciones terminológicas— de los academicistas patrios, o hurgar en los clásicos fundadores de las diferentes escuelas de geopolítica inglesa, alemana, norteamericana o española, como Halford J. Mackinder (1861-1947), Karl Haushofer (1869-1946), Friedrich Ratzel (1844-1904), Alfred T. Mahan (1840-1914) y Jaume Vicens Vives (1910-1960). Algo así como señores cuyas teorías siguen sirviendo de base para muchas estrategias geopolíticas o geoestrategias de las academias militares y los teóricos y asesores en estas cosas.
- Las teorías de los clásicos académicos siguen dando la vara.
Por ejemplo, y sin agobiar, EEUU y Gran Bretaña siguen temiendo la teoría del Heartland o Corazón de la Tierra creada por ese señor de la Escuela Inglesa que he señalado antes, Mackinder. Bien, este anglosajón creía que la zona compuesta por la región central y norte de Eurasia, Alemania, los Balcanes y el área del mar Báltico hasta Suecia, era la zona más estratégica del mundo y la que más recursos naturales poseía. De ahí que le llame el Corazón de la Tierra, aunque sabemos que los ingleses no tienen ninguna de las dos. Fallo mío, sí tienen tierra —la suya y las robadas, ¡Gibraltar Español! ¡Malvinas Argentinas!—, lo que no tiene es gastronomía propia —no, el fish and chips no es ni suyo, sino que proviene de judíos sefardíes españoles y portugueses—, aunque luego hablamos de su obsesión por la división —nada que ver con matemáticas, ¿o sí?
Volviendo a la teoría geopolítica de Mackinder, esta zona podría suponer un peligro para la estabilidad de la geopolítica británica basada en la fuerza naval, empezando por suponer una derrota para la poderosa marina de la que depende la Corona inglesa —porque recordemos que aquello es una isla donde todo le viene por mar, y sin eso no puede llegarles nada, incluida la comida, ¿os he dicho ya que abogo por un bloqueo contra la isla británica como llevan haciendo sus compadres norteamericanos desde hace más de sesenta años contra Cuba en nombre de nosequé gaita democrática y derechohumanista? Olvídelo. Así pues, Mackinder —que era un máquina—, afirmó en correlación a esta teoría que, quien dominase Europa del Este, dominaría el Corazón de la Tierra, y quien lo dominase, dominaría la Isla Mundial —área compuesta por Asia, Europa y África—, y quien dominara la Isla Mundial, dominará el Mundo entero.
Por este motivo, al final de la Primera Guerra Mundial, Mackinder influyó en el Congreso de Versalles de 1918 para evitar una posible alianza euroasiática entre Alemania, Rusia y Japón, propuso como remedio la creación de una serie de Estados tapón o colchón que separasen a Rusia de del resto de Europa: Bielorrusia, Ucrania, Yugoslavia, Polonia y Transcaucasia. Vamos, lo que viene siendo poner piedras en el camino en forma de Estados para que no te quiten la silla más cómoda y fuerte de la reunión de vecinos.
- Pero, ¿qué narices es eso de la geopolítica?
Apoyándonos en las líneas muy bien explicadas y bastante sencillas de definición conceptual de Baños, vamos a pegar aquí qué narices es eso de geopolítica, que resuena como la rareza de una carta descartable del Trívial Púrsuit —sí, le pongo tildes, porque las tildes y cocinar con aceite de oliva, y no con mantequilla, es lo que separa a la civilización de la barbarie— que tu cuñado, el preparao, acaba escondiendo porque no quiere admitir que su máster en relaciones internacionales se lo pasó el presidente Pedro Sánchez a cambio de un móvil analógico. Al menos este no será sometido a un sistema de espionaje israelí como el Pegasus, instalado por Marruecos para hacer y deshacer a su antojo —aunque creemos que el Sr. Sánchez ya era lo suficientemente botarate, trapisondista y fantoche como para encima ser objeto de la diversión de un narco-rey que está más cercano al barrio de Chueca, a los exterminios de Pinochet y al cartel de Pablo Escobar, que al riguroso cumplimiento del Corán. Cuidado con Mohamed VI, que él sí es consciente la importancia que tiene el Estrecho de Gibraltar y la que tendrá en el futuro cuando se implemente la novedosa Ruta de la Seda Polar o Ártica de la República Popular China. Los señores dragones han echado al águila calva —no por calvinista, aunque tanto el calvinismo como el águila calva sean partes de la identidad anglosajona de EEUU. Y no, este pobre águila no es anglosajón, ¿no hemos dicho que estos por no tener, no tienen ni comida propia? Imagínese usted la historia norteamericana, que es más española que inglesa, y el plato típico inglés, es más hispano que británico, ¡chupaos esa, pérfidos protestantes!—
Al lío.
La geopolítica es un concepto compuesto por dos elementos: por un lado tenemos el prefijo geo-, que alude a tierra o territorio sobre el que se asienta la población o un país, aunque debido a los avances tecnológicos y la situación de interdependencia de esos países, dicho prefijo se refiere también a todo el globo terráqueo. Por otro lado, al prefijo le sigue una palabra que en España suena muy mal, pero que es importante para que aquí no gobierne el desorden, el caos o la descomposi… Bueno, déjelo, no me haga caso. España no es ejemplo de Estado que use la política para evitar esos males que sufre. Vamos a lo que nos interesa, que como siga intentando darle a usted una aclaración voy a acabar regalándole el libro del coronel Baños y prohibiéndole la tele, a ver si así me cree usted un poco más. Venga, prosigamos, ahora intentemos tomar algo de seriedad en la redacción que si no me riñe el director de la revista.. Como iba diciendo, la palabra que sigue al prefijo geo-, es el concepto política, que significa el ejercicio y doctrina del poder del Estado, es decir, el arte o método de gobernar una sociedad dada, por ejemplo la española.
Allanado ya el terreno, ahora procedamos a definir la geopolítica para que todos entiendan su significado. La geopolítica es una herramienta que tienen los Estados para analizar y comprender las relaciones que existen entre el territorio y el poder político, que está representado por otro Estado. Es una actividad que, como nos dice Pedro Baños, “se desarrolla con la finalidad de influir en los asuntos de la esfera internacional” y evitar ser influidos por otros países, con la intención de alcanzar un puesto de gran importancia a escala internacional . Digamos que la geopolítica es la parte teórica del asunto, el análisis que te dará una serie de claves para poder elaborar unos planes y programas políticos para lograr ser el rey de la fiesta internacional que te permitan lograr la dama más bonita del baile; que expulsen a tu enemigo de clase; el patio sea tuyo y tus calificaciones estudiantiles acaben todas en sobresaliente. Pero, ¿toda teoría no tiene su parte práctica? Por supuesto, ahí es donde entra en acción, nunca mejor dicho, la geoestrategia.
- La geo tiene estrategia y se llama geoestrategia.
Supongamos que un Estado, después de analizar todo el pifostio internacional e identificar una suerte de puntos críticos de su economía o frontera, decide tomar cartas en el asunto y atajar estas problemáticas con el mayor temple y prudencia posible, ¿ahora qué? Nada de preguntas, ahora viene la segunda parte del potaje que es la geoestrategia. Al igual que el anterior concepto, este también tiene doble composición y la primera parte está formada por el mismo prefijo geo-, pero seguida de otra palabra distinta, que es estrategia. El concepto estrategia hace alusión a una serie de procedimientos enmarcados dentro de unos planes concretos cuyos fines serán alcanzados por medio de tácticas que harán posible dicha estrategia. Es decir, desplegar un plan de acción (estrategia) enumerado con una serie de recursos que se implementarán en las acciones (tácticas) para alcanzar unos fines (objetivos). Algo así como disimular que estás sobrio (estrategia), echándote perfume y humo de tabaco (recursos), poniéndote recto, abriendo los ojos e intentar no hablar (táctica) para llegar intacto a tu casa sin que tu mujer se percate de tu tremenda borrachera (objetivos). Lo que viene siendo ser un zorro, animal muy usado por Nicolás Maquiavelo en El Príncipe para referirse a ese estadista silencioso, astuto, observador, rápido y que se adelanta a cualquier movimiento.
Muy bien, el análisis de la composición conceptual ha quedado bien desmenuzada pero, aun así, estás más perdido que un político español con un manual de ciencias políticas o un ensayo de filosofía política sin dibujitos. Es normal, acostumbrado a informarte a través de los comentarios de analfabetos crónicos en un tablón de comentarios de redes sociales, suele afectar muy gravemente. He de decirte que le hagas caso al saltalindes de Sánchez y te compres un móvil analógico, te saneará cerebralmente y con contundencia. Después de toda esta parrafada echándote la bronca, pasemos a la definición de geoestrategia, que así podrás estampársela a más de un opinólogo que suele acompañarte en tu quedada de colegas un viernes por la noche.
La geoestrategia es, precisamente, la puesta en práctica de una tesis geopolítica; pues constituye los “procedimientos, las acciones y los medios requeridos para satisfacer los fines geopolíticos” . Es, en resumen, la práctica geopolítica desplegada sobre el terreno real de las relaciones internacionales y la política real, estando ésta siempre ligada a la primera para poder desarrollarse con efectividad y corrección. Si esto no se cumple, me temo que acabará restándole razón tanto a la práctica geoestratégica como a la teoría geopolítica de la que depende. Así son las cosas. Un mal planteamiento y análisis realizado por la geopolítica puede llevar a una práctica desastrosa para con el país mismo y su sociedad política, incluyendo una erosión de las buenas relaciones que ese país pueda tener con otros de su entorno. Aquí se pone a prueba el grado de potencia que tiene un país para defender el contenido y objetivo de sus intereses sobre los demás. Fijaos si esto es importante, porque de ello depende que tú te puedas ir de vacaciones o quieras comprarte a buen precio el coche que te gusta. Si un país, debido a sus errores en los procedimientos estratégicos, acaba llevándose mal con otro, éste puede ponerle trabas de todo tipo para dificultarle acciones que en otros contextos son totalmente normales y estables.
Tenemos como ejemplo el no reconocimiento de ese país y, por lo tanto, el cierre de la frontera o las sanciones contra la compañía aérea de ese país para que sus ciudadanos no puedan hacer turismo mediante un vuelo directo, sino que tengan que hacerlo a través de otros, aumentando los costes del viaje. Pues tal y como le han hecho a Rusia, solo que en este caso las medidas perjudican más a los países de la Unión Europea que a la Federación Rusa. Al menos allí están creciendo económicamente y su juventud puede acceder a una vivienda, mientras que en los países superdemocráticos de la UE, como mucho, se puede aspirar a trabajar 12 horas al día para pagar un cuchitril de dos metros cuadrados —¡qué envidia de los zulos para secuestrados de los grupos terroristas, que además eran relativamente gratuitos!—, comer casi de prestado, no tener capacidad de ahorro y usar entre poco y casi nada un patinete eléctrico mientras piensas lo libre y feliz que eres, ¡a diferencia de esos “países autoritarios” donde lo normal es tener una familia con 27 años a la que puedes mantener y hacer prosperar! ¡Qué represión es esa, que no puedes ni decir que te sientes un portaviones de la Segunda Guerra Mundial y al día siguiente un columpio verde o un dálmata! ¿Para qué quiero prosperidad si puedo ser mi propio personaje de Elder Scroll o World of Warcraft, con las características que yo quiera, como si estuviera viviendo en un mundo para(-)lelo(s), fruto de mi subjetividad? En fin, estas cosas que pasan cuando derribas el Muro de Berlín creyendo que la libertad te la van a traer los grandes fondos de inversión capitalistas, Ronald McDonald, las transnacionales norteamericanas, la oligarquía, los partidos con el mismo amo, la OTAN y un inexistente mercado libre.
- ¿Ves? No es tan difícil.
Resulta sumamente tedioso, además de un tanto desorientador, meterse en estas lides que lo único que pueden provocar es un desinterés supino. Por esta razón es tan importante no solo hacer posible que todo el mundo pueda acceder al mundo de la geopolítica, sino además volverlo un campo atractivo para todo hijo de vecino. Para tal empresa es necesario presentarlo como lo que es, un área cuyo funcionamiento repercute directa e indirectamente en la vida de todas las personas que formamos parte de una sociedad política, en nuestro caso la española. Debido a que el mundo está inmerso en aquello que llamaron globalización; culminación de la victoria de EEUU contra la URSS tras la caída de esta en 1991 y la interconexión completa de todos los países. Este es el motivo por el cual la lengua internacional por excelencia es el inglés, dispositivo que a su vez lleva consigo la subordinación cultural por medio de hacer una relación tan directa con una parte de la idiosincrasia anglosajona. Aunque, siendo leales a nuestra historia, la primera globalización es obra de España con el descubrimiento de América en 1492 y, después, la primera vuelta al mundo comandada por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano desde 1519 a 1522. Por mucho que os digan que no, que eso de la vuelta al mundo pasó en 1872 y es cosa del personaje inglés Phileas Fog, protagonista de aquella novela del francés Julio Verne “La vuelta al mundo en 80 días”; les decís de nuestra parte que los franceses no salen airosos o triunfales ni inventándose los acontecimientos en novelas de ficción. Y si no, que se lo digan a Napoleón, cuyas tropas fueron expulsadas de España gracias a la guerrilla organizada por el pueblo español contra las fuerzas invasoras. Acontecimiento histórico que Napoleón concibió como la razón de su pérdida de autoridad en toda Europa, a pesar de concebir a España como un país oscurantista y atrasado —propio de ilustrados que se creían sus propias mentiras sobre la católica, racional y avanzada España.
Seguramente usted no sabía que la vuelta al mundo es cosa de España y no de Inglaterra o Francia, de hecho en Gran Bretaña se fomenta que quien dio la primera vuelta al mundo fue el corsario Francis Drake . Pues bien, ahora mismo usted ha sido objeto de una operación de desinformación, propia de los planes geopolíticos, ya que el ámbito cultural e informativo es un campo donde la estrategia de las potencias actúa en favor de la creación de un relato que anule por desconocimiento la identidad del remitente y se apegue a los valores e identidad de la potencia emisora. Así, la subordinación política es el siguiente paso de la subordinación cultural; un hecho geopolítico de dominación muy bien explicado por Marcelo Gullo y su teoría de la insubordinación fundante . Como dijimos, la importancia de la geopolítica es tan grande que no existe Estado que carezca de ella, a no ser que sea el caso de España o de muchos países de la Unión Europea —el basurero o brazo político-militar europeo de EEUU— que dependen de los planes geopolíticos de los ultrademocráticos EEUU, que ya bombardean países con perspectiva de género y banderas arcoíris, ¡Qué chupigay!