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Julio Anguita, Robert Fico y la paranoia rojiparda

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Antonio G. J.

Concepto

De un tiempo a esta parte se ha popularizado el término “rojipardismo” en el debate político español y varios medios de comunicación se preguntan, en la mayoría de los casos con una respuesta afirmativa, si nos encontramos ante el surgimiento de un nuevo espacio político. Como su propio nombre indica, se puede definir el rojipardismo como un movimiento político (que no una ideología) caracterizado por una defensa de posiciones izquierdistas en “lo económico”, mientras que en “lo social” mantiene posturas conservadoras.

No obstante, debemos tener en cuenta que se trata de un término despectivo, es decir, que por norma general, quien lo usa lo hace para definir a otras personas y organizaciones políticas en lugar de para definirse a sí mismo. De hecho, buena parte de quienes son tachados de rojipardos se defienden afirmando que sus críticas a ciertas posturas de la izquierda mayoritaria actual se deben en realidad a que es esta la que ha dejado de lado las posturas verdaderamente progresistas en favor del pensamiento posmoderno.

Por lo tanto, para conocer si realmente estamos ante una popularización de posturas reaccionarias o conservadoras dentro de las izquierdas, es necesario observar qué defienden las personas y organizaciones que reciben calificativos como rojipardos, izquierda conservadora o similares y qué medios de comunicación aplican dichos calificativos. En este sentido, el análisis se va a basar en aquellas personas y organizaciones calificadas de tal manera que han tenido cierto éxito, pues son las únicas verdaderamente representativas de las tendencias políticas observadas en la población.

Sahra Wagenknecht y la izquierda alemana

Esta política germana, hasta hace poco miembro del partido Die Linke (equiparable a Izquierda Unida en España) y defensora del legado de la RDA ha sido una de las primeras en cuestionar las posiciones de la izquierda actual en temas sociales.

En un principio lo hizo mostrándose contraria a la acogida masiva de refugiados por Alemania tras varios casos de agresiones sexuales por parte de los mismos, lo que le valió la crítica y la comparación con la extrema derecha por parte de varios grupos antifascistas y algunos medios de comunicación. Más tarde ha denunciando el dumping salarial que supone que los empresarios sustituyan a los trabajadores nativos por migrantes a través de la inmigración masiva y ha señalado cómo los diferentes partidos de izquierdas alemanes han usado cuestiones sociales (como el multiculturalismo, el feminismo, la defensa del colectivo LGBT…) para tapar las concesiones económicas que han hecho al capitalismo. En 2021 escribe un libro titulado “Los moralistas” en el que recoge las mencionadas críticas y explica cómo esta forma de actuar de la izquierda actual hace que la clase trabajadora pierda la confianza en aquella y da lugar a una mayor abstención en el mejor de los casos, o a un apoyo a opciones reaccionarias en el peor. Como solución a este problema, en el libro apuesta por una vuelta al eje capital-trabajo y una democracia más participativa que mantenga a raya a las grandes corporaciones.

Además, se ha mostrado crítica con la posición de Alemania y de la Unión Europea ante el conflicto entre Rusia y Ucrania y ha abogado por una salida negociada del mismo, lo que le ha valido el ataque de los grandes medios de comunicación alemanes y la comparación con la extrema derecha.

No obstante, no nos encontramos ante una política conservadora en el ámbito social, como se ha demostrado en varias ocasiones. En primer lugar, defendió el matrimonio entre personas del mismo sexo, que no era legal en Alemania hasta 2017 y al que se opusieron la derecha y la extrema derecha. Por otra parte, ha denunciado en múltiples ocasiones la función de la extrema derecha como perpetuadora del neoliberalismo al dirigir la frustración de los desfavorecidos en lugar de hacia los verdaderos responsables de sus problemas. Además, como hemos visto, su crítica a la inmigración no se basa en el odio a las personas migrantes, sino a las consecuencias que tiene sobre la clase trabajadora. Por último, como se ha indicado antes, su crítica a las políticas que se centran en el feminismo, el colectivo LGBT u otros movimientos no se dirigen contra estos, sino contra la incapacidad de las izquierdas alemanas en el ámbito económico.

Debido a estas diferencias con Die Linke, Wagenknecht y varios diputados más de su partido fundaron la “Alianza Sahra Wagenknecht – Por la Razón y la Justicia”, partido con el que piensan defender estas posiciones y que tiene, según las encuestas, bastantes posibilidades de obtener representación tanto en las elecciones europeas, como en las diferentes instituciones alemanas.

En cuanto al tratamiento mediático que ha acompañado a esta políticas por parte de los medios españoles destaca una falta de interés del oligopolio mediático (El País, El ABC o El Mundo) que evitan dar espacios a cualquiera que se oponga al neoliberalismo y se limitan a definirla como comunista, pro-rusa y populista. Por otra parte, los medios que le prestan más atención son los digitales de izquierdas como elDiario.es, El Salto o Ctxt y lo hacen precisamente para aplicarle el término de rojiparda y de izquierda conservadora.

Mette Frederiksen y la socialdemocracia danesa

El Partido Socialdemócrata, que gobierna actualmente en Dinamarca, también ha generado polémica debido a su postura en materia migratoria, más estricta que la de sus compañeros socialdemócratas del resto de la Unión Europea. En este caso, nos encontramos con un partido mucho más moderado que el de Sahra Wagenknecht, pues no propone una ruptura con el capitalismo, sino una política socialdemócrata clásica que, por lo general, defiende posiciones progresistas en materia social.

Las comparaciones con la extrema derecha, tanto por parte de medios nacionales como internacionales, comienzan en 2015 tras la llegada de Mette Frederiksen al liderazgo del partido, bajo cuya dirección los socialdemócratas defendieron medidas como la limitación del uso del burka o priorizar la repatriación de inmigrantes a la integración de los mismos en la sociedad danesa.

Este partido ganó las elecciones de 2019 y Mette Frederiksen se convirtió en primera ministra, recuperando en estos comicios muchos votos que la socialdemocracia había perdido frente a la extrema derecha precisamente por sus posiciones previas en política migratoria. Entre las medidas que han llevado a cabo destacan algunas como endurecer los requisitos lingüísticos para conceder la nacionalidad o restringir las posibilidades de reunión familiar.

Como en el caso anterior, su oposición a la inmigración masiva no se debe a un odio al inmigrante, sino a una protección de la clase trabajadora frente al dumping salarial. Por otra parte, Frederiksen ha mantenido políticas normalmente asociadas a la izquierda como la defensa de los derechos del colectivo LGBT o la transición ecológica, si bien ha ligado esta última al mantenimiento de un alto nivel de empleo y bienestar social. Es por eso que no podemos hablar tampoco en este caso de una política conservadora.

En este caso, el tratamiento que reciben los socialdemócratas daneses por parte del oligopolio mediático es más favorecedor que el de Wagenknecht, debido a su menor confrontación con los poderes económicos. En cuanto a los medios progresistas, muestran menos atención que en el caso anterior, sin embargo se mantiene la comparación con la extrema derecha en el asunto migratorio y se les aplican términos como xenofobia o social-chovinismo.

Robert Fico y la socialdemocracia eslovaca

Caso especial es el de Robert Fico, primer ministro eslovaco, y su partido “Smer-sociálna demokracia”, que en español se traduce como “Dirección-socialdemocracia”. Este partido, fundado por el mismo Fico en 1999 ha sido definido por medios eslovacos y extranjeros como nacionalista de izquierdas, populista, conservador en lo social y rusófilo, lo cual no es extraño entre las organizaciones sucesoras de los extintos partidos comunistas del Bloque del Este. No obstante, mientras que la norma general es que los partidos socialdemócratas de estos países se parezcan cada vez más a la socialdemocracia europea, este partido ha profundizado en las mencionadas posiciones.

Las posiciones de este partido en materia económica no desentonan de las mantenidas por la socialdemocracia, como la defensa de los servicios estatales, la subida de los salarios o la redistribución de la riqueza. Además, Eslovaquia es una de las zonas del antiguo Bloque del Este en las que existe más nostalgia por la época socialista, por lo que Fico (que fue miembro del Partido Comunista de Checoslovaquia hasta la restauración del capitalismo) se ha mostrado contrario en varias ocasiones a la leyenda negra sobre el socialismo.

No obstante, en materia social sus posiciones distan mucho de las del resto de la izquierda y podrían ser tildadas de reaccionarias. En 2016 afirmó que “ni un solo musulmán” entraría en Eslovaquia y que los terroristas del ISIS estaban entrando en Europa disfrazados de refugiados. En relación al colectivo LGBT, Fico ha calificado de perversión la adopción de niños por parte de homosexuales y modificó la constitución para impedir una posible legalizcaión del matrimonio entre personas del mismo sexo, además, Smer votó a favor de prohibir el uso de banderas arcoiris en edificios oficiales. A esto hay que sumarle el rechazo a la ratificación del Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica y el hecho de que varios diputados de Smer votaron a favor de una proposición de ley que buscaba dificultar el acceso al aborto. Además, Fico ha criticado a las minorías checa, polaca y húngara que viven en el país afirmando que piden demasiados derechos.

En 2006 Smer formó un gobierno de coalición con el Partido Nacional Eslovaco (SNS), un partido de extrema derecha que, entre otras cosas, defiende la rehabilitación del dictador y colaboracionista nazi Jozef Tiso. Debido a esta coalición, el Partido de los Socialistas Europeos expulsaron a Smer de su grupo parlamentario europeo, si bien lo readmitieron en 2008 ya que tanto Smer como el SNS se comprometieron a defender los derechos de las minorías antes mencionadas. No obstante, a finales de 2023 Smer fue expulsado otra vez por mantener una posición supuestamente pro-rusa, pues el partido ha denunciado en varias ocasiones que el conflicto entre Rusia y Ucrania se trata de una guerra proxy entre EEUU y Rusia y que Ucrania está gobernada por neo-nazis.

El tratamiento mediático de Fico se asemeja más al otorgado a Wagenknecht que a Frederiksen, pues el oligopolio mediático ha mostrado rechazo al primer ministro eslovaco en su condición de pro-ruso y nostálgico del comunismo. Los medios de izquierdas, más concretamente elDiario.es y Público, definen a Fico como socialdemócrata, populista, anti-inmigración y “amigo de Orbán”, adjetivos que encajan, y no sin razón, con la descripción de un rojipardo.

El rojipardismo en España

En nuestro país, las asimilaciones de la izquierda con las posiciones conservadoras se popularizaron en 2017 con el inicio del procés y se dirigieron contra aquellos que se oponían al nacionalismo catalán. Esto se debe a que es posición hegemónica dentro de la izquierda defender la plurinacionalidad del estado y, por tanto, se asume que cualquier defensa de la idea de nación española es una asunción de posiciones derechistas. El principal ejemplo fue el caso de Paco Frutos, ex-dirigente del Partido Comunista de España que fue reprobado públicamente e irónicamente tachado de chovinismo español por el que fue su partido debido a su asistencia a una manifestación en contra del nacionalismo catalán, que a ojos de buena parte de la izquierda patria no es tan malo como el español.

No obstante, el término rojipardo encuentra su espacio en la discusión pública española un año más tarde, en 2018, cuando elDiario.es, posiblemente el diario de izquierdas más importante de España, se preguntaba si el histórico dirigente comunista y referencia de varias generaciones de izquierdistas españoles Julio Anguita era rojipardo. Esta cuestión se debe a su apoyo a unas medidas económicas llevada a cabo por el gobierno italiano liderado por el populista (en su sentido literal, no despectivo) Movimiento 5 Estrellas y por el partido reaccionario Lega cuyo propósito era reducir la temporalidad laboral, prohibir la publicidad de casas de apuestas y desincentivar las deslocalizaciones.

El propio Anguita ha sido comparado con la extrema derecha en ocasiones posteriores, una de ellas por el mismo diario, por decir que España no puede acoger a millones de inmigrantes. Además, el califa ha criticado al PSOE en varias ocasiones precisamente por usar las políticas feministas y a favor del colectivo LGBT para tapar su sumisión a las políticas de austeridad impuestas desde Bruselas, que fue el motivo real por el que este partido cayó en desgracia durante los años posteriores a la crisis de 2008. No obstante, la indudable referencialidad de Anguita dentro de la izquierda española hizo que no se atrevieran a repudiarlo de la misma manera que se hizo con Frutos, el cual no fue “rehabilitado” en su condición de militante comunista hasta su muerte.

Estas experiencias nos indican que la tendencia de la izquierda hegemónica en España, de la que por coherencia excluimos al PSOE y sus medios afines, consistente en considerar como ajenas o “derechizadas” a otras izquierdas que no comulgan con ella en todos sus postulados. A pesar de esto, Anguita y Frutos, al ser miembros históricos de esta izquierda estuvieron protegidos (uno más que el otro) de la exclusión, pero hay más casos como estos en España.

Quizás el mejor ejemplo de esta lógica se recoge en un artículo publicado en Ctxt bajo el nombre “Neorrancios sin fronteras”. En este artículo se habla de los rojipardos españoles y se les define, no sólo como conservadores, xenófobos o reaccionarios, sino como un caso de “quintacolumnismo criptofalangista” dentro de la izquierda.

Ante una acusación tan grave, cabe esperar un análisis profundo de quienes son estos rojipardos y los motivos para calificarlos de tal manera. No obstante, la realidad es otra muy distinta y en su lugar el autor engloba bajo el mismo paraguas a figuras tan dispares como Daniel Bernabé (cercano al PCE y a las grandes figuras de la izquierda hegemónica como Pablo Iglesias y cuyas diferencias con estos se circunscriben a una crítica, que no un rechazo, a movimientos sociales como el feminismo, el movimiento por los derechos del colectivo LGBT o el animalismo), Guillermo del Valle (que a las críticas hechas por Bernabé, añade su oposición a los nacionalismos periféricos) y Roberto Vaquero (que viene de la militancia hoxhaista y en la actualidad lidera el Frente Obrero, un partido cuyo activismo se limita casi exclusivamente a criticar la inmigración, a los progres y a los sindicatos mayoritarios, haciendo su discurso casi indistinguible del de grupos de extrema derecha como Hacer Nación).

Lo cierto es que, dejando de lado lo estúpido que pueda parececr este artículo, tiene una utilidad práctica para aquellos que no soportan ver sus ideas cuestionadas y no quieren perder su hegemonía dentro de la izquierda. Su funcionamiento es simple, consiste en arrojar a todo el que critique las posiciones actualmente mayoritarias de la izquierda en el ámbito de “lo social” el calificativo de “criptofalangista” y compararlos con un rojipardo de manual como Roberto Vaquero, para que así las personas de izquierdas rechacen cualquier debate sobre estos asuntos.

Conclusión

Tras analizar varios casos de supuesto rojipardismo, podemos sacar varias conclusiones. La primera es que, a diferencia de lo que defienden algunos medios de comunicación, no estamos realmente ante la popularización de posturas reaccionarias dentro de la izquierda, que puede haber ocurrido en algunos casos como el del Frente Obrero, sino ante una crítica hecha desde dentro de la misma a ciertas posiciones que no conducen al progreso social, sino que lo alejan.

La segunda es que este término ha sido vaciado de significado, pues sirve tanto para describir a personas como Fico que realmente lo son, como a una figura de la talla de Julio Anguita cuya motivación siempre fue construir una sociedad socialista más justa y más libre.

En tercer lugar, este vacío de significado ha sido causado por quienes mantienen las posturas actualmente dominantes de la izquierda en el campo de “lo social” para atacar a quienes les están disputando la hegemonía. Y en cuarto lugar, esta agresividad ante los que quieren abrir debates se debe a que cada vez hay más gente dentro de la izquierda que se da cuenta de que no toda posición que se presente como progresista realmente lo es.

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