Por Jesús M.
En este artículo haremos una comparativa basada en una vista genérica, sobre los principales focos de producción, industria y comercio en España. A fin de comprobar el ya anteriormente comentado, abandono de nuestra capacidades productivas efectivas, como industria energética, industrias pesadas o de alta dotación tecnológica, en detrimento del sector servicios, la consecuente precarización laboral y la pérdida de competitividad como estado y nación. Y es que en otros artículos recientes hemos hablado sobre la sumisión española en innumerables situaciones y hemos incidido en ocasiones en la económica. Pues bien, este artículo viene a aportar los datos suficientes y a escala macro, para justificar nuestra posición en torno a cuestiones relativas a soberanía nacional en la UE, competitividad y capacidad económicas decadentes, o motivos de precarización laboral de los trabajadores de nuestro país.
Comenzaremos analizando el índice de producción industrial, el cual registra la evolución mensual de la actividad productiva de las ramas industriales, es decir, industrias extractivas, manufactureras y de producción, así como producción y distribución de energía eléctrica, agua y gas.
Aunque es un dato tendente a la baja en el caso español de las últimas décadas, nos ceñiremos a aportar los datos de los dos últimos años, fijándonos en la variante corregida de efectos estacionales. Y se hace fácil comprobar como en el último año el IPI no ha conseguido en general un alza estable, sino que en el mejor de los casos en febrero del 2024 nos encontrábamos exactamente igual que el año anterior, pero si comparamos con el intento de crecimiento del año anterior, ni siquiera hemos conseguido mantenerlo. Esto podría deberse a innumerables factores, pero principalmente podríamos tener en cuenta el incremento de precios de productos indispensables para la producción, como luz eléctrica o carburantes, a raíz del conflicto ruso-ucraniano.
Por sectores, y en índices corregidos de efectos estacionales y de calendario, Bienes de consumo no duradero (3,7%) presentó la mayor tasa anual. Por el contrario, Bienes de consumo duradero (-4,2%) registró la menor cifra.
Si lo analizamos por tasa evolutiva seguramente se haga más comprensible a la vista de la siguiente gráfica:
Por sectores, todos presentaron tasas negativas. Los mayores descensos se dieron en Bienes de equipo y Energía (ambos con una variación del -1,6%).
Además, el análisis comparativo entre comunidades autónomas no arroja más confianza, ya que todas tuvieron índices negativos en su tasa evolutiva. Estando la media nacional en un -11.3%.
Nos referimos con este índice a la cantidad de negocios o empresas presentes en la industria, debemos tener en cuenta que lo que observamos incluye desde la creación o destrucción de empresas a la llegada o salida de ellas, y que aunque se trata de un dato orientativo para ver la calidad de los sectores, no debemos olvidar que el crecimiento o decrecimiento de negocios no relaciona directamente el impacto de estos beneficios sobre los trabajadores, ya que habría que sectorizar empresas nacionales de extranjeras, o las que ofrecen contratos temporales o cíclicos frente a fijos, cuestión que no trataremos en este momento por no hacer excesivamente largo el análisis y porque se aleja de las principales cuestiones que queremos tratar.
En este caso comprobamos que las circunstancias no mejoran, ya que aunque en febrero del 2024 no hemos experimentado decrecimiento como tal respecto al mes anterior, si vemos una tendencia al decaimiento de la cifra de negocios desde febrero del 2022 con una tasa del 19,6% respecto a un 0,5% del mismo mes del año actual.
Por otro lado, si observamos el destino geográfico de las ventas del global de negocios vemos que la tasa anual del presente año nos señala la mayoría de estas en el mercado nacional, en detrimento del mercado europeo y no europeo. Vemos que en este sentido la previsión tampoco mejora, que la capacidad o atractivo de creación de negocio disminuye, acompañando inevitablemente, la evolución de producción industrial.
Para este análisis nos ceñiremos al último censo agrario publicado del año 2020, y comenzaremos con el dato de que el sector agrícola supone un 2,4% del PIB de nuestra economía y un 1,2 de la europea. Vemos que el número de explotaciones agrícolas fue de 914.871 en 2020, un 7,6% menos que en el censo de 2009. Por otra parte, la superficie agrícola utilizada total aumentó un 0,7% en relación al año 2009, llegando a alcanzar los 23,9 millones de hectáreas. En lo que se refiere a la superficie media por explotación fue de un total de 26,37 hectáreas, con un aumento del 7,4%.
A esto hay que añadir que la agricultura y ganadería españolas se encuentran muy lejos de estar modernizadas o de recibir una alta dotación tecnológica que potencie su efectividad y capacidad. En este sentido las políticas de la PAC han sido conflictivas y contradictorias, no premiando la intensificación y explotación del terreno, si no que tampoco han blindado la seguridad de los mercados agroganaderos, asegurando unos precios más allá de la subsistencia para los productores.
Por tanto podemos concluir a grandes rasgos que la agricultura española se encuentra estancada, con un mínimo crecimiento, de menos de un 1% en 12 años, y con una notoria caída en el número de explotaciones. Nos encontramos por tanto con otro sector, que debiendo ser fundamental, arrastra notorios problemas estructurales que no están siendo revisados y están anulando nuestra capacidad y competitividad, en un entorno europeo saturado además de políticas para los socios internos, que sorpresivamente no se aplican para socios exteriores.
En primer lugar, y con la incorporación de las estadísticas experimentales sobre viviendas turísticas en el país, vemos cómo estas habrían aumentado un 34% su precio, fruto de la elevada demanda tanto nacional como extranjera. vemos también que el gasto total de los turistas internacionales que visitaron España en marzo aumentó un 29,7% y alcanzó los 8.652 millones de euros. El gasto medio diario se incrementó un 5,4%, hasta 180 euros.
Se observa por otro lado, en lo referente a la cifra de negocios del sector servicios, como ésta ha aumentado en un 4,7%, manteniendo su tasa al alza común y corriente en la economía española de la última década. Se corrobora por tanto la tesis de que el principal sector en crecimiento en la economía española es el sector servicios, fundamentalmente en las ramas hostelera y turística.
Pue bien, y aunque se trata de un esbozo genérico y que se podrían incluir numerosos datos más, relativos a la sectorización de la industria, recursos energéticos, aguas o pesca por ejemplo, nos da el abanico necesario para comprobar que la economía española es débil, que se enfrenta a una situación de cambio y reubicación de productores y consumidores a nivel mundial con tasa decadentes en sus industrias principales, con un sector agrario atascado y lejos de modernizarse, una industria pobre y concentrada en unas pocas zonas de la península, con poca capacidad de absorción de una masa obrera profesionalizada que busca opciones fuera del país o se conforma con entornos laborales de menor calidad a su preparación en la mayoría de los casos. Teniendo como único sector creciente el sector hostelero, uno que por una parte necesita de poca formación del trabajador, y que por otra compensa mayoritariamente con salarios alejados de las necesidades del trabajador, en una economía influenciada por una inflación que no se ve acompañada por un empuje de las condiciones de vida necesarias. Se podría tratar y lo haremos, sobre los incrementos de productividad, y como estos no redundan en incrementos de la productividad del trabajo sino del capital mayoritariamente. En un marco de regulación patronal y sindical, en el que estos mismos sindicatos, controlados y regulados principalmente por partidos o asociaciones del sistema que no combaten por condiciones decentes para el trabajador, que no de subsistencia.
Nos encontramos por tanto ante una capacidad productiva no ya sólo débil sino completamente dependiente de influjos externos, y es que frente a la idea positiva del globalismo que nos han vendido hasta el día de hoy, en la cual la interdependencia de los mercados se considera el sumun del progreso económico, nos encontramos con la realidad de que, siendo ya imposible dar un paso atrás, y estando conectados como lo estamos, se torna imprescindible potenciar una estructura productiva fuerte y con capacidad de absorber y repeler los embates de los influjos externos o internos. Una estructura productiva con músculo capaz de proyectar la economía española mucho más allá de la tendencia occidental y europea. Una economía que nos otorgue las herramientas necesarias para la defensa de nuestros intereses y nuestra soberanía.