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España: Globalización, Desindustrialización y Dependencia

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por Nacho García López-Camacho

En esta publicación queremos reflexionar acerca de nuestro modelo productivo, así como de la desindustrialización y la posterior terciarización de la economía que se llevó a cabo por el PSOE de Felipe González en la década de los 80 y principios de los 90. En la España de 1975 la industria representaba el 30% del PIB debido a que desde los finales de los años 50 se había realizado una fuerte apuesta por el desarrollo industrial a través del Instituto Nacional de Industria.

Sin embargo, esta buena situación industrial tocó a su fin debido, principalmente, a la crisis del petróleo de 1973 y al aumento de los salarios fruto del movimiento obrero. Además, ante esta situación, el empresariado optó por subir los precios, provocando una espiral inflacionista que se intentó frenar con los Pactos de la Moncloa. El poco valor añadido de la producción de España ya en los años 80 provocó que se comenzara a hablar de una “reconversión industrial”, que supuestamente lograría, no sin hacer sacrificios, que la industria española fuera más moderna y competitiva en el mercado internacional. Este proceso de “reconversión” no fue realizado por la UCD sino por el PSOE cuando obtuvo la victoria en 1982, puesto que sus siglas le brindaban más legitimidad y su sindicato propio le servía como apoyo.

Esta obra fue llevada a cabo principalmente por los ministros de economía Miguel Boyer y Carlos Solchaga, que lejos de realizar una reconversión y modernización de la industria procedieron con la privatización y la liquidación de los sectores industriales, siguiendo las más duras recetas neoliberales. Esta reconversión, y esta es la parte fundamental para comprender la subordinación a la Unión Europea que denunciamos continuamente, fue la condición para que España pudiera formar parte de la Comunidad Económica Europea (CEE), obligando a nuestra nación a centrarse casi exclusivamente al sector servicios, al turismo y al ocio para evitar que España fuera competencia de otras potencias dentro de la propia CEE, con las consecuencias fatales que ello acarreó a nuestra clase obrera. Como consecuencia del paro provocado por este desmantelamiento industrial, en 1988 se convocó la mayor huelga general de la historia de España.

La desindustrialización marcó el declive de España, dejándola dependiente de la economía del ladrillo, es decir, la construcción de viviendas, como única fuente restante para generar valor añadido. Sin embargo, esta estrategia desencadenó una importante burbuja inmobiliaria que desestabilizó el sector, llevando a la quiebra de bancos y cajas de ahorro, lo que a su vez requirió rescates estatales «necesarios» y provocó despidos masivos, causando un profundo impacto en la economía. En este periodo se desperdició una oportunidad crucial de enfrentar un proceso de cambio estructural del sector productivo al caer en una autocomplacencia típica de quienes repentinamente prosperan, sin vislumbrar más allá de unas supuestas señales de éxito que el tiempo y una crisis profunda se encargaron de desmentir.

Es evidente que diversos intereses, especialmente de grandes corporaciones del sector de la construcción y financiero, hayan conspirado para mantener esta dinámica expansiva, aunque extraordinariamente cortoplacista. En este sentido, parece que las economías capitalistas están atrapadas en un dilema entre el corto y el largo plazo. El corto plazo demanda, durante los periodos de expansión, disfrutar del momento sin considerar el mañana, lo que lleva a que una gran parte de los actores económicos y sociales se sumerjan en esta supuesta bonanza, ignorando cualquier indicio que pudiera presagiar el desastre. En nuestra opinión la crisis actual subraya la urgencia de desarrollar estrategias a largo plazo que permitan realizar diagnósticos y pronósticos más precisos, anticipar cambios e implementar medidas de transformación continua, aunque esto vaya en contra de los intereses electorales del poder político o los intereses empresariales ávidos de ganancias rápidas. No será el mercado el que impulse o defina este enfoque; su diseño y ejecución deben recaer en una Política Industrial más sólida y eficaz que la aplicada en las últimas tres décadas, a nivel estatal y geopolítico, insertándonos en una plataforma económica que nos permita recuperar soberanía política e independencia económica fuera de la Unión Europea y la OTAN.

Bibliografía:

Gómez, A. P. (2011). El modelo productivo español en el período expansivo de 1997- 2007: insostenibilidad y ausencia de políticas de cambio. https://www.revistaeconomiacritica.org/index.php/rec/article/view/545 López, A. (2024, 25 febrero). España: Los orígenes de la transición y la hegemonía del PSOE.

https://rambletamble.com.ar/espana-los-origenes-de-la-transicion-y-la[1]hegemonia-del-psoe

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